Lo que importa son las personas, empezando por su vida
Publicada el Jue, Ene 28, 2021

Por Héctor Larios Córdova.

“¡No te toca Manuel, no te toca!”, con este grito doloroso que intenta infundir ánimos despide en Hermosillo, una joven y exitosa ejecutiva, a su hermano cuando se encuentra en la ambulancia para llevarlo al hospital por agravamiento por el COVID-19.

Desde el segundo trimestre del año pasado, seguramente ya todos hemos tenido experiencias con personas cercanas del sufrimiento y la muerte que ha causado esta epidemia y que las autoridades se empeñan en mentirnos, rechazar toda solución y decirnos que está domada, ¿tiene responsabilidad el gobierno por estas tragedias? o ¿nada se podía hacer para evitarla o reducir sus daños?

De acuerdo con Gómez Morin, al gobierno le corresponde evitar el dolor evitable, aquel dolor que nos causamos unos a otros por acción o por omisión, en este caso la negligencia de la autoridad. Lo primero que debió hacer el gobierno (como en la mayoría de los países) es fijar como objetivo la reducción de las infecciones, a menor número de personas con el virus, menos probabilidad de contagio para los demás, y ¿cómo se reducen los contagios?, por la vía preventiva a través del aislamiento social, la sana distancia, uso de cubrebocas, limpieza continúa de manos, etcétera, y por la vía de la acción con pruebas masivas para detectar a los contagiados, aislarlos y conocer de las personas con las que tuvieron contagio para hacerles la prueba y encontrar a los segundos contagiados para hacer lo propio.

Sin embargo, al presidente López Obrador sólo le importó su imagen y la de su gobierno, y fijaron el objetivo en que hubiera suficientes camas de hospital. Para que nada afectara su imagen, a quienes acudían por atención médica los regresaban a su casa con medicamentos para bajar la temperatura (¡que se mueran en su casa, pero que no nos llenen los hospitales!), y la comunicación oficial se enfocó en la reconversión hospitalaria, la compra de ventiladores, etcétera.

Cómo lo que les importaba era sólo la imagen del presidente y su gobierno, entonces afirmaron que las pruebas no ayudaban, pusieron todas las trabas burocráticas para no autorizar su importación, al principio sólo autorizaron una docena de laboratorios para todo el país (“que la gente no sepa si está infectada, así cuando muera no cuenta en las estadísticas, la clasificamos como neumonía atípica”). De haberse aplicado pruebas masivas los conocedores afirman que el número de infectados sería entre 5 y 7 veces más de los que se reconocen.

Lo anterior tiene como consecuencia reducir el número de muertes registradas por COVID-19, varios estudios a partir de la comparación del número de muertes del año pasado con los cinco anteriores establecen que el número real de decesos por esta pandemia es de tres veces al que oficialmente se reconoce (144 mil 371), o sea 433 mil 113 mexicanos muertos, una verdadera tragedia, peor que el costo humano de cualquier guerra, y lo que falta.

Ahora son las vacunas la gran esperanza que todos tenemos de no ser afectados, la solución a mediano plazo por lo que había que adquirir cantidades suficientes y aplicarlas masivamente, como ya varios países lo están haciendo. Pero para el presidente López Obrador lo importante son las elecciones de junio y mantener la mayoría en la Cámara de Diputados, las vidas de los mexicanos no valen, lo importante es usar la vacuna para ganar votos.

Las empresas turísticas quisieran poder comprar vacunas para aplicarlas a todo su personal y así garantizar su seguridad sanitaria, las empresas de exportación tienen la misma intención con las personas que trabajan con ellos, lo mismo sucede con algunos gobiernos estatales y municipales. Pero el presidente López Obrador ha decidido que sólo su gobierno las puede importar y aplicar.

Si el objetivo fuera salvar vidas se permitiría a todos participar, hoy en día ya estaría inmunizada una buena proporción de la población, pero las vidas no importan, lo que manda son las elecciones, por eso se vacuna primero a los supuestos “servidores de la nación”, que son los que conseguirán los votos clientelares, a las poblaciones rurales (donde la proporción de infecciones es notoriamente más baja).

Al presidente López Obrador y a su camarilla los mexicanos no le interesamos, así como con la atención a la pandemia es el manejo de la economía, de la producción del campo, de las relaciones exteriores. Si logro mantenerme en el poder que importa que los mexicanos sufran o mueran.

México ha tenido gobiernos buenos, regulares y malos, pero no habíamos tenido un gobernante tan perverso, tenemos todos la obligación de hacer lo que podamos para que el primer domingo de junio, con el voto de la mayoría, demos el primer paso para detener esta tragedia.

 

Héctor Larios Córdova es Secretario General del CEN del PAN.

Twitter: @LariosHector

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