Hay una forma específica de ser y actuar propia de la militancia de Acción Nacional a la que podemos llamar cultura panista. En las reflexiones sobre el sentido y significado de la cultura Jean Ladrière postulaba que ésta comprende tres sistemas: de representación, normativos y de expresión.

El término cultura es de origen latino y se vincula estrechamente, en el pensamiento de Cicerón, con la humanitas. Cultura proviene originalmente de la plástica y expresiva metáfora del cultivo de uno mismo, como si se tratara del cultivo del campo: siembra y edificación a la vez, que en Séneca se expresa como ideal de desarrollo pleno de los talentos y capacidades personales. Para los griegos, el ideal que la paideia expresaba es la del proceso de formación integral de la persona al interior de la ciudad (polis).

Retomando a Ladrière, la cultura comprende el conjunto de significados comunes que sustentan y le dan sentido a la realidad. En términos de la cultura panista, nos referimos a concepciones de base que forman el consenso fundamental en torno a la doctrina y los ideales del Partido. Estos significados comunes se refieren a la forma como se define la persona, la política, la democracia, el Estado, la sociedad, el municipio, las comunidades intermedias, el trabajo, el medio ambiente, la economía, la salud, la educación, etcétera.

La base de la cultura panista es el conocimiento cabal de los postulados básicos del Partido con respecto a las diferentes y complejas realidades que forman el fenómeno político. La formación, la paideia griega, es clave para introyectar la doctrina en las almas y mentes. Las personas que se acercan al Partido por interés en la actividad política y por sentir que hay ideas e ideales que comparten con la organización política, gradualmente se van introduciendo en la rica vida de una organización con más de 80 años de vida.

La cultura panista, desde el punto de vista de los significados comunes, o sea, de los sistemas de representación, es el resultado de comulgar con postulados fundamentales, de compartir una visión de la política, que va más allá de posiciones coyunturales superficiales. La auténtica cultura se basa en el conocimiento cabal de una historia, de una vida organizacional. El eje absoluto de la cultura en el PAN es la reverencia que se tiene por el ser humano, concebido como la única realidad valiosa y trascendente, como la culminación de todos los procesos universales.

Pero la cultura va más allá de compartir ideales, postulados, doctrina e historia, se refiere también al conjunto de normas, implícitas y explícitas que comparte una comunidad. Aquí es donde el acatamiento cabal de Estatutos y Reglamentos es sólo el primer paso para, a partir de la legalidad, compartir una serie de reglas no necesariamente escritas, pero que están grabadas históricamente en el Partido: la democracia como regla de convivencia, el diálogo como mecanismo para llegar al común entendimiento, las libertades como prerrogativas esenciales del ser humano que no deben ser conculcadas por el Estado, y la limpieza y transparencia en los procesos electorales y en la vida pública.

La dimensión de los sistemas de expresión no es otra cosa que la forma como nos relacionamos unos a otros: en el decir, pero principalmente en el hacer, encontramos la huella de la cultura panista. Es aquí donde podemos afirmar que por sus obras son conocidas las personas como parte de Acción Nacional. Es en el componente de la acción donde la cultura se expresa de forma final y consolidada. Es aquí donde los gobiernos, la militancia, las legislaturas y las administraciones públicas muestran un cariz diferente que nos obliga a decir: así gobierna y legisla el PAN.

Los griegos tenían una forma muy expresiva de referirse a la forma común de ser de una comunidad: ethos, término del que deriva “ética” y que se refiere a mucho más que comportamientos; se trata de una forma de ser característica y única, de la morada de la que nacen las obras. Así son identificados quienes integran una comunidad determinada: por la forma de hablar y principalmente de actuar.

De ahí la importancia de que el actuar sea congruente con las normas y los significados comunes, lo que es marca de identidad y destino compartido. Cuando quienes conforman una organización actúan contra sus referentes, normas y expresiones, se ubican de forma excéntrica y pueden obrar como factores de corrupción, en el entendido de que lo que se corrompe deja de ser lo que era para pasar a ser otra cosa, como bien lo estableció Aristóteles.

El gran texto sobre la identidad cultural es una obra de corte profético que data de los primeros siglos de nuestra era. El Pastor de Hermas, escrito que durante mucho tiempo fue considerado como inspirado, nos ofrece la metáfora de una torre en construcción: para lo cual se utilizan piedras sacadas de lo profundo del mar o de la tierra. “En un cuadrilátero, en efecto, se estaba construyendo la torre… Las piedras sacadas de lo profundo del mar las colocaban todas sin más en la construcción, pues estaban ya labradas y se ajustaban en su juntura con las demás piedras… De las piedras traídas de la tierra, unas las tiraban, otras las colocaban en la construcción, otras las hacían añicos y las alejaban lejos de la torre”.

La metáfora de Hermas, que se refiere a la Iglesia, se puede aplicar a otras organizaciones: las primeras piedras colocadas en la torre son las de los fundadores, las y los panistas de la primera hora, que se destacaron por su servicio y entrega, y que si bien en cuerpo ya no están con nosotros, en espíritu nos sigue guiando e iluminando. Las piedras que se sobreponen a la construcción y que encajan con las primeras, son las de quienes han dado lo mejor de su vida y talento por el Partido; es la generación siguiente a la de la fundación, llena de mártires.

Las piedras que se ponen encima de la construcción son los recién llegados, quienes para incorporarse a la construcción de la nueva organización, deben transitar por un proceso de conversión que los haga auténticos panistas; o sea, se requiere un proceso de formación que comprenda dimensiones como historia, doctrina, identidad, mística, propuestas y logros. Por último, las piedras que se alejan lejos de la torre representan a quienes de palabra u obra dañan o han dañado al Partido, y que se han distanciado intencionalmente de su cultura, de su ethos. Son estos últimos quienes asumieron que el PAN es un instrumento para realizar sus fines personales de lucro y poder, y no para la salvación de la Patria.

La cultura panista es un ethos, una forma de ser, que define esencialmente al Partido y su membresía, es una esencia que si se pierde, conlleva la corrupción, y si se relega, lleva irremediablemente a la pérdida de identidad; ahí radica su valor único y la necesidad de fomentarla y cultivarla, en el día a día.

 

Twitter: @JavierBrownC