Orden y libertad, de José María Aznar
Julio 2026
Julio Castillo López
Conviene decirlo desde la primera línea: Orden y libertad no es el libro de memorias que cabría esperar de un ex presidente de setenta y tantos años. No hay aquí la tentación de la autocomplacencia ni el ajuste de cuentas con la propia biografía. José María Aznar (Madrid, 1953), presidente del gobierno de España entre 1996 y 2004, ha escrito algo más incómodo y más útil: un ensayo político sobre el presente, sobre lo que él mismo llama “un cambio de era” que combina dos fenómenos simultáneos, la fractura del orden internacional surgido de la Guerra Fría y una revolución tecnológica que promete transformar la vida humana como pocas veces en la historia.
La tesis que sostiene el libro está condensada en su título y en una frase que el propio autor repite en las presentaciones: “El orden sin la libertad es garantía de despotismo y decadencia; la libertad sin el orden es el prólogo de una desintegración que se liquida de forma autoritaria”. De esa tensión —entre el orden que sofoca y la libertad que se disuelve sin cauce— nace la arquitectura de un texto dividido en bloques temáticos que van de la inteligencia artificial a la crisis demográfica, de los desafíos europeos al futuro de Hispanoamérica y al sentido de España como proyecto compartido. Lo más inesperado del libro, y quizá lo más valioso, es el espacio que Aznar dedica a la disrupción tecnológica. No hay aquí un ensayo alarmista ni un texto de divulgación superficial, sino una reflexión que toma en serio el reto del transhumanismo: “la Inteligencia Artificial y la biotecnología cambiarán nuestras vidas como nunca antes. Pero el desafío no es sólo tecnológico, es humano. Necesitamos regular sin ahogar la innovación, y recordar siempre que la dignidad de la persona es irrenunciable frente a las promesas del transhumanismo”. Aznar entiende la IA como lo que es: un instrumento que, en sus propias palabras, “está diseñado no sólo para ayudar al ser humano, sino para sustituirle”. Esa doble cara —promesa y amenaza— recorre buena parte del libro y coloca a Aznar en un terreno que pocos ex mandatarios de su generación se atreven a pisar con tanta seriedad.
El diagnóstico geopolítico es igual de lúcido. Rusia, China e Irán disputando la consolidación de un bloque mundial, la guerra de Ucrania como advertencia y no como episodio aislado, una Europa que “ha despertado de un sueño ingenuo: el comercio no garantiza la paz”. Aznar dedica páginas muy aceradas al reacomodo de Estados Unidos en la era Trump y a la pregunta que más le inquieta: si el vínculo transatlántico —que considera imprescindible— resistirá la tentación del repliegue y el aislacionismo en ambos lados del Atlántico. No es casual que uno de los cinco factores que, según el autor, definen la viabilidad de un país sea la defensa, junto con la demografía, la tecnología, la economía y la cultura; ese quinteto funciona como columna vertebral de todo el libro, incluida la discusión sobre migración, envejecimiento y populismo que atraviesa tanto a Europa como a América Latina.
Porque de populismo trata buena parte de Orden y libertad, y Aznar tiene el cuidado —poco frecuente en la tribuna política— de no situarlo únicamente en la izquierda. Advierte contra el populismo y el autoritarismo “de izquierdas o derechas” como amenazas gemelas a la democracia liberal, y en ese ejercicio de equidistancia hay algo que honra al libro: la disposición a reconocer méritos ajenos. Aznar dedica líneas de reconocimiento explícito a etapas de gobierno distintas a la suya e ideológicamente contrarias, como los años de Felipe González, en un gesto de honestidad intelectual que no siempre acompaña a los libros de política escritos por sus protagonistas.
Ese mismo talante recorre el acervo cultural que despliega el autor, que es, sin duda, uno de los atractivos mayores del libro. Aznar dialoga con pensadores y académicos de estirpes y épocas muy distintas —de la tradición clásica al liberalismo del siglo XIX, de los analistas del siglo XX a los estudiosos contemporáneos del orden internacional—, en un ejercicio que delata décadas de lecturas y no la prisa del político que dicta o le manda a alguien a escribir sus libros. A ese acervo se suman anécdotas personales, de sobremesa y de despacho, que humanizan un texto que de otro modo podría leerse como un memorando de Estado.
Para un lector latinoamericano, el capítulo dedicado a Hispanoamérica merece una mención aparte. Aznar insiste en que “la hispanidad no es un lastre: es una comunidad de lengua, historia y destino” y en que “los españoles debemos recuperar una conciencia ecuánime de nuestra obra americana”. Frente al avance del populismo y de potencias extra-regionales que buscan debilitar a nuestra región, propone construir democracias sólidas a ambos lados del Atlántico como el mejor antídoto, apoyadas en ese vínculo que el idioma vuelve casi irrenunciable.
Orden y libertad no ofrece certezas cómodas ni un recetario cerrado. Es, como el propio Aznar advierte, una reflexión abierta que invita a pensar, a debatir y, sobre todo, a actuar. En tiempos en que “todos preguntan qué va a pasar; nadie qué vamos a hacer”, este ensayo tiene el mérito de devolver la pregunta correcta a un lector, español o hispanoamericano, que necesita entender que el orden y la libertad nunca están garantizados: se defienden o se pierden.