La riqueza de las naciones 2018: los cambios
Publicada el Jue, Abr 26, 2018

Por Salomón Guzmán.

En tiempos de demagogia mundial y nacional es importante revisar los conceptos que tienen que ver con la dinámica de largo plazo de las economías. De ahí, la necesidad de revisar la evolución de la riqueza de las naciones. Y es que el concepto de riqueza es un indicador complementario al del PIB de una economía, el cual trata de mostrar si la dinámica de ésta puede sostenerse en el largo plazo.
Con otras palabras, el crecimiento de una economía tiene que ver con mayor inversión y la correcta administración de los principales activos con los que se cuenta, de acuerdo con el Banco Mundial . De no considerase el concepto de riqueza de una economía, no podría entenderse su salud en su conjunto, es decir, la medida típica del ingreso nacional no lograría mostrar, de manera clara, si la administración de activos es coherente con los objetivos para el desarrollo de muchos países.
Con ello, el concepto de la riqueza no es más que el flujo de ingresos que cada activo (capital, recursos humanos y naturales) puede generar en el lapso de su vida y que, al presentar cambios, la sostenibilidad del desarrollo sustentable logre ser mejor evaluado. El ingreso nacional numera si los ingresos de un país muestran tasas de crecimiento constantes, mientras que la riqueza indica los aspectos de mantener ese ingreso en crecimiento a lo largo del tiempo.
En consecuencia, son indicadores complementarios bajo el marco del desarrollo sustentable. De acuerdo con la institución internacional, la sostenibilidad en el presente siglo dependerá no sólo del capital producido, sino también de las inversiones en capital humano, la fortaleza de las instituciones y gobierno, y la integración del capital natural.
La riqueza en el mundo incrementó 66 por ciento de 1994 a 2014. Los países de ingresos bajos dependen principalmente del capital natural para su desarrollo económico. En ese entendido, la participación del capital natural disminuye gradualmente a medida que los países pasan de un estado de ingresos bajos a medios y altos, de tal suerte que el capital humano representa el 70 por ciento de la riqueza en los países de ingresos altos de la OCDE y el capital natural sólo el 3 por ciento, aproximadamente.
Las economías sólo pueden ir más allá de la producción de subsistencia de alimentos y refugio a la manufactura y los servicios, con la adición de capital humano, infraestructura y capital producido. Que un país sea rico no significa disminuir el capital natural para obtener otros activos, es más, el capital natural por persona en los países de altos ingresos es tres veces mayor que en los países de bajos ingresos, $19,525 contra $6,421, a pesar de que la participación del capital natural en los países de altos ingresos sea sólo del 3 por ciento.
El desarrollo implica un uso más eficiente del capital natural, para así aumentar la productividad de los otros activos en conjunto con políticas robustas que incentiven la inversión pública y privada. Tradicionalmente, los economistas miden la productividad al considerar sólo las existencias de mano de obra y el capital producido, no obstante, la productividad multifactorial representa factores tales como una gestión más eficiente y cambios tecnológicos que no están incorporados directamente en las existencias de capital.
Este enfoque tradicional ignora el papel del capital natural en el crecimiento económico y envía señales engañosas sobre el progreso económico de un país, sobreestimando el crecimiento económico en países que dependen del agotamiento de los recursos naturales. El capital natural plantea diferentes desafíos de desarrollo para los países que dependen de recursos renovables (tierras agrícolas, bosques y áreas protegidas) frente a recursos no renovables (combustibles fósiles y minerales).
Los recursos renovables son únicos en el sentido de que si se gestionan de manera sostenible pueden producir beneficios de largo plazo. Los beneficios petroleros, por ejemplo, proporcionan ingresos sustanciales para financiar el desarrollo y llevar a un país a una trayectoria de mayor crecimiento. En términos per cápita, la riqueza del capital humano se situó en $108,654 por persona en 2014 frente a $88,874 en 1995, lo que representa aproximadamente dos tercios de la riqueza mundial.
Una mano de obra calificada parece ser la clave del desarrollo en una economía cada vez más globalizada, además, el autoempleo es mucho más alto en los países con niveles más bajos de riqueza de capital humano, dado que muchas personas en esos países están trabajando en la agricultura de subsistencia y las empresas muy pequeñas en el sector informal. Las tasas de crecimiento del capital humano entre los países parecen ser convergentes.

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