¿Menos cristales rotos?, ¡Ni una más a la lista!
Publicada el Lun, Ago 19, 2019

Por Alan Ávila Magos.

Desde hace unos meses la violencia en la Ciudad de México ha crecido de manera alarmante. Entre lo que más preocupa es la ola de secuestros, violaciones y desapariciones que han venido en aumento, principalmente entre las mujeres jóvenes de la ciudad y su zona metropolitana.

Hoy en día, las mujeres en la CDMX no se sienten seguras al caminar por la calle, al utilizar el transporte público o al salir de fiesta; lo que piden es poder realizar sus actividades diarias sin la preocupación de saber si regresarán a casa.

El miedo de no poder vivir en paz comienza a generar frustración entre los habitantes de la ciudad, principal y evidentemente entre las mujeres, quienes muchísimas veces se han manifestado en las calles y en las redes sociales, pero parece que sus gritos de auxilio no son escuchados ni atendidos por el gobierno indolente e ineficiente de Claudia Sheinbaum. Muchos de los problemas no sólo en la CDMX, sino en todo el país, comienzan a ser más grandes que las capacidades y estrategias implementadas por el gobierno, y el de la seguridad es sin duda uno de ellos.

Las mujeres han tocado fondo y al no tener una respuesta contundente decidieron una vez más salir a las calles. Es por eso, que el viernes 16 de agosto lo hicieron de una manera que ha generado mucha polémica. Cientos de mujeres, entre consignas, realizaron actos vandálicos: dañaron una estación del Metrobús, una estación de policías, vehículos e incluso grafitearon el monumento que quizá es el más representativo para los mexicanos: el Ángel de la Independencia.

Estos hechos indignaron a la sociedad, generando discordia en las opiniones entre los usuarios de redes sociales. Creo que lo acontecido es digno de analizarlo.

Soy un firme creyente de que la violencia no es el camino para solucionar los problemas. Rechazo contundentemente las agresiones físicas realizadas durante la manifestación a periodistas o hacia cualquier persona, tanto hombres como a mujeres. Pero para mí, las paredes rayadas, los cristales rotos, no me indignan más que las mujeres asesinadas, violadas, desparecidas o acosadas.

La marcha y disturbios hechos por las mujeres exigiendo justicia y seguridad no es más que la consecuencia de lo que se vive en México. Ante un gobierno que no escucha, que no atiende, que no da soluciones, no se puede hacer otra cosa más que tomar las calles, y de la manera que sea hacerse escuchar, siempre y cuando se cuide la integridad de todas y todos.

El Ángel de la Independencia es un monumento que representa la lucha del pueblo por vivir en libertad. El mensaje de las mujeres atentando contra ese lugar tan representativo es contundente: no estamos viviendo libres, ni hombres, ni mujeres. La mejor forma de reconocer el legado histórico del Ángel de la Independencia no debe ser la indignación por un grafiti que daña su estética, debe de ser la búsqueda y lucha por esa verdadera libertad: la de transitar por las calles sin miedos, sin incertidumbres y vivir en paz.

La crisis de seguridad que viven las mujeres no es una lucha exclusiva de ellas, también debe ser lucha de nosotros, los hombres. Y tampoco debemos de confrontarnos en esa polarización que ya de por sí se padece en México, porque todos vivimos en esta misma sociedad, compartimos el mismo entorno. La causa no es, ni debe partir de una disputa de hombres contra mujeres ni viceversa, sino de la solidaridad y la empatía con aquellas y aquellos que sufren, para juntos y juntas evitar el dolor evitable.

Los problemas en México no deben minimizarse o alarmarnos por un monumento dañado, cuando el trasfondo de la lucha representa a las más de mil 800 mujeres asesinadas en lo que va del año.

Hago un llamado a nuestro gobierno, a nosotros los mexicanos, para que en nuestro país nunca más se tenga que dañar un monumento, para ser escuchados y tomados en cuenta por quienes nos representan y gobiernan. Porque tal parece que en México valen más los cristales rotos que agregar una más a la lista.

 

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