La necesidad del Estado
Publicada el Vie, Ago 28, 2020

Por Javier Brown César.

Una ola de indignación y protesta recorre hoy el mundo. Muchas personas ven con miedo un futuro incierto que se cierne ante una humanidad en la que las injusticias, las desigualdades y las penurias son parte de la vida cotidiana de millones de personas. La insatisfacción con el momento presente se nutre de la falta de expectativas, de la quiebra de las esperanzas y del final de tantos sueños y anhelos.

El coraje de muchas personas se ha traducido en un voto ciego e irreflexivo hacia alternativas políticas que prometen soluciones fáciles de entender pero prácticamente imposibles de llevar a la práctica. La necesidad de respuestas inmediatas, la impaciencia de quienes no tienen qué comer, dónde vivir y en quién creer, se ha traducido en el apoyo incondicional a gobiernos populistas que florecen en varios continentes.

Junto con el fanatismo hacia las alternativas populistas surge también un discurso que desprecia a la política, repudia a los políticos y promueve el anarquismo contra el orden estatal. Las protestas interminables ponen en entredicho el prestigio mismo del Estado, si no es que a la propia institución estatal.

El Estado no es una construcción perenne y definitiva, sino un logro evolutivo de la civilización y la cultura. Los griegos no conocían otra realidad que la de las ciudades (polis) y los romanos transitaron de la monarquía a la república y al imperio. Para un autor tan insigne como Marco Fabio Quintiliano la noción de estado se vinculaba a la oratoria y no a la realidad de lo político. Fue Maquiavelo quien introdujo la idea de Estado y Thomas Hobbes quien le dio sustento filosófico perenne.

Todavía hoy, hay quienes defienden al Estado con base en las premisas del genial autor del Leviatán, suponiendo que la justificación de la realidad estatal radica en que esta forma superior de organización humana existe para garantizar la seguridad de las personas; nada más falso y frágil que esta fundamentación. Si alguna función tiene el Estado es la gestión del bien común, lo que comprende vida, seguridad, propiedad, salud, educación y cultura.

El problema de los populismos es que su conducción política destruye la esencia misma de la institución estatal, a partir de ideas improvisadas, narrativas delirantes y políticas abiertamente destructivas. Ya Manuel Gómez Morin alertaba desde joven sobre las adversas consecuencias derivadas de la improvisación y la necesidad de tener, lo que podemos llamar, visión de Estado: “necesitamos… tener un plan concreto, definido categórico de acción en la política interior y en la exterior. Que el gobierno sepa qué quiere hacer y cómo le va a hacer”, escribía el fundador de Acción Nacional.

Desafortunadamente muchas personas que se dedican a la política, lo hacen no por vocación sino como negocio, no como la respuesta a un llamado al servicio, sino como la mejor alternativa para buscar fortunas fáciles, dineros expeditos y lealtades incondicionales. No obstante, la política es una actividad, un arte y una ciencia superior que requiere formación, pasión, disciplina y entrega total.

La práctica política demanda tener una auténtica visión de Estado. Para Aristóteles la vista es, de todos los sentidos, el que más amamos, ya que “nos da a conocer un gran número de diferencias”. La visión implica entonces discernimiento, capacidad de distinguir y separar, de agrupar y coordinar, de ahí que la miopía política destruye la práctica porque impide ver más allá del corto plazo, del interés propio y del cerrado grupo de secuaces, aduladores y seguidores.

En su importante obra sobre el alma Aristóteles decía que: “La luz, si se detiene en un objeto tenue, lo hace transparente de modo que puede verse por entero”. De ahí que un segundo aspecto de la visión implica la capacidad de alumbrar la realidad, de arrojar transparencia ahí donde prevalece la opacidad, de revelar lo difícilmente visible, de evidenciar lo que debe ser público y de publicar lo que no puede permanecer oculto, como el patrimonio o la salud de quienes sirven a una nación.

La visión se da sólo en quienes, como los viejos generales atenienses (los estrategos), son estrategas. Para ello se requiere tener una vista panorámica, capaz de abarcar el ancho universo de los problemas públicos sin perderse en nimiedades, sin incurrir en reduccionismos peligrosos y sin obviar las señales que nos manda una realidad prácticamente inabarcable, que demanda consejeros expertos que orienten la virtud de la prudencia a partir del buen consejo. Sólo puede haber visión desde una perspectiva adecuada, desde una cierta distancia que implica un punto de observación superior, una atalaya que permita lograr un desapasionado dirigirse a la realidad para buscar la exacta naturaleza de los hechos, comprender algunas de sus causas y atisbar con rigor sus fundamentos.

¿Por qué es necesario el Estado? Santo Tomás de Aquino, en los principios de la realidad natural distinguió un doble orden de prioridad: en el orden del tiempo y en el orden de la perfección. En el orden del tiempo, el Estado es, como ya dijimos, una realidad posterior a la existencia de organizaciones humanas, es posterior a la polis griega y a la civis romana, es posterior a feudos y ciudades. Pero desde el punto de vista del perfeccionamiento de la vida humana en comunidad, no existe una realidad política, una forma de organización que sea superior al Estado.

La urgencia humanista implica revitalizar al Estado, devolverlo a su función esencial que es la gestión cotidiana del bien común, así como dotarlo de herramientas normativas e institucionales adecuadas para responder a los retos del presente y anticiparse, en la medida de lo posible, a los escenarios del futuro. El Estado demanda un aparato administrativo profesional, un liderazgo con visión y una justificación superior al del mero logro de la seguridad cotidiana.

Hoy, ante la necesidad de fortalecer al Estado, el populismo se nos presenta como una alternativa fallida, como un gobierno carente de visión, pleno de improvisación y destructor de normas e instituciones. El futuro de la humanidad sólo será sustentable y viable si recuperamos la naturaleza y dignidad del quehacer político, como una actividad superior orientada al bien más fundamental y principal: el bien común, y dicho bien sólo puede realizarse en la mejor forma de organización que nos hemos dado, como humanidad, hasta el momento: el Estado.

 

Twitter: @JavierBrownC

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