El péndulo que se mueve: una oportunidad para la derecha en América Latina
Julio 2026
Jeraldine Pérez Mondragón
En los últimos tres años, América Latina ha vivido un cambio político profundo. Varios países han girado hacia gobiernos de derecha y centro-derecha, cansados de los modelos progresistas y populistas que terminaron en crisis económicas graves, inseguridad descontrolada y el deterioro de las instituciones democráticas. El péndulo ha oscilado otra vez. Esta vez, sin embargo, no se trata sólo de un vaivén electoral: es una oportunidad histórica para demostrar que se pueden corregir los desastres sociales, económicos y culturales que dejaron atrás proyectos como el “socialismo del siglo XXI” y la “marea rosa”, responsables de hiperinflación, escasez, corrupción y pérdida de legitimidad.
El ciclo comenzó con fuerza en 2023, cuando Javier Milei derrotó al peronismo en Argentina con un discurso antiestatista y de ajuste económico. En 2024 llegaron los triunfos de centro-derecha de Daniel Noboa en Ecuador y José Raúl Mulino en Panamá.
El 2025 marcó un punto de quiebre. En Bolivia, Rodrigo Paz, de los demócratas cristianos, ganó la segunda vuelta con el 54.96 por ciento de los votos y puso fin a casi dos décadas de hegemonía del movimiento de Evo Morales. En Chile, José Antonio Kast arrasó con el 58.2 por ciento frente a la candidata comunista Jeannette Jara (41.8), convirtiéndose en el presidente más votado de la historia del país. En Honduras, Nasry Asfura se impuso por un margen estrecho a Rixi Moncada, pese a los esfuerzos del gobierno de Xiomara Castro por torcer el resultado.
En 2026 el movimiento se consolidó. En Costa Rica, Laura Fernández ganó las elecciones de febrero con el 48.3 por ciento. En Perú, Keiko Fujimori, en su tercer intento, venció en segunda vuelta a Roberto Sánchez por un margen mínimo de entre 40,000 y 44,000 votos. Y el pasado 21 de junio en Colombia, Abelardo de la Espriella derrotó por poco a Iván Cepeda, aliado de Gustavo Petro. Si se confirma la tendencia en las elecciones de octubre en Brasil, la mayoría de los países de la región quedaría gobernada por fuerzas de centro-derecha, con México y Uruguay como las principales excepciones.
Este giro no es casual. Los fracasos de la izquierda se han vuelto demasiado evidentes. Entre 2019 y 2023, Argentina acumuló una inflación del 1.020 por ciento. En Cuba, Nicaragua y Venezuela, los regímenes han dejado a millones de personas en pobreza extrema, con libertades básicas restringidas y una persecución constante contra quienes piensan distinto.
Libros recientes ayudan a entender lo que está pasando. En La Galaxia Rosa (Sebastian Grundberger, 2024), se describe cómo los gobiernos populistas han utilizado redes transnacionales como el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla para concentrar poder, obtener financiamiento externo y erosionar los contrapesos institucionales. Esa estrategia explica, en buena medida, el hartazgo de muchos electores y su decisión de buscar alternativas. Los casos de Cuba, Nicaragua y Venezuela siguen siendo el recordatorio más crudo de lo que cuesta anteponer la ideología al bienestar de la gente.
Por otro lado, Epidemia Ultra (Franco Delle Donne, 2025) analiza el auge de una derecha radical como respuesta a la crisis de representación, la inseguridad y el estancamiento económico. Los votantes se identifican cada vez más con discursos que ponen el acento en el orden, la soberanía y la crítica al poder establecido. No es sólo un capricho: es el resultado de años de desafección ciudadana, instituciones debilitadas y la sensación de que las alternativas anteriores ya no funcionan.
Para los nuevos gobiernos de derecha y centro-derecha el reto es enorme. Tienen la oportunidad de demostrar que existe otra forma de gobernar, pero no pueden permitirse olvidar los valores esenciales: la dignidad humana, la libertad, la democracia y el Estado de derecho. De ellos depende garantizar la alternancia pacífica, combatir la corrupción con resultados reales, recuperar la seguridad y construir una economía que funcione con responsabilidad social. Para el gobierno mexicano el panorama ha cambiado por completo. Sus aliados han perdido terreno en Argentina, Chile, Colombia, Honduras y Perú. Cuba y Venezuela están más aislados y bajo mayor presión de Estados Unidos. La última pieza importante será Brasil en octubre. Mientras tanto, el avance de la derecha ya genera presiones concretas en materia de migración, seguridad fronteriza y comercio.
Este es, sobre todo, un momento de prueba para los partidos de derecha y centro-derecha. La gente está cansada de los viejos modelos y busca opciones que realmente la representen. En este contexto, vale la pena prestar atención a la brújula que ha marcado el Papa León XIV en su mensaje Magnífica Humanitas de mayo de 2026. Allí recuerda la centralidad de la dignidad humana y el principio de subsidiariedad, el Estado debe habilitar a las personas, no sustituirlas. La comunidad política, dice, existe para servir a la sociedad civil, no para absorberla. Hoy existe una oportunidad histórica. Dependerá de estos gobiernos aprovecharla o desperdiciarla. La región está observando.