Por Consuelo Sáizar. El Partido Acción Nacional fue creado por abogados, profesores universitarios, escritores, intelectuales, filósofos, ingenieros… Los intereses teóricos de Manuel Gómez Morin y Efraín González Luna, dos de sus principales fundadores, dotaron a la organización, establecida en 1939, de un pensamiento crítico y propositivo, simultáneamente, que muy pronto exigió una herramienta impresa que reflejara las acciones de la construcción de la nueva alternativa democrática, y que diera cuenta de la dimensión de las propuestas para un proceso inédito de educación cívica en el México posrevolucionario. Mostrar en las páginas de la nueva publicación la reflexión interna que alimentaba la propuesta pública del que sería el partido político de oposición más importante del siglo XX. La Nación surge, pues, para alentar la reflexión que nutriría una acción política nacional. Programada para aparecer el martes 7 de octubre de 1941, se publicó por vez primera con fecha del sábado 18 de ese mismo mes. Hubo carteles que anunciaban a la revista como “un periódico al servicio de México”, porque en “una nación ávida de verdad” contendría las “verdades de México”. Durante los primeros siete años, un periodista de cepa, Carlos Septién García, dirigió el contenido. Su talento dotó a la publicación de un gran nivel profesional y convocó a las diversas voces que alimentaron sus páginas: Salvador Novo (sorprendentemente), Alfonso Junco, Antonio Caso, Aquiles Elorduy, Miguel Estrada Iturbide, Ezequiel A. Chávez, Rafael Preciado Hernández, Manuel Herrera y Lasso, Daniel Kuri Breña, Carlos Ramírez Zetina, José Fernández de Cevallos y Carlos Alvear Acevedo, entro otros. La Nación se convirtió, desde su inicio, en una cartografía intelectual del México de la segunda mitad del siglo XX. Tras dirigir la revista, Septién García se hizo cargo de una (en ese tiempo) incipiente escuela de periodismo, misma que acabaría por llevar su nombre. Llama la atención que posteriormente, otro de sus directores, Alejandro Avilés, tuviera una trayectoria similar, pues dirigió La Nación entre 1949 y 1962, para después conducir la escuela (ya llamada Carlos Septién García) entre 1963 y 1984. Puede decirse, por lo tanto, que La Nación contribuyó, indirectamente, a forjar un espíritu de profesionalización del ejercicio periodístico mexicano. Manuel Gómez Morin y Efraín González Luna fueron dos brillantes abogados y hombres de libros, que decidieron incursionar en el ejercicio político convencidos del valor de las ideas y de lo que después Habermas analizaría en un plano teórico: la deliberación, como elemento infaltable para la construcción de la esfera pública que la democracia requiere[1]. Gómez Morin, en sus tiempos de estudiante, había pertenecido al que llegaría a ser un grupo histórico, “Los Siete Sabios”, junto con Vicente Lombardo Toledano (quien fundaría en 1947 el Partido Popular, que se transformaría en el Partido Popular Socialista); Rector de la UNAM de 1933 a 1934, mismo año en que acompañó a Daniel Cosío Villegas en la creación del Fondo de Cultura Económica, fue también patrono de la revista Jus, origen de la Editorial Jus, que llegaría a conformar un extraordinario catálogo donde se promovió la publicación de una historia extraoficial del México del siglo XX. Efraín González Luna, por su parte, fue también un brillantísimo abogado, profesor universitario, autor de una obra filosófica fascinante del pensamiento político mexicano; los ocho volúmenes de sus Obras completas fueron publicadas por la Editorial Jus, precisamente. Gómez Morin tradujo al español a autores como Péguy y Claudel; González Luna, a Joyce y a Kafka. La Nación se nutrió, pues, de la convicción de que la reflexión intelectual debía acompañar la acción política, y que esa experiencia debía generar y difundir un proyecto a través de la letra impresa, una publicación periódica. El historiador Pablo Serrano Álvarez ha escrito que, desde sus primeras décadas, La Nación tuvo “buen impacto en la sociedad mexicana”, ubicándose como “un semanario opositor en la esfera política”[2]. A lo largo de sus setenta y cinco años, La Nación ha tenido diferentes etapas, marcadas por la impronta de sus varios directores, de los consejos editoriales y de los equipos que han estado a cargo de la revista, pero con la convicción permanente de que la discusión democrática al interior del Partido precisa las convicciones, afianza las certezas, ratifica las intuiciones y fortalece el espíritu político que dio origen a la institución. La Nación llega, en sus 75 años, a un periodo en que busca aprovechar los recursos de las nuevas tecnologías, usando no sólo múltiples imágenes, sino redes sociales, podcasts y videos, dejando patente su gran fortaleza como fuente histórica imprescindible para la historia de la democracia del país, y albergando en sus páginas, entre muchas otras crónicas, la genealogía de la participación parlamentaria de los miembros del Partido Acción Nacional, así como sus aportaciones a la vida pública del país. A finales del siglo XX, Carlos Castillo Peraza, miembro fundamental del consejo editorial de La Nación en los años noventa y uno de los referentes intelectuales del Partido, habló de la victoria cultural del PAN. Se refería a la aportación de múltiples e históricas propuestas que el Partido había hecho a la sociedad mexicana, en su lucha por construir un gobierno de signo diferente, que basara en el diálogo, la transparencia y la honestidad sus rasgos distintivos. Las páginas de La Nación contienen los testimonios de la génesis de ese triunfo cultural, de la persistencia de la voluntad democrática de sus miembros, de la búsqueda indeclinable de verdades que incluyan a todos en un diálogo no exento de diferencias pero siempre desde la buena voluntad, y en un ejercicio responsable del poder, lo que Gómez Morin llamó “brega de eternidad” que es la lucha por la construcción de un país democrático y justo, honesto e incluyente. Un país para todos, construido por todos, con la participación de todos. La Nación es una revista que acompañó al Partido Acción Nacional en su travesía democrática, que contribuyó de manera decidida a la formación de las ideas que alimentarían la educación electoral de un pueblo que se estrenaba en estos afanes; donde se redactaron los argumentos para defender sus primeros triunfos; que fue fundamental para imaginar la opción política del PAN en el poder, que debió resultar imprescindible para el ejercicio del gobierno y para la evaluación de sus resultados, e indispensable para –críticamente– reflexionar sobre el papel a desempeñar desde el gobierno o desde la oposición; de meditar sobre las ideas de los fundadores y para poder conciliarlas con la realidad política, y continuar elaborando incesantemente el proyecto de nación que permita seguir sirviendo al país.   Consuelo Sáizar, ex Presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. [1] Habermas, J. (2014) Historia y crítica de la opinión política. La transformación estructural de la vida pública. Barcelona, Gustavo Gili. [2] Serrano Álvarez, Pablo (2012). Prensa y oposición política en México: La Nación, 1941-1960. [en línea] Disponible en: http://www.inehrm.gob.mx/work/models/inehrm/Resource/492/1/images/prensa.