“Cuando uno ve que en determinados países no hay una democracia plena, cuando no hay una separación de poderes, cuando desde el poder se usa el aparato represor para callar las protestas, cuando se encarcelan opositores, cuando no se respetan los derechos humanos… nosotros vemos con preocupación…”.

Cualquiera que lea o escuche la anterior frase pensaría que el presidente de Uruguay, Luis Alberto Lacalle Pou, se refería a lo que actualmente está sucediendo en México. Estas palabras, dichas en el marco de la VI Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), fueron destinadas a los gobiernos de Cuba y Nicaragua.

Sin embargo, si vemos la realidad política que hoy día vive México bien podrían aplicarse al gobierno de López Obrador, quien desde que llegó a la Presidencia de la República se ha dedicado a atentar en contra de la democracia eliminando a los organismos autónomos; manipulando a los poderes Legislativo y Judicial y amenazando a sus opositores, ya sea a través de la Unidad de Inteligencia Financiera o lo que es muy usual amedrentándolos desde sus conferencias mañaneras.

En esta ocasión nos centraremos en un caso muy particular, en el que el presidente da a conocer su opinión en la rueda de prensa matutina, poniéndole nombre y apellido a su opositor, para que sus seguidores, que vale decir son por demás violentos, se ensañen con ellos mediante las redes sociales.

El caso al que hacemos referencia es el de la senadora Lilly Téllez, quien es una abierta opositora del Jefe del Ejecutivo, y que ha manifestado en varias ocasiones sus desavenencias con él; motivo por el que el presidente no asistió a la Cámara alta para la entrega de la medalla Belisario Domínguez al señalar: “No voy a asistir porque una legisladora convocó a que me falten al respeto, ahí en el Senado… la senadora Lilly Téllez…”.

La respuesta a esta falaz declaración fue un vendaval de amenazas en contra de la senadora y de su familia. Las intimidaciones fueron desde rayar y apedrear su vehículo hasta desaparecer al hijo de la legisladora, por lo que se vio en la necesidad de solicitar apoyo a la policía cibernética para detener los ataques de cuentas de Twitter que apoyan al presidente.

Días después de los ataques, López Obrador mandó un mensaje: “Cuidadito con hacerle daño a una persona por pensar distinto. Está mal que se haga eso. Cada quien puede expresarse, podemos tener diferencias, pero sin agresiones”.

La conclusión: López Obrador es un “valentón” que arroja la piedra y luego esconde la mano. El presidente promueve la cultura de la violencia entre sus seguidores, pero cuando la situación compromete a su persona o gobierno hipócritamente los invita a no agredir a nadie que piense diferente. Como vemos, la realidad política del país no está muy lejos de lo mencionado por el presidente uruguayo.