Las niñas bien
Publicada el Jue, Mar 21, 2019

Por Mabel Salinas.

Es 1982 y México está en crisis financiera. Se trata del sexenio de José López Portillo, quien, aunque prometió “defender el peso como perro”, vio al dólar ebullir hasta las nubes por las decisiones de su gobierno. Se estatizó la banca comercial y se expropiaron 6 mil millones de dólares de ciudadanos que tenían cuentas con esa divisa en el país. La situación escaló hasta el punto de que, quienes pudieron, sacaron sus dólares del país o partieron al extranjero. Hacia finales de sus seis años al mando, la moneda se había devaluado 866 por ciento y lo había arrasado todo a su paso. La crisis no distinguió entre clases, nivel sociocultural, color de ojos o de piel. En este contexto se desenvuelve Las niñas bien.

Con base en la novela homónima de Guadalupe Loaeza, uno de sus libros más icónicos, la realizadora Alejandra Márquez Abella retoma esta desoladora encrucijada financiera para mostrarnos visos del panorama político y social con sutileza a la vez que contundencia discursiva. Ella centra su lente en la clase alta: particularmente en las mujeres de familia que, provenientes de escuelas de “alcurnia” y acostumbradas a la posición y el buen nombre, deben lidiar con el “estrés” de perderlo todo. Lo material, al menos.

Ilse Salas, actriz con una trayectoria boyante en títulos de corte histórico y/o biográfico (Güeros, Cantinflas), protagoniza en el rol de Sofía. Ella tiene un rol importante en su comunidad, entre sus amigas del club. Se cuchichea con ellas cuando otra mujer de su grupo pierde su estatus económico e invita a la “desgraciada” a su fiesta de cumpleaños por compromiso, no sin refunfuñar ni experimentar malestar. El festejo, además, ofrece a los invitados pulpo casero, aunque Sofía piensa que pudieron ser canelones. Tal vez para el año entrante. Su esposo le regala un lujoso Grand Marquis pese a que la situación del país pende de un hilo.

Sin embargo, Márquez poco a poco le abre los ojos a su protagonista: las tarjetas le son rechazadas y los cheques también. Ya no puede hacer compras insulsas que, para un país lleno de pobres sin nada que comer, son más que excesivos: un insulto a la humanidad y a la inteligencia. Con cadencia y sin morbo, lo que como espectadores vemos venir, ocurre. La estabilidad económica de Sofía se resquebraja, pero lo más catastrófico es su estatus social. Sus amigas le rehúyen, le obsequian las mismas sonrisas condescendientes que ella alguna vez obsequió.

Lo que hace la directora con Las niñas bien es un estudio social de enorme complejidad y numerosas capas. Por un lado, muestra lo artificiosos de un mundo basado en las apariencias y lo inconexo que un sector -el de la clase alta del país- siente con el resto de la población y de la realidad misma. Pasar tanto tiempo en el “Olimpo” ha enrarecido su visión del mundo. Por otro lado, demuestra que este tipo de vida de aparador es tan frágil como el cristal. Puede romperse de la noche a la mañana.

Pero Las niñas bien también habla sobre la doble moral, la hipocresía de ciertos círculos, la ausencia de amistades genuinas y la soledad desprendida de las relaciones basadas en la conveniencia. El estilo de vida que ejemplifica es uno donde nada es real, donde el esfuerzo o el trabajo es mal visto y donde hasta el cariño es una ilusión. Es un retrato duro de ver porque, a más de tres décadas de distancia, poco ha cambiado el país. Las crisis, ésas siempre serán personajes recurrentes en la historia nacional. A veces secundarios, a veces protagonistas, pero siempre miembros del reparto.

Mabel Salinas es Directora Editorial de enlaButaca.com y colaboradora de Cine Premiere.

@mabsalinas @EnlaButaca

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