Las revoluciones no son eternas
Publicada el Vie, Dic 9, 2016

Por Miguel Ángel López Lozano.

¡Fidel Castro ha muerto! A los 90 años de edad ha fallecido uno de los dictadores comunistas más importantes del siglo XX. A pesar de la sorpresa, Fidel se encontraba ya alejado de la primera línea mediática con motivo de la recuperación de una serie de disfunciones intestinales que comenzaron a mediados de 2006, incluso llegó a especularse sobre un posible cáncer que hubiera sido tratado por uno de los mejores equipos oncológicos del mundo, el del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Como decimos, pura especulación, y difícilmente lo sabremos, porque el secretismo siempre ha virado en torno a las afecciones de los dictadores. Pero una cosa queda clara con su fallecimiento, fuera cual fuese la causa, se vislumbra un halo de esperanza para los más de dos millones de exiliados cubanos que tuvieron que huir para salvar sus vidas de una de las dictaduras más feroces y represivas de Iberoamérica.

Por mucho que algunos pretendan inmortalizar las revoluciones, todo llega a su fin. No existe revolución ideológico-política que no haya sido superada en el tiempo. El ser humano es limitado por definición, y por tanto, sus actos son limitados en el tiempo. Los acontecimientos extraordinarios pueden tener una trascendencia superior a la del causante, pero siempre limitada, y más aún si tiene como precedente y motor la violencia. El comunismo, como buena utopía, ha alimentado y alimenta la fantasía del paraíso en la tierra a lo largo del mundo, pero con un mismo resultado: la violencia, el caos y la pobreza.

Resulta paradójico que las autoridades cubanas hayan recordado en sus discursos de despedida la célebre frase repetida una y otra vez por Ernesto Che Guevara: “Los hombres pueden morir, pero las ideas no”. Paradójico porque la progresía internacional y la izquierda cultural silencian, por activa y por pasiva, que fue Fidel Castro quien mandó a eliminar al Che Guevara con motivo de las relaciones chino-soviéticas. Ernesto Che Guevara era pro-chino y Cuba no podía aprobar semejante relación con motivo de la dependencia absoluta que tenía la Isla con la Unión Soviética. Las purgas y ejecuciones de los líderes comunistas son una tradición que proviene de la revolución comunista y tienen su continuación en la dictadura de Corea del Norte.

Pero más paradójico ha resultado la reacción de la comunidad internacional, como era de esperar, donde el pensamiento políticamente correcto se ha instalado en los discursos occidentales como una praxis corriente, que manifiesta una cobardía que únicamente se explica bajo el cortoplacismo de los “políticos” que buscan a cualquier precio mantener su escaño. Resulta llamativo el miedo que genera en los líderes internacionales desvelar las atrocidades de la izquierda. Se ha tildado a Fidel Castro de “Presidente encomiable”, “Líder ejemplar” y hasta de “Héroe”. No acabamos de entender esos calificativos para un personaje que deja tras de sí miles de asesinatos, casi 60 años de dictadura y más de dos millones de exiliados.

La utopía comunista ha vuelto a golpearse contra la realidad, dejando tras de sí una población dividida, enfrentada y desmoralizada. Parece mentira que conociendo estos antecedentes tan recientes, los populismos de izquierda que tienen a estos sujetos como referentes ideológicos clamen en diversos países occidentales como la nueva política y alcancen elevados apoyos electorales. La comunidad internacional se lleva las manos a la cabeza ante los populismos de extrema derecha, pero obvia y tolera los de extrema izquierda, causantes de las mayores masacres de la historia.

El Libro negro del comunismo cifra en más de 100 millones los asesinatos bajo regímenes comunistas en todo el mundo. De ellos, dos tercios (65 millones de personas) perdieron su vida en China, especialmente durante las dos oleadas de represión masiva: la Revolución Cultural y el Gran Salto Adelante. Le sigue la Unión Soviética con un genocidio de 20 millones de personas, a lo que hay que sumar otros 2 millones de muertos a manos del gobierno en Camboya, otros tantos en Corea del Norte, 1.7 en África, 1.5 en Afganistán, un millón de personas en Europa del Este y varias decenas de miles en Iberoamérica.

La dictadura de Fidel Castro nos debería vacunar contra todo mesías revolucionario que venda utopías irrealizables, y que bajo falsas pretensiones, pretenda hacer de este imperfecto mundo un paraíso terrenal. Por desgracia, el ser humano tiende a chocar contra la misma piedra una y otra vez, de ahí la importancia de la pedagogía cultural y la formación de los más jóvenes con una educación de calidad apegada a la verdad.

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