Monólogos populistas
Publicada el Mie, Jun 19, 2019

Por Marco Antonio Adame Castillo.

Tras el acuerdo firmado entre México y Estados Unidos, los presidentes populistas de ambos países festejaron el acuerdo como una gran victoria. No obstante, la prensa internacional considera al presidente Donald Trump como el verdadero triunfador de la contienda.

El presidente López Obrador celebra el haber evitado convertir a México en un “tercer país seguro”, esquema en el cual Estados Unidos hubiera podido negarse a recibir a los migrantes y enviarlos directamente a nuestro país, y también celebra el haber evitado el incremento de los aranceles. Pero éste es sólo un logro momentáneo y el costo será muy alto a largo plazo.

Derivado del acuerdo, Estados Unidos enviará a nuestro país a miles de migrantes en tanto resuelve su situación, en un proceso que puede durar años y durante todo ese tiempo México deberá dar albergue, salud, trabajo y educación a todos los migrantes, lo cual implicará un costo altísimo. México también desplegará 6 mil efectivos de la Guardia Nacional en su frontera sur para el control migratorio y deberá desmantelar las organizaciones de tráfico y trata de personas.

¿Se puede hablar de una victoria cuando hay compromisos a cambio de ninguna ganancia y sin haber asegurado que el presidente Trump no vuelva a amenazar con subir los aranceles? El presidente López Obrador no tuvo una estrategia adecuada, no supo leer el momento ni las fortalezas que contaba para negociar.

En primer lugar, no supo utilizar la interdependencia económica a nuestro favor. Si bien casi 8 de cada 10 productos fabricados en México tienen como destino Estados Unidos, de acuerdo con la Oficina del Censo estadunidense, en los primeros tres meses de 2019 México desbancó a China como su principal socio comercial. El comercio con México ascendió a 150 mil 600 millones de dólares, representando el 15 por ciento de las transacciones mundiales de EEUU, mientras que con China descendió a 132 mil millones de dólares representando el 13.1 por ciento.[1]

Es por ello que en Estados Unidos muchas voces se expresaron en contra de los aranceles, ya que afectarían a las empresas y consumidores norteamericanos, y los más afectados serían los agricultores y la industria automotriz. Ante este escenario, asociaciones económicas como la USA Chamber o la National Association of Manufacturers hubieran podido promover un amparo que habrían, tal vez, ganado debido a los daños que les traería la iniciativa y a que la ley invocada para imponer los aranceles está diseñada para castigar enemigos no para aliados económicos.

Tampoco se supo aprovechar a los contrapesos de la política estadunidense. Los congresistas, tanto demócratas como republicanos, se habían manifestado en contra de la propuesta y podían detenerla, con lo cual hubieran causado un fuerte revés político al presidente norteamericano.

Tampoco se supo ver el momento político. La iniciativa de Trump respondía a aspiraciones electorales, por lo que la jugada era riesgosa, ya que, de no haber conseguido un acuerdo previo al 18 de junio, fecha en que lanzará su campaña para la reelección, ese día hubiera contado con un partido republicano dividido y con el enojo de los consumidores estadunidenses tras el incremento de los precios.

Esto se hubiera agravado de haber establecido México aranceles compensatorios (medida aplicada previamente con éxito por los presidentes Fox, Calderón y Peña Nieto). En este caso, el descontento hubiera sido aún mayor en los distritos republicanos seleccionados por México para la imposición de aranceles sobre sus productos.

Por otra parte, conforme a la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados “es nulo todo tratado cuya celebración se haya obtenido por la amenaza o el uso de la fuerza en violación de los principios de derecho internacional” (art.52). El acuerdo firmado respondió a amenazas y si bien Estados Unidos no ha ratificado la Convención, por lo general la sigue, ya que su incumplimiento representa desprestigio internacional y ésta es considerada como derecho consuetudinario.

Otra cuestión a tener en cuenta es la incoherencia del “Acuerdo” en relación con el sistema legal norteamericano donde existe la figura “unconscionable contract” (contrato irracional). Este tipo de contrato es aquel que deja a una de las partes sin poder de elección real, por lo que es considerado injusto y nulo. Esto se da cuando una de las partes realizó presiones o amenazas para impulsar la firma del acuerdo.

Otra incoherencia con el “Common Law” norteamericano es que el “Acuerdo” viola la “consideración”, uno de los seis principios necesarios para que un convenio sea vinculante. Esto implica que para que un convenio sea obligatorio ambas partes deben obtener algo de valor a cambio y que lo que ofrezcan debe tener “valor legalmente suficiente”, es decir, que no sea algo a lo cual están obligados previamente por la ley.

Conforme a lo establecido en el “Acuerdo”, en ningún momento se plasma que Estados Unidos renuncie a la amenaza de imponer sanciones a México, tampoco se establece ningún beneficio que nuestro país vaya a recibir de parte del gobierno norteamericano, y todo a lo que se compromete el gobierno estadunidense son obligaciones que ya tiene preestablecidas por su propia ley.

En conclusión, Trump resultó ganador tras lograr un acuerdo sin ninguna concesión y sin costos políticos. México en cambio tendrá muchos costos, ninguna ganancia y estará con la “Espada de Damocles” sobre su cabeza ante la permanente amenaza de que Trump pretenda subir los aranceles a cambio de cualquier otra exigencia. Desafortunadamente, el gobierno del presidente López Obrador, más allá de idear una estrategia de negociación efectiva, optó por un acuerdo pronto y por un evento populista en la frontera que al final no tuvo ningún rédito.

El Partido Acción Nacional, fiel a la doctrina humanista, desde su fundación y a lo largo de su historia ha luchado por la preeminencia del interés nacional. Siguiendo estos principios hemos exigido y seguiremos exigiendo al gobierno que defienda el interés nacional y la soberanía; que transparente los acuerdos que hoy se encuentran en una zona gris donde muchas cosas no se conocen; que garantice la legalidad de las medidas a implementar, y el respeto indeclinable a los derechos humanos hoy en riesgo ante una posible militarización de la frontera. Todo esto a fin de no comprometer el presente ni el futuro de México frente a nación alguna.

Es fundamental que el gobierno mexicano rectifique, que mantenga una política exterior firme sin ceder a chantajes y que establezca una estrategia seria, con todos los actores y medidas necesarias para lograr relaciones bilaterales recíprocas, equitativas y justas, en beneficio de ambas naciones.

 

Marco Antonio Adame Castillo es Vicepresidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados en la LXIV Legislatura.

Twitter: @MarcoAdame

[1] https://www.census.gov/foreign-trade/statistics/highlights/top/top1903yr.html

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