México requiere una ciudadanía solidaria y un gobierno subsidiario
Publicada el Mar, Oct 24, 2017

Por María Elena Álvarez de Vicencio.

Ante los desastres causados por los terremotos en varios estados de la República, reflexionamos que hoy más que nunca deben estar vigentes los dos principios operativos el Partido Acción Nacional: la Solidaridad y la Subsidiaridad.

La ciudadanía demostró su SOLIDARIDAD para evitar el dolor evitable. Los centros de acopio se llenaron hasta excederse, con todo lo que fue requerido; los jóvenes transportaron en sus motos lo que se les pedía, los “topos” removieron escombros hasta extenuarse; las familias elaboraron alimentos y tantas cosas más que nos conmovieron. Los mexicanos fueron solidarios y ayudaron a quienes lo necesitaban en esos difíciles momentos.

Han pasado los días y las semanas, y las necesidades de muchas personas siguen presentes como al día siguiente del terremoto, ahora viven en albergues. Los alimentos y demás ayuda han disminuido y las necesidades continúan, aumentadas por la tristeza. La emergencia movió muchas voluntades, pero pasada la angustia inicial, quienes no la padecen, han vuelto a su rutina y se han olvidado del sufrimiento de los demás. En general, no forma parte de nuestra vida diaria tener presentes las necesidades ajenas, “tenemos bastante con las propias”, la solidaridad no es una práctica permanente.

Tomando en cuenta que en varias ciudades hay zonas donde muchas de las familias que se refugiaron en los albergues vivían en casas construidas con desperdicios de madera o cartón y que aun eso lo perdieron. Vivían sin agua, sin drenaje, sin atención médica y sin la posibilidad de que los niños asistieran a la escuela, porque no tienen para los útiles. Cuando nos enterarnos de tales realidades, pensamos que es el gobierno el responsable de resolverlo. Muchos justifican el no ayudar porque están pagando sus impuestos.

Aquí es donde se requiere aplicar el segundo principio: el de SUBSIDIARIDAD, lo que no puedan hacer las familias lo tendrá que hacer el gobierno. Los ciudadanos deben pagar impuestos para que con ellos, los gobiernos proporcionen a toda la ciudadanía los servicios que cada familia por sí misma no puede proporcionarse, como impartir la educación escolar; cuidar la salud con clínicas y hospitales; construir carreteras y vialidades; proporcionar agua potable y drenaje, etcétera. Sin embargo, en nuestro país un gran número de ciudadanos no paga impuestos, algunos por no recibir ingresos, otros por egoísmo o por desconfianza en los gobiernos, ya que muchos de ellos los han administrado mal o han cometido considerables fraudes con los recursos que debieran destinarse a mejorar las condiciones de los ciudadanos que viven en pobreza.

La solución no está en dejar de pagar impuestos para que no se los robe el gobierno. El primer paso para remediar a fondo esta situación es elegir acertadamente a los gobernantes para que administren honrada y eficientemente los recursos y una vez electos no podremos desentendernos de la vida pública. Como ciudadanos responsables debemos pagar impuestos y también interesarnos en vigilar a quienes elegimos, para saber cómo están desempeñando su cargo y organizarnos para reclamar si se perciben irregularidades.

Se calcula que el 25 por ciento de la población mexicana carece de lo indispensable para lograr una vida digna; no tienen un trabajo estable o perciben ingresos tan bajos que apenas les alcanzan para subsistir. Los gobiernos no han podido resolver esas desigualdades, en parte por la gran corrupción que existe.

Ante los desastres causados por los terremotos, el gobierno tiene la oportunidad de lograr que los recursos que se están destinando subsidiariamente a las familias sean aplicados con un proyecto que de cómo resultado una mejora sustantiva de la vivienda.

Preocupa que con el importe de la tarjeta se construya un cuarto o dos, pero sin haberles proporcionado un diseño que abarque una casa digna completa y que se vaya haciendo por etapas, si ahora sólo les alcanza para un cuarto, el baño y la cocina también son indispensables. Si sus casas se cayeron y la solución es la autoconstrucción, habría que darles las especificaciones de los materiales, los cimientos, los castillos, o lo que deban llevar, de lo contrario las van a levantar para que en el próximo sismo se vuelvan a caer. “El bien mal hecho es peor que el propio mal”, lo decía Manuel Gómez Morin.

Los terremotos también dejaron al descubierto la ausencia de un Estado de Derecho y es el momento de evitar que esto siga. Muchas de las construcciones dañadas o destruidas no reunían las condiciones de seguridad y fueron aprobadas por las autoridades responsables. Tales funcionarios deben ser sancionados y se requiere, además, tomar las medidas necesarias para no autorizar en el futuro ninguna construcción que no cumpla con todas las normas. No se debe seguir contratando a supervisores de obras que no estén capacitados para serlo.

Respecto a la Ciudad de México se requiere una planificación a fondo sobre las futuras construcciones. Convendría una descentralización hacia los estados con mayor pobreza. Pasar dos o tres Secretarías de Estado a provincia ayudaría a disminuir su desigualdad. Llevar PEMEX a Tabasco, Agricultura a Chiapas, Turismo a Guerrero. El INEGI en Aguascalientes ha sido un buen ejemplo.

Hay que sacar bienes de esta dolorosa realidad que dejaron los sismos. La SUBSIDIARIDAD del gobierno con los que no pueden resolver por sí mismos sus carencias, hoy debe hacerse presente con honradez, oportunidad y eficacia.

 

María Elena Álvarez de Vicencio es Directora del Centro de Estudios para la Mujer Blanca Magrassi y Consejera Nacional del PAN.

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