Mujeres, territorio y futuro: el liderazgo ambiental que nace en los municipios
Julio 2026
Liza Carmona
En México, el municipio no tiene un papel simbólico, sino fundamental. El artículo 115 de la Constitución le asigna responsabilidades clave como el suministro de agua potable, el drenaje, alcantarillado y el tratamiento de aguas residuales, así como la limpieza, recolección y disposición de residuos; además, se encarga del mantenimiento de calles, parques y jardines, entre otros servicios. En pocas palabras, gran parte de la política ambiental que impacta directamente en la vida diaria de las personas se gestiona desde el ayuntamiento, no desde discursos lejanos en la capital.
Es indignante ver cómo se tiran miles de millones de pesos en megaproyectos que devastan selvas, mientras los municipios tienen que hacer malabares para pagar la luz de los pozos de agua o para que el camión de la basura pase a tiempo. Aquí no hay medias tintas: o le entramos al toro por los cuernos o nos hundimos en la negligencia del gobierno federal, quien ha decidido mirar hacia otro lado, dejando a las comunidades a su suerte frente al cambio climático y la degradación ambiental.
En ese sentido hay algo profundamente poderoso (y la mayoría de las veces invisibilizado) en la relación entre las mujeres y el medio ambiente. No es una idea romántica ni un lugar común, es una realidad documentada, medible y, sobre todo, urgente. En los municipios de México, en donde la vida cotidiana se siente más cerca (el agua que falta, la basura que se acumula, el parque que se abandona), las mujeres están sosteniendo buena parte del esfuerzo ambiental y, aun así, rara vez encabezan la conversación pública. Hablar de ecología sin perspectiva de género es pura simulación y más porque no hay casualidad. En América Latina las mujeres son responsables de aproximadamente el 67 por ciento de la gestión doméstica de recursos como agua y energía (CEPAL, 2024), esto significa que no sólo viven los problemas ambientales: los enfrentan todos los días.
La mujer como guardiana del entorno
No es casualidad que las mujeres estén en la primera línea, no es sólo un tema de roles tradicionales de género, es una cuestión de supervivencia y de visión de futuro. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU Mujeres, 2024), las mujeres y los niños tienen 14 veces más probabilidades de morir durante un desastre natural que los hombres. Esta estadística no es un número frío, es un reflejo de la vulnerabilidad a la que nos exponen cuando no hay políticas públicas locales con perspectiva de género.
¿Por qué a las mujeres les importa tanto el medio ambiente? Porque son quienes gestionan el agua en el hogar, quienes lidian con las enfermedades respiratorias de los más pequeños cuando el aire es irrespirable y quienes buscan (en mayor medida) que el parque de la esquina sea un lugar seguro y limpio para la colonia. Como señala la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2021), “la desigualdad de género y la crisis ambiental están intrínsecamente vinculadas, ya que las mujeres dependen más de los recursos naturales, pero tienen menos acceso a su control”.
Del cuidado al poder: la brecha pendiente
Continuando, aquí aparece una tensión incómoda: aunque las mujeres están al centro de la acción ambiental, siguen subrepresentadas en la toma de decisiones, sólo alrededor del 24.9 por ciento de los municipios en México son gobernados por mujeres (INEGI, Censo Nacional de Gobiernos Municipales y Demarcaciones Territoriales). ¿Qué pasaría si esa proporción fuera mayor?, ¿cambiaría la forma en que gestionamos el entorno?
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) resume que la presencia de mujeres en la toma de decisiones políticas se asocia con metas y políticas climáticas más ambiciosas. ONU Mujeres, por su lado, subraya que integrar la igualdad de género en la gobernanza climática y ambiental no es un gesto simbólico, es una condición para enfrentar riesgos que están moldeados por desigualdades previas en acceso a recursos, voz y poder. Dicho de otra manera: no se trata de poner mujeres como adorno verde en la foto, se trata de mover la aguja donde se reparte el poder local.
Matices y límites que conviene reconocer
Conviene cuidar un riesgo retórico: no presentar a las mujeres como “buenas para el medio ambiente” por esencia, casi como si trajeran un chip verde de nacimiento, esa salida suena bonita, pero empobrece el argumento. La evidencia más seria apunta a otra cosa: cuando las mujeres tienen voz, recursos, presencia institucional y espacio real de decisión, suelen aparecer prioridades más inclusivas y una lectura más fina de los impactos ambientales sobre la vida diaria. El factor clave no es la biología, es la posición social, la experiencia del cuidado y el acceso efectivo al poder. (OECD, 2022; UN Women WRD Programme, 2021).
También hay que decir, con honestidad, que la evidencia no resuelve todo, la propia OCDE y varios organismos internacionales muestran asociaciones favorables entre liderazgo femenino y mejor acción ambiental, pero no en todos los contextos se puede afirmar una causalidad simple. Hay municipios con mujeres en cargos de elección que siguen atrapados por falta de presupuesto, burocracias débiles, clientelismo, violencia política o servicios colapsados. Los datos municipales de residuos y agua en México dejan ver justo eso: el liderazgo importa, pero no reemplaza infraestructura, financiamiento, personal técnico ni reglas claras. (OECD, 2022; INEGI, 2025a, 2025b).
Finalmente, la realidad es clara: el centralismo concentra recursos y desplaza responsabilidades hacia lo local, exigiendo resistencia sin garantizar capacidades. Sin embargo, cuando las instituciones fallan, las comunidades se organizan y son las mujeres (desde el ámbito municipal) quienes sostienen y transforman la respuesta ambiental. De ahí la urgencia de fortalecer a los gobiernos locales no sólo como primera línea de contención, sino como verdaderos escudos frente a la crisis ambiental, con mayor participación, recursos y poder de decisión para quienes ya están haciendo el trabajo.