Lorenzo y Rosendo Burciaga Saucedo, gestores del Bien Común
Publicada el Vie, Jun 16, 2017

Por Sergio Rodríguez Colín.

Al llegar a tierra coahuilense, específicamente a los municipios de Saltillo y Monclova, entre los habitantes de estos ayuntamientos y, en general, en toda esta entidad norteña es habitual escuchar una frase que es del dominio público y que recoge la importancia y trascendencia de nuestros entrevistados: “quien no conoce a los hermanos Burciaga, no conoce al panismo de Coahuila”.

En esta ocasión, el equipo de La Nación se trasladó a la ciudad de Saltillo para escuchar a dos de los fundadores del Partido Acción Nacional en esta tierra de pundonor y coraje, Coahuila. Lorenzo y Rosendo Burciaga nos abrieron amablemente las puertas de su casa, que fue el hogar de sus padres, para compartir con los lectores de nuestra revista los triunfos y sinsabores que les ha dejado su lucha de años por llevar la democracia y el bien común a los coahuilenses.

El primero en compartir algunas de sus experiencias en la lucha por ganarle al PAN un lugar en el terreno político del estado es don Lorenzo, quien, con una voz firme y clara, comparte, como si hubiera sido ayer, que fue invitado personalmente al Partido -corría el año de 1948- por José González Torres, quien en ese entonces era el Presidente Nacional de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM).

“Llegamos con el doctor Julián Pérez, un gran hombre que venía del Estado de México y que se hizo saltillense porque aquí murió. Yo sentía que nos consentían mucho esos dirigentes del PAN, pues nos buscaban y nos apreciaban porque empezamos pegando con engrudo las propagandas del PAN a los postes, cosa muy bonita”.

A pesar del recuerdo grato de esta noble labor, don Lorenzo menciona también que corrían mucho peligro, ya que el grupo de choque del PRI siempre andaba detrás de los jóvenes panistas para ver cómo los desanimaban para dejar dicha actividad proselitista; en algunas ocasiones, dice nuestro entrevistado, había a quienes les daban una golpiza y ya no volvían al Partido, tenían miedo.

“Yo tenía algo de Dios nuestro señor porque me acuerdo que me decía el mero bueno de ese movimiento, Ricardo Dávila, el Loco le decían, golpean a todos y cuando llegaban conmigo decía: No, no, al Lencho no le hagan nada, porque conozco a su papá y su mamá, y no me vayan a reclamar, y no me tocaban”, recuerda con una sonrisa este hombre de ojos claros.

Con los años, don Lorenzo y su hermano Rosendo se hicieron fundamentales en la lucha del PAN por llevar la democracia a Coahuila. Las historias de las primeras victorias del Partido Acción Nacional en el estado no se podrían explicar sin la participación y dedicación de estos dos invaluables panistas.

Un ejemplo de su entrega se dio en la campaña por la alcaldía de Monclova, en donde su trabajo fue vital para el triunfo de Carlos Alberto Páez Falcón (1979-1981), panista que años después repetiría en el cargo (1994-1996) y que en una tercera ocasión (1987) fue despojado del triunfo. La anulación indebida de esta elección desató múltiples acciones de resistencia civil por parte de la ciudadanía donde también participaron nuestros entrevistados.

“Hay mucho de qué hablar, pero más que contar de la historia del PAN en Coahuila, ya te dije algo para que lleves y des una idea. Hay más detalles, pero debemos tocar las cosas con mucho cuidado, porque no queremos desacreditar a nadie, algunos fueron buenos y otros más buenos, pero todos lucharon por México”, concluye don Lorenzo, un hombre de franca sonrisa y fácil charla.

 

Panista por convicción

Rosendo Burciaga llegó al PAN por invitación de Lorenzo, de trato sencillo pero un poco más serio que don Lorenzo, nuestro entrevistado, quien es acompañado por su señora esposa, Griselda Ana María Ramírez Sánchez, durante la charla, asegura no arrepentirse jamás de pertenecer al Partido, ya que sostiene que él está aquí por convicción y no por el interés de obtener un cargo público.

La muestra está en que tanto él como sus hermanos Lorenzo y Gerardo entregaron sus patrimonios familiares para fortalecer o incluso iniciar la presencia del PAN en Coahuila. En algunas ocasiones, dice, la labor se convertía en una pesadilla, puesto que había miles de carencias para sembrar inicialmente la semilla y que ésta posteriormente germinara en tierra fértil.

