La necesaria actualización ideológica
Publicada el Mar, Dic 11, 2018

Por Carlos Castillo.

El siglo XX fue llamado el de las ideologías: dos modos de entender y de interpretar la realidad estuvieron en pugna desde el final de la segunda guerra mundial –el liberalismo y el comunismo– y definieron hechos y fenómenos que marcaron lo que a la postre fue una historia compleja, maniquea, de conflictos bélicos que afectaron en mayor o menor medida a toda la humanidad.

A medio camino entre uno y otro extremo, y con el centro político como espacio por construir, la democracia cristiana surgió en los años cincuenta como un esfuerzo que permitiera una alternativa de convivencia; nació en Europa y extendió su pensamiento hacia América Latina como un punto medio donde la economía de mercado y las libertades encontraron una articulación que logró guiar la vida pública en países como Italia, Alemania, Chile y México, impulsando transiciones y estabilidad democráticas bajo el signo de una nueva ideología que huyó de la bipolaridad que no pocas veces cayó en totalitarismos ideológicos o de gobierno.

Si bien en nuestro país fueron las tesis de Manuel Gómez Morin y Efraín González Luna las que desde los años cuarenta lograron, de manera anticipada, esa síntesis ideológica y de praxis política, fue Efraín González Morfín quien llevó a su punto mejor logrado un esfuerzo de claridad conceptual que permitió al Partido Acción Nacional contar con un anclaje de ideas y conceptos para presentarse ante la ciudadanía como una opción distinta y distinguible.

El solidarismo fue así el concepto rector con el que el pensador jalisciense articuló esas nuevas ideas a partir de un documento clave de la vida interna panista “Cambio democrático de estructuras”, que vio la luz luego de la masacre de 1968 en Tlatelolco, en una de las épocas más complejas de la historia moderna de México, cuando hacían falta ideas nuevas que salieran de la retórica divisoria y construyeran nuevos espacios para mirar el futuro.

Y es ese documento, luego publicado como parte del esfuerzo editorial de difusión que distinguió el PAN desde su primera hora, el que abre el volumen Textos selectos, de Efraín González Morfín (Fundación Rafael Preciado Hernández, 2018), una antología que reúne mucho del material del que fuera candidato a la Presidencia de la República en 1970 y presidente del PAN en 1975, disperso en folletos y pequeños tomos que aparecieron durante su vida y que, acompañados del estudio introductorio de Fernando Rodríguez Doval, buscan difundir y dar a conocer la obra de un pensador que supo responder desde las ideas y desde la acción política a los enormes retos de un tiempo convulso y complejo.

Dividido en nueve capítulos, esta compilación rescata asimismo otro de los grandes conceptos que Gonzaléz Morfín recupera e incorpora a las tesis panistas: la justicia social. Y es que en un país que padecía una pobreza de capacidades y de ciudadanía como la de entonces, resultaba impostergable que, a la luz de la dignidad de la persona humana, se pusieran en el centro de la preocupación del partido esa miseria que todavía hoy reduce a millones de mexicanas y mexicanos a la sobrevivencia, a la marginalidad y a la precariedad.

De igual forma, se incorporan a esta obra reflexiones sobre la organización, el trabajo y la forma en que el Partido Acción Nacional se desenvuelve como institución, buscando siempre dotarlo de nuevas fortalezas, de actualidad y vigencia, para alcanzar con ello que sus procedimientos y su vida interna sean reflejo fiel, desde el comportamiento personal y el colectivo, de una forma de hacer política que tuvo siempre y siempre deberá ser reflejo de sus profundos valores y principios.

Un apartado especial está dedicado, además, a reunir algunos de sus discursos de la campaña presidencial de 1970, con la finalidad de mostrar la manera en que unas ideas y unos conceptos que parten del pensamiento filosófico pueden y deben transformarse y traducirse al lenguaje coloquial, el de la gente, el de la plaza, el de quien busca razones y argumentos para respaldar a un partido. Al respecto, la última parte de estos Textos selectos incluye el discurso “Sentido del humor en la política”, que mediante una evocación de la amistad y la camaradería busca desacralizar los ritos y los símbolos que empantanan y tergiversan la vida pública para hacerla más amena, menos solemne, más humana y cercana.

Si el siglo XX, en suma, fue el de las ideologías, el XXI ha sido el del vaciamiento ideológico: escepticismo, apatía e indiferencia se convierten en nuestros días en las reacciones de las sociedades en todo el mundo frente a la actividad política. Y los partidos de la democracia cristiana, en ese contexto, padecen la fuga de votos y simpatías que ya desde 1989, tras la caída del muro de Berlín, afectó a la izquierda por su incapacidad de adaptarse a una nueva era.

Obras como la de González Morfín son pues oportunidad para recordar que el pensamiento no es un tótem ni una piedra que pueden permanecer inmóviles e inalterados: hace falta, como hizo falta ayer, como sigue siendo imprescindible, dotar de imaginación, de nuevas palabras, de nuevos conceptos y nuevas formas de acercamiento con al ciudadanía a una filosofía –el humanismo político– que cuenta de sobra con capacidad para dar