La educación en México, los resultados de la prueba PISA 2022

Diciembre 2023

Humberto Aguilar Coronado “El Tigre”

La Nación

Sin lugar a dudas, la educación es la más poderosa herramienta de combate a la pobreza y para igualar oportunidades y mejorar condiciones de vida.

Esa poderosa herramienta ha sido subutilizada en México, aunque consume un porcentaje muy importante del gasto público anual.

El gasto educativo en México es alto en términos relativos y durante algunos años aumentó por arriba del crecimiento del PIB.

En el año 2009, el gasto nacional fue de 816 mil 451 millones de pesos equivalente a 6.9 por ciento del PIB de ese año. En la primera década del presente siglo, el gasto nacional en educación en términos del PIB creció menos de medio punto porcentual, al pasar de 6.43 a 6.91 por ciento de 2000 a 2009, respectivamente. Esto contrasta con el significativo crecimiento en la década previa, cuando aumentó de 4.02 del PIB en 1990 a 6.33 por ciento en 1999. En el pasado, el gasto nacional en educación en términos reales creció de forma importante: por ejemplo, de 1994 a 1999 aumentó 69 por ciento, mientras que de 2000 a 2009 el crecimiento fue de 30.6 por ciento.

La mayor parte del gasto educativo corresponde al sector público, pero la intervención de las familias es ya significativa. En 2009 el gasto público representó 77.9 y el resto, 22.1 por ciento correspondió al sector privado.

Algunos estudios indican que el gasto nacional en educación, como porcentaje del PIB, constituye una medida práctica para comparar rápidamente y de forma ilustrativa los esfuerzos hechos por los países en materia educativa. Por ejemplo, señalan que en 2007 México invirtió 5.7 por ciento de su PIB como lo hicieron en promedio los países pertenecientes a la OCDE. México superó al realizado por Austria, República Checa, Finlandia, Alemania, Irlanda, Italia y otros nueve países miembros de esta organización, en la mayor parte de ellos con sistemas educativos con mejores resultados de desempeño de sus jóvenes de 15 años evaluados por PISA 2009.

Lo anterior significa que el aumento del gasto educativo, necesario, no es suficiente para garantizar el mejoramiento de los resultados de desempeño de los estudiantes.

Los resultados de la prueba PISA 2022, recientemente publicados dejan claro que México se encuentra en un serio problema de eficiencia de su sistema educativo.

Los números son alarmantes, ocupamos el penúltimo lugar de los países evaluados, sólo por encima de Colombia y muchos puntos por debajo de Japón, el mejor evaluado.

En matemáticas y comprensión lectora resultamos el tercer país peor evaluado y el último en ciencias. De acuerdo con publicaciones del IMCO, el desempeño de los estudiantes mexicanos cayó 15 puntos en matemáticas y 10 en comprensión lectora.

En la opinión de los analistas, México pierde la gran oportunidad que genera el nearshoring con los resultados que arroja la primera prueba estandarizada después de la pandemia.

Por ello, resultan altamente preocupantes las reacciones del presidente de la República y de la secretaria de Educación que, en lugar de recoger la evidencia y accionar soluciones para mejorar la eficiencia de aprendizaje que logra el sistema educativo nacional, acusan con descalificaciones ideológicas los resultados de la prueba y se rehúsan a tomar en cuenta sus resultados y los descartan.

El mensaje del presidente es ridículo. Las pruebas no miden el convencimiento ideológico de los estudiantes, ni la filiación partidista de los maestros. La PISA 2022 midió la capacidad de los alumnos de resolver problemas básicos de matemáticas.

Saber si eran capaces de calcular el tiempo de trayecto que lleva recorrer la distancia que separa el punto A y el punto B a la velocidad X.

Saber si comprendían un texto después de su lectura y podrían comentarlo, o saber si eran capaces de comprender un planteamiento científico.

Por su parte, la Secretaría de Educación desestimó los resultados de la prueba para argumentar que las caídas en los resultados de los alumnos mexicanos son producto de la pandemia. Además, justifica los resultados con el argumento de que las pruebas estandarizadas no permiten reconocer los contextos regionales y las realidades de los alumnos.

Lo cierto es que los mexicanos estamos obligados éticamente a reconocer que los resultados de nuestro sistema educativo son deficientes. Que la sola asignación de recursos públicos, aunque ayuden a aumentar la matrícula, no está resolviendo los problemas de infraestructura ni de calidad educativa.

En este contexto, la reforma lópezobradorista denominada Nueva Escuela Mexicana, hecha, como sabemos, sin rigor técnico y con bases ideológicas, aumenta el riesgo de que nuestras niñas, niños y adolescentes se queden fuera de las oportunidades de futuro que significa nuestra pertenencia a la región más poderosa del mundo.

Es este, sin duda, un tema que debe colocarse en el centro de la agenda del proceso electoral en el que estamos.

 

Humberto Aguilar Coronado “El Tigre” es Diputado Federal en la LXV Legislatura de la Cámara baja.

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