Los fideicomisos y los caprichos del presidente
Publicada el Mie, Oct 28, 2020

Por Alan Ávila Magos.

Darle la espalda a los mexicanos parece ser un estilo de gobernar que el presidente López Obrador ha decidido adoptar. Extinguir los fideicomisos es, sin duda, una puñalada por la espalda a muchos sectores de la sociedad que por las dificultades de su profesión o por alguna tragedia que atraviesan necesitan de apoyos para salir adelante.

La decisión de eliminar los fideicomisos me parece alarmante por dos motivos. Por un lado, el estado de desprotección en el que quedan muchísimos mexicanos, y por otro, el nulo respeto del presidente a la división de poderes.

Vale la pena reconocer la realidad que seguramente más de uno de los fideicomisos padecían: opacidad, corrupción, discrecionalidad irresponsable y muchos otros problemas que suelen existir en un país como el nuestro. Si bien eso podría ser cierto, el presidente López Obrador, una vez más, se equivoca al creer que la mejor forma de ser mejores es exterminar lo existente, peor aun cuando no existen investigaciones para castigar a corruptos, propuestas para mejorar programas o alternativas para que una vez que se elimine los beneficiarios puedan continuar con los apoyos.

Reconociendo las deficiencias de los fideicomisos y las áreas de oportunidad para perfeccionarlos, también son ciertas sus enormes aportaciones. Los fideicomisos han servido para dar apoyos que trasciendan a los intereses políticos anuales de los presupuestos e impulsar la ciencia, la tecnología, el deporte, el cine y el campo; también han servido de protección del medio ambiente, de las víctimas de violencia, de periodistas y defensores de los derechos humanos en riesgo y de los damnificados por desastres naturales.

Por supuesto que desamparar a estos sectores, que durante muchísimos años han recibido del apoyo que les permite tener un sostén económico, es dejarlos ahora a la deriva, con la incertidumbre sobre su futuro. Hoy en México ser investigador, periodista o atleta de alto rendimiento es una vocación difícil de ejercer, pues los apoyos muchas veces son escasos. Quitar los fideicomisos es apostar a terminar con el talento mexicano y desamparar a quienes necesitan de asistencia por alguna tragedia.

La preocupación sobre la división de poderes que mencioné líneas arriba es, sin duda, algo que me parece alarmante e indispensable mencionar, pues desde que el presidente López Obrador empezó a mostrar interés por la desaparición de los fideicomisos se iniciaron algunos ejercicios que personalmente me parecieron sanos, como los parlamentos abiertos que sin duda podrían perfeccionar y fortalecer el ejercicio de los recursos en los fideicomisos. Tristemente sólo quedaron en simulaciones porque la finalidad nunca fue escucharlos o en buenas intenciones porque aunque los diputados querían el presidente “dio línea”.

El trabajo que al parecer genuinamente realizaron legisladores, incluyendo a los del partido oficial, fue tirado a la basura, pues escuchar a especialistas, gobernadores, académicos y funcionarios de áreas del Gobierno federal involucradas no sirvió de absolutamente nada. Al principio se habló de sólo eliminar cinco fideicomisos, pero no fueron suficientes, pues para el presidente eso no servía cuando el único objetivo era que su gobierno pudiera disponer de 68 millones de pesos.

La intromisión del presidente es alarmante porque evidencia que los diputados de MORENA y los partidos aliados carecen de una autonomía que les permita tomar decisiones propias. Estos legisladores no representan los intereses de los 30 millones de mexicanos que los apoyaron, sino la voluntad de un hombre que cree que por esos mismos 30 millones de votos el país le pertenece.

Comentarios

comentarios