México pagó precio alto con visita a Estados Unidos
Publicada el Jue, Jul 23, 2020

Por Laura Vega.

Donald Trump aseguró el 16 de junio de 2015 que los mexicanos llevan a Estados Unidos drogas, crimen y son violadores. Cinco años después utilizó al Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, para mostrar su músculo rumbo a su pretendida reelección.

A pesar de ser el primer viaje internacional del mandatario mexicano en los dos años que lleva de gestión, desaprovechó su oportunidad al soslayar los temas torales de la agenda bilateral, pues no se habló de migración, tráfico de armas, drogas, energías renovables ni del muro.

Este encuentro era impensable hace algunos meses atrás, sin embargo, los dos mandatarios se necesitaban. Uno, el mexicano, requería distraer la atención de una de las mayores crisis sanitarias y económicas que enfrenta México en décadas, y el estadunidense para su pretendida reelección.

Tan es así que los discursos fueron cordiales, llenos de elogios, alejados por completo de la realidad de sus pueblos.

La Secretaría de Relaciones Internacionales del PAN recopiló en un análisis frases que Donald Trump dijo en su campaña pasada: construiré un gran muro y voy a hacer que México pague por él; Estados Unidos está pagando el escape de El Chapo, se los dije: nuestros trabajos están dejando el país y se van a México, y a muchos otros países; tenemos que sacar a los bad hombres, entre otras.

Queda claro que Trump sabe lo que quiere y algunos mandatarios mexicanos no, porque después de la invitación que realizó Enrique Peña Nieto en el periodo electoral estadunidense en agosto de 2016, el estadunidense catapultó su imagen, a pesar de haber arremetido contra los migrantes, mientras que el mexicano terminó de hundirla.

En el caso de López Obrador en 2016, durante la visita de Trump, aseguró que cambiaría la política bilateral con Estados Unidos, la relación no sería de subordinación y que no se necesitan los muros. Sin embargo, hasta la fecha es un tema que no ha podido resolver con el gobierno estadunidense.

El pasado 8 de julio en su visita a Estados Unidos, durante su mensaje en la Casa Blanca, López Obrador le dijo a Trump: “como en los mejores tiempos de nuestras relaciones políticas, durante mi mandato como Presidente de México, en vez de agravios hacia mi persona y, lo que estimo más importante, hacia mi país, hemos recibido de usted, comprensión y respeto.

“Algunos pensaban que nuestras diferencias ideológicas habrían de llevarnos de manera inevitable al enfrentamiento. Afortunadamente, ese mal augurio no se cumplió y considero que hacia el futuro no habrá motivo ni necesidad de romper nuestras buenas relaciones políticas ni la amistad entre nuestros gobiernos (…)

“Pero lo que más aprecio es que usted nunca ha buscado imponernos nada que viole o vulnere nuestra soberanía”.

Los hechos hablan más que las palabras, y sólo hay que recordar que dos días antes del encuentro, Trump publicó en sus redes una serie de fotografías de su visita al muro fronterizo en Arizona con un texto que decía: “los demócratas quieren que la gente simplemente ingrese. ¡Quieren fronteras abiertas muy peligrosas!”.

El Presidente Nacional del PAN, Marko Cortés, señaló que el viaje de López Obrador a Estados Unidos era innecesario, sumiso y humillante, así como un insulto al pueblo de México.

Entre los errores que detalló el Dirigente Nacional estuvieron: no reunirse con los demócratas, cuyo voto fue crucial en la aprobación del T-MEC, tampoco sostuvo un diálogo con los migrantes como lo han hecho todos los mandatarios mexicanos que visitan Estados Unidos, no hubo reclamos a Trump por los insultos a México y olvidó temas torales.

“La visita del presidente López Obrador al presidente de Estados Unidos Donald Trump se convirtió en un encuentro de elogios mutuos y se quedó sin tocar la realidad sobre el muro que divide a ambas naciones, migración, medio ambiente, tráfico de armas y de drogas, que son los temas torales en la relación bilateral”, destacó.

Sin duda, los mandatarios se utilizaron mutuamente para los fines que más les convenían, uno tapar la crisis sanitaria con ya 35 mil fallecidos, y el otro para su campaña por la reelección. Desafortunadamente, el precio que pagó México fue más alto y no sacó ninguna ventaja a futuro.

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