“En ese entonces, entre Lorenzo y yo prácticamente financiábamos casi todos los eventos. Nos acabábamos una camioneta de nuestra propiedad en cada campaña, pero al final sentíamos satisfacción de que, por ejemplo, en Monclova, la radio todos los días –primero a las 8 am y luego a las 10 pm- informaba que nuevamente Rosendo Burciaga abría un nuevo comité municipal, que ahora en Abasolo, ahora en La Frontera, ahora en Lamadrid, Sacramento y Escobedo”.

Don Rosendo comparte que en este trabajo tuvo la fortuna de trabajar con un gran colaborador, su compadre Armando Félix, con quien le tocó fundar el Partido no sólo en Monclova sino en toda la región centro-norte y desértica del estado de Coahuila. “Era una labor titánica, mucho muy difícil, pero llegamos hasta Sierra Mojada, a Candela, a Progreso, Juárez, Múzquiz, Sabinas, Escobedo y al pueblo de Lamadrid”, apunta quien, junto a su esposa, ayuda ahora, sin esperar nada a cambio, a los migrantes deportados por el gobierno de Donald Trump.

Con más de 50 años de militancia, Don Rosendo –quien fue el Primer Representante General del PAN en Estados Unidos- ha sido testigo de triunfos y derrotas del Partido en el estado, así como de experiencias personales nada gratas para él y su familia, mismas que lo obligaron a dejar su tierra querida y cambiar su residencia a los Estados Unidos.

Esta historia inicia en 1987, durante el proceso electoral estatal de Coahuila y donde competía por la gubernatura del estado María Teresa Ortuño. Previó a la jornada electoral, don Rosendo fue secuestrado y golpeado de forma brutal por supuestos agentes federales (puede consultarse la nota y el mensaje ofrecido por don Rosendo en la edición número 1743 de La Nación, 15 de noviembre de 1987), lesiones que lo tuvieron al borde de la muerte y que posteriormente lo obligaron a pedir asilo político en Estados Unidos.

“Después de eso me fui a los Estados Unidos, me pasó el diputado por Nuevo León, José Ángel Conchello Dávila, y allá se me concedió el asilo político; entonces, me convertí en el único mexicano con asilo político. En esa fecha se hizo un reportaje en la revista Proceso donde se informaba que había más de 600 solicitudes de mexicanos, pero metían la solicitud y ya no regresaban, o se perdían”.

Don Rosendo revela a La Nación que previo a su secuestro, el entonces gobernador de Coahuila, José de las Fuentes Rodríguez, se reunió con él en tres ocasiones para ofrecerle “regalos” con tal de que le bajara al tono de las denuncias contra el PRI-Gobierno, obsequios que el rechazó con la siguiente frase: esto yo lo hago por convicción.

“En la primera ocasión me dijo: Burciaga considérame tu amigo y ahí hay comida, hay vino en el gobierno, me da un fajo de billetes y me lo echa a la bolsa, no sé cuántos, dice yo sé que traes muchas necesidades, tu camioneta está en muy malas condiciones, pero retírate de esto, cuánto te paga tu partido. Le dije no, mi Partido no me paga nada, yo gasto de mi bolsa.

“A los tres días me vuelven a llevar y me da un cheque: Burciaga considérame tu amigo, mira aquí tienes un cheque en blanco, no tienes que ir llenándolo ahorita, le piensas en tu casa y le pones la cantidad que quieras, se los rompí.

“Y la tercera ocasión me da una tarjeta y dice: mira esta agencia en Monterrey, ahí tú vas a ir y te van a dar un carro y una camioneta, no te van a hacer preguntas ni tienes que firmar nada. Le dije que interesante, pero no las necesito”. Actitudes como estas nos hablan de la integridad ética y moral de nuestros entrevistados, Lorenzo y Rosendo Burciaga.

En esta etapa de su vida, don Rosendo –quien, junto a Isaac Gamaliel del Real Chávez, fue fundador del PAN en 27 estados de la Unión Americana- señala que ha tenido muchos sin sabores dentro del Partido, pero también considera que, si pone en una balanza todas sus experiencias, “han sido más, en mi caso personal, las satisfacciones que he tenido al ver el avance del Partido, el crecimiento o la germinación de aquella semilla que eché en tierra fértil en muchos lugares. En ocasiones no germinó inmediatamente, en algunos lugares fue más rápido y en otros más lento, pero finalmente hemos visto que si se ha logrado bastante”.