Las debilidades de los mecanismos de comunicación política del gobierno
Publicada el Mie, Mar 25, 2020

Por Humberto Aguilar Coronado.

En las últimas semanas hemos sido testigos del derrumbe de las principales herramientas de comunicación política del Presidente de la República: su mañanera y los discursos en eventos masivos ante beneficiarios de los nuevos programas sociales.

Durante quince meses la conferencia de prensa del Presidente, bautizada como la mañanera por iniciar a primeras horas de la mañana, era percibida como un mecanismo a prueba de críticas, capaz de resistir embates de todo tipo y con la fuerza para permitir al Presidente marcar diariamente la agenda pública.

Desde ese foro, el Presidente, durante sus primeros meses de gobierno, colocó en el banquillo de los acusados –sin capacidad de réplica- a todos aquéllos que intentaron oponerse a distintas acciones de su gobierno.

La cancelación del aeropuerto de Texcoco, la reducción de los salarios de los funcionarios públicos, la decisión de construir Dos Bocas, el Tren Maya y Santa Lucía, fueron sustentadas (sin mayores justificaciones técnicas o financieras) en la voluntad del Presidente y en la aniquilación de la discusión pública desde la conferencia presidencial.

Cada uno de los programas sociales del nuevo gobierno fueron justificados desde ese foro por el Presidente. Ninguno necesitó estudios que los soportaran, ninguno requirió padrones de beneficiarios, ni indicadores de desempeño, ninguno fue sometido a la crítica de los especialistas para entrar en operación y con la sola fuerza de la comunicación política se gastaron millones de pesos diariamente en programas de los que es imposible medir sus resultados.

El otro sustento de la comunicación del gobierno eran las giras presidenciales. López Obrador gobernó los primeros meses de su mandato visitando las poblaciones más marginadas de México y recibiendo el cariño de la gente.

Las imágenes del Presidente rodeado de gente que lo abraza, lo saluda y lo besa, eran prácticamente la segunda imagen más vista de la actividad presidencial.

La política de comunicación social basada en la conferencia de las mañanas y en las giras presidenciales sufrió un duro golpe justamente en el lugar de origen del Presidente de México.

En el municipio de Macuspana, en el estado de Tabasco, el Presidente enfrentó una rechifla sonora que mostraba el descontento de los paisanos del Presidente.

Se ha querido explicar la protesta de los tabasqueños señalando que las rechiflas iban dirigidas al gobernador de Tabasco, Adán Augusto López, o al presidente municipal de Macuspana, Roberto Villalpando. Sin embargo, si observamos con cuidado el video de ese evento, observaremos con claridad que el reproche es directo al Presidente y que los motivos son dos, muy claros y sencillos: la gente reclamaba que no todos estén recibiendo los programas sociales del lopezobradorismo y porque no es cierto que las tarifas eléctricas que se anunciaron para Tabasco hayan resultado benéficas para la economía de los tabasqueños.

No sorprende entonces el reclamo. En su propia tierra, los paisanos del Presidente están inconformes por la política social del gobierno de la República y le reclaman con toda energía.

La imagen de López Obrador amenazando a sus paisanos con irse del evento, exigiéndoles que no griten y no chiflen, que respeten a la autoridad, deja en claro que no puede basarse la imagen pública del Presidente en la hipótesis de que la gente no le reclamará la ausencia del cumplimiento de sus promesas de campaña. Es un botón, tal vez no permita fundar una tesis, pero estoy seguro de que si el Gobierno sigue incumpliendo, el botón se repetirá en muchos otros lugares.

Por su parte, la conferencia de la mañana encontró su límite en la protesta de las mujeres que alcanzó su máximo en su marcha del 8 y su ausencia el 9 de marzo.

El Presidente decidió que la lucha de las mujeres era en contra de su gobierno y apostó por imponer su liderazgo para disminuir la lucha de las mujeres.

Quiso utilizar las mismas armas que le habían funcionado de maravilla en sus otros enfrentamientos: acusó a la reacción e inventó el feminismo de derecha, acusó a sus enemigos favoritos de promover los movimientos feministas a los que quiso debilitar dañando su credibilidad, acusándolas de recibir financiamientos de los enemigos que López Obrador ha encumbrado en el imaginario colectivo.

Durante dos conferencias de la mañana, el Presidente permitió que se acusara de corrupta a una relevante representante de la lucha en contra del feminicidio y solapó una clara amenaza en contra de su vida e integridad personal.

Como consecuencias de esos tropiezos, el presidente logró que un movimiento que no era en su contra se convirtiera en un sonoro reclamo en contra de la falta de políticas públicas claras y contundentes.

Por último, en la mañanera del lunes pasado, vimos cómo se destruía la credibilidad del responsable gubernamental de comunicar las políticas y acciones para prevenir y contener el coronavirus (COVID-19).

La figura que durante los últimos días fue responsable de mantener la calma en la población y de difundir la información seria, científica y profesional que se requiere para atender estos fenómenos de salud, fue obligado a defender la decisión del Presidente de la República de propiciar el contacto físico con grandes grupos de población.

El subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, sin datos, sin evidencia científica, sin parámetros médicos, sostuvo que el Presidente es algo así como una fuerza moral, algo ajeno a lo humano que no puede ser conducto de contagios de una enfermedad.

La seriedad del Subsecretario quedó fuertemente devaluada y las mañaneras demostraron que no pueden ser ya el soporte de la comunicación política del gobierno de México, a menos que el Presidente quiera seguir jugando al gobierno en lugar de ponerse a gobernar con seriedad.

 

Humberto Aguilar Coronado es Director General de la Fundación Rafael Preciado Hernández.

Twitter: @Tigre_Aguilar_C

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