Doscientos países miembros de las Naciones Unidas acaban de reunirse en Glasgow, Escocia, para retomar el hilo de los esfuerzos urgentes por coordinar la acción internacional para detener el calentamiento de la tierra.

Las condiciones naturales han existido como las conocemos desde toda la historia escrita. La era industrial, que inició en el siglo XIX, provocó un calentamiento global, al principio imperceptible, pero después de la II Guerra Mundial se aceleró provocando recurrentes fenómenos naturales desastrosos. El efecto invernadero generado por la quema de combustibles fósiles fue el indicador más certero de un proceso de transformación planetario.

De continuar este proceso atribuible a la actividad del hombre, se anuncia la desaparición de todo el sistema ambiental en que está basada la actividad agrícola e industrial del mundo.

En México, el calentamiento está por encima de la media mundial. En 1985, el promedio nacional de la temperatura era de 20.4 grados, ya en 2020 fue de 22.4. Se sufre ya la destrucción de áreas de cultivo, se multiplican las sequias e incendios forestales, y se desatan inundaciones frecuentes. Un estudio del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) detecta que desde 2005, pero sobre todo los últimos seis años, han sido los más calurosos de los que se tiene registro en el país.

Organizaciones de la sociedad civil piden la declaratoria de un estado de emergencia internacional y la urgente legislación para reducir el uso de combustibles fósiles. Se organizan movilizaciones masivas mundiales para advertir agravamientos.

La reunión en Glasgow, Escocia, este mes, conocida también como COP 26 congregó a miles de participantes, más de 40 mil, de todos los países, de todos los sectores y edades; al mismo tiempo, se oficializa que el clima ha aumentado 1.1°C en estos días y por todo el mundo.

No fue fácil llegar al Pacto Climático de Glasgow. Las múltiples sesiones de trabajo repitieron el enfrentamiento de posiciones. Unos admitiendo la urgencia de tomar medidas drásticas y otros arguyendo que esa faena no es de un momento a otro. No podía detenerse la actividad económica.

Para eliminar gradualmente subsidios al carbón y a los combustibles fósiles, se propuso restringir la producción del CO2 a un aumento de 1.2. Aquí chocaron la realidad económicas y políticas, y las decisiones de los jefes de Estado.

En otro asunto, a los países desarrollados se les pidió duplicar su financiamiento para lograr en 2025 los niveles de actividad de 2019. La banca de desarrollo y organismos financieros privados deben ofrecer préstamos a productores pequeños y medianos. Habría que compensar a los países que sufren del cambio climático.

Se rescataron además ciertos elementos del Acuerdo de París en materia de mecanismos de mercado y de transparencia. Se reafirmó ese Acuerdo para reglamentar el cumplimiento de los compromisos asumidos.

Al cerrar la reunión, la India, voz de los países subdesarrollados, calificó de inequitativo e inaceptable el documento final: a las naciones atrasadas se les pedía atrasar su desarrollo para calmar a los países desarrollados. El texto adoptó la redacción india que Suiza, China, Nueva Zelanda y otros consideraron que diluyó el pacto. Una embajadora comentó: “esto no nos acerca, nos dificulta más el camino para lograr la meta de 1.5 del COP 26”. La ya no tan niña Greta Thunberg se burló del “bla, bla, bla” de toda la conferencia.

 

Avances trascendentes

De suma importancia fue que China y Estados Unidos anunciaran que están dispuestos a “cooperar estrechamente” para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero durante la próxima década, utilizando términos que anteriormente habían provocado objeciones por parte de Rusia, China o India. Hubo compromiso para finalizar para el 2021 a la financiación internacional de centrales térmicas de carbón y que 105 países acordaron reducir durante esta década un 30 por ciento las emisiones de metano y emprender un programa conjunto de reforestación.

Entre las enseñanzas de Glasgow resalta la declaración formal de que la desintegración del control natural tiene un origen humano y además la incuria de la población a todos niveles en todos los países.

Ni el presidente de México ni su canciller atendieron la reunión. La secretaria de Ambiente llegó tarde. México está en lugar 12 en el grupo de países contaminantes del mundo, con un promedio de emisiones de CO2 de 680 mil toneladas anuales que subirá a 724 en 10 años. El gobierno no alienta las energías renovables.

En contraste a la inminencia de vehículos eléctricos, el gobierno insiste en usar combustibles fósiles y construye una nueva refinería. La asignación presupuestal para la modernización de centrales eléctricas es a base de carbón, diésel, gas y petróleo, y de cancelación de subastas de energías a largo plazo.

Las conclusiones de COP26 en Glasgow no llegan a impresionar porque la dimensión del problema es tan inmensa que demanda una movilización planetaria.

La actitud del presidente de la Republica ante la COP 26 muestra la actitud suicida que prevalece. No le interesa el tema más importante en el que todos nos va la vida misma.

El PAN tiene que reforzar su posición en el tema de cambio climático y orientar a sus miembros, particularmente a los jóvenes, a actuar en todos los foros, propios y extraños, para presionar al Gobierno federal y hacer de las autoridades panistas locales dinamos tercos en la batalla por los valores ecológicos.

Es una batalla por nuestras vidas que el PAN tiene que hacer suya en México, siguiendo el liderazgo de la ONU.

 

Julio Faesler Carlisle es integrante del Consejo de Plumas Azules.