La Revolución tras bambalinas
Publicada el Lun, Ago 27, 2018

Por Carlos Castillo.

Las grandes efemérides de toda historia patria guardan detrás una serie de actores y de situaciones que, por quedar opacados por los grandes acontecimientos, son relegados al especialista o al académico, en una suerte de olvido donde permanecen detalles muchas veces clave para la comprensión profunda, en su contexto y circunstancia, de aquellos hechos que transforman el destino de una nación.

Para llenar ese vacío, el género biográfico ofrece una ventana que, desde la particularidad de la persona, desde su propia experiencia y sus propios andares, permite asomarse a detalles que sin aparecer en el calendario de festividades oficiales, son también clave para comprender la complejidad de los procesos históricos, y cuánto de lo que termina por ser celebración se debe a hechos particulares escondidos en la vida de los protagonistas de la gran historia.

La Revolución Mexicana es, en ese sentido, una fuente vasta de personajes y acciones que van mucho más allá de lo que la difusión escolar permite abarcar. Y entre aquellos se encuentra la vida de Ricardo Flores Magón: periodista, activista, promotor de ideas que sin llegar a la sistematización que permite una gran obra, resultan clave para entender los antecedentes y el desarrollo de aquel hecho histórico desde una perspectiva marginal, como lo fue su vida, como lo fue su pensamiento, pero sin duda parte de un mosaico que en la efervescencia de inicios del siglo XX es pieza importante para comprender la complejidad de un conflicto que marca el inicio de la modernidad mexicana.

A Flores Magón lo marcó siempre la distancia: la que le impuso el exilio en Estados Unidos durante el tiempo de Porfirio Díaz; la que lo confinó a largas temporadas en prisiones en ambos lados de la frontera por su activismo entre el campesinado mexicano o el trabajador en las tierras norteamericanas; la que lo llevó a radicalizar sus ideas cuando Francisco Madero triunfó en el primer proceso democrático del nuevo siglo; la de quien elije la trinchera de las ideas en momentos en que hacían falta sumarse a una lucha armada; la del que, inmerso en la sospecha de quien se sabe perseguido, reniega de familia, amistades y aliados… Una separación constante, una ruptura reiterada, una congruencia que rayó en el radicalismo de quien no alcanza a entender que hay que ceder un poco de lo propio para ganar en lo colectivo.

Y sin embargo, desde esa posición casi siempre sumergida en lo marginal, sus causas en defensa de la justicia social se incorporan en el gran ideario que pone fin a la Revolución Mexicana: la Constitución de 1917. No con la exactitud ni en los términos precisos que él hubiera deseado, ni con la tajante postura de derruir un sistema para dar paso al “hombre nuevo”; sí, en cambio, desde esa reivindicación de quienes permanecieron marginados de una época –la del Porfiriato– que trajo bonanza para los menos a costa de la miseria de los más.

El historiador Claudio Lomnitz llamó a su gran biografía del oaxaqueño El regreso del camarada Ricardo Flores Magón (Ediciones Era, 2016), y el título es quizá un modo de salvar la distancia que el propio personaje padeció y, no pocas veces, alimentó durante su vida: una investigación minuciosa de más de 700 páginas que impacta por su precisión en el detalle, por su búsqueda en archivos que van desde los del Departamento de Estado estadunidense o los de la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana hasta correspondencia personal, estudios realizados por universidades norteamericanas, novelas de la época excluidas de los catálogos de cualquier editorial o actores que quedaron relegados de la historia oficial.

Con base en ese extenso material, Lomnitz arroja luz sobre hechos que fueron clave en distintos episodios previos y durante la Revolución. Destaca, por ejemplo, el uso que Flores Magón y sus allegados hacen en Estados Unidos de las condiciones de esclavitud que padecían los campesinos mexicanos, y cómo se utilizan las investigaciones al respecto para sensibilizar a la opinión pública de EEUU acerca del carácter dictatorial del régimen de Díaz. Asimismo, cómo aquellos que padecieron persecución por sus ideas antes de 1910 debieron reconocer a su pesar que el liderazgo de Madero capitalizaría el esfuerzo iniciado décadas atrás desde el periodismo y la propaganda.

Un caudal de información, en suma, que busca devolver su lugar a uno de tantos que abrazaron una convicción y estuvieron dispuestos a sostenerla hasta el último momento, hasta la última línea, hasta el último encierro, como aquel en el que Flores Magón falleció: lejos de su país, lejos de los suyos, hoy un poco más cerca para el lector que concluye una obra que busca demostrar que hay legados que no saltan a simple vista y en los que vale la pena ahondar.

 

Carlos Castillo es Director de la revista Bien Común.

Twitter: @altanerias

Comentarios

comentarios