Los invisibles, lo invisible
Publicada el Lun, Jun 18, 2018

Por Javier Brown César.

Ser invisible tal vez pueda ser el sueño de alguna persona, pero cuando la invisibilidad se vuelve permanente se convierte en la más terrible de las pesadillas: no ser visto, no ser reconocido ni atendido es la realidad de millones de mexicanos que todos los días se despiertan con la esperanza de que alguien los voltee a ver, alguna autoridad, alguna organización dedicada a atender a quienes han sido socialmente relegados y olvidados.

El hombre invisible es una de las más extraordinarias creaciones del novelista H. G. Wells, una historia de ciencia ficción en la que el protagonista logra la invisibilidad, pero no puede regresar a su estado anterior: es invisible hasta que muere. La historia de Wells es una profunda metáfora sobre la condición del ser humano en la actualidad: destinado a perderse en el anonimato de la masa, en la impersonalidad.

La globalización, cuando no es acompañada de ámbitos de encuentro en los que nos podamos reconocer unos a otros, se convierte en una negación abierta de la dignidad humana: refugiados y migrantes buscan nuevas oportunidades que en sus lugares de origen les son negadas, y cuando llegan a su destino se encuentran con muros insalvables, que producen aún más aislamiento del que hoy vivimos, refugiados en la ficción de redes que nos vinculan.

La invisibilización del ser humano es una forma abyecta de negar su dignidad, de esgrimir una coartada inútil para defender la incapacidad del Estado para proteger y dignificar la vida de las personas. La primera forma de invisibilidad es histórica: hay demasiadas historias que no se cuentan, porque la gran narrativa la construyen los que triunfan, y suelen excluir la visión de los vencidos; hay personas que han sido relegadas al baúl de los recuerdos, porque su empeño fue construir instituciones y no ser héroes venerados.

Las historias no contadas de quienes han sido invisibilizados, son las que tenemos que recuperar y escuchar para reconciliarnos con nosotros mismos, para proyectar adecuadamente el futuro de México. Debemos escuchar lo que nos tienen que decir en lugar de decir lo que queremos que escuchen. Para ese México agraviado, que hoy día es ya mayoría, es indispensable una nueva política de verdad y reconciliación que haga salir a la luz lo que durante décadas se ha ocultado.

Los pobres son víctimas de la invisibilidad histórica, y así como el hombre invisible se vuelve prácticamente invencible, al invisibilizar la pobreza el Estado se vuelve invencible, la anula o minimiza y cimienta la prosperidad de la nación sobre la abundancia de las minorías. Por décadas se ha tratado de ocultar la miseria, de hacerla invisible: en los actos presidenciales e incluso en los mítines no se ve a los más pobres de los pobres, porque a ellos cuesta más trasladarlos, porque quieren que sus voces se escuchen y sin embargo son silenciados detrás de la vana demagogia, de los discursos triunfalistas, de las propuestas vacuas o irrealizables. La pobreza se invisibiliza con programas sociales, ostentosos en sus números, pero limitados en sus resultados.

En nuestro país, al menos la mitad de sus habitantes ha sido condenada a ser invisible: no se atienden sus necesidades más inmediatas, se les relega y excluye, se les usa como carne de cañón para aceitar las maquinarias electorales, se les organiza para marchar y manifestarse a cambio de dádivas ridículas, se les toma en cuenta, y muy en serio, para actos de campaña y acarreos de votantes, pero se les relega al olvido miserable cuando no hay procesos electorales.

Tampoco se escucha a las víctimas, los excluidos y segregados. Pretendemos construir nuestra prosperidad contando historias de éxito, repasando interminablemente vidas edificantes, que podrán ser admirables, pero que, en un país marcado por tan grandes desigualdades, sólo están al alcance de las minorías. Las víctimas desaparecen detrás de las cifras y las estadísticas, las pérdidas de vidas humanas se consideran, eufemísticamente, como daños colaterales: la persona humana sigue siendo el principal sujeto invisible de nuestros sistemas políticos, el actor que se tiende a olvidar, y que es central para la estabilidad de nuestras instituciones y el futuro de nuestras naciones.

Las estadísticas oficiales son el más complejo y completo sistema de invisibilización, ocultan las historias individuales detrás de cifras, indicadores, tendencias; las muertes debidas a homicidios alimentan los índices y las cifras oficiales, y en no pocas ocasiones se utilizan de forma artera y tramposa, para simular logros inexistentes.

La administración pública se cobija bajo el manto de la opacidad, la transparencia es la excepción, los sistemas se diseñan para ocultar más de lo que revelan, muchos trámites son poco claros, largos y tediosos, generándose amplias zonas de opacidad copadas por la corrupción y la impunidad; la impunidad rampante obliga a invisibilizar el sistema de procuración e impartición de justicia. Se crean instituciones en el papel, que en la práctica son casi inexistentes, sin personal ni presupuesto, que sólo alimentan el ego de gobernantes fatuos.

Se ha querido ocultar bajo un manto de invisibilidad la colusión de autoridades con delincuentes de toda índole y relea, la ineficiencia e ineficacia de nuestro sistema de procuración e impartición de justicia, la penetración del crimen en policías, el robo descarado de los recursos públicos, la manipulación dolosa de decisiones de jueces. La negación de la justicia es la peor forma de invisibilidad, es criminal, anula el rostro, busca ocultar el dolor humano que se esconde tras décadas de humillación y pobreza, de maltratos y violencia.

La reconstrucción de México pasa hoy, necesariamente, por ampliar el ámbito de visibilidad de lo público, por alumbrar con el luminoso faro de la justicia a nuestras instituciones, por acabar de forma terminante y definitiva con la opacidad, refugio de pillos y oportunistas. Se requiere una auténtica limpieza de la vida pública, para que la verdad que históricamente ha sido ocultada, resplandezca y se haga visible, para todos sin excepción.

 

Twitter: @JavierBrownC

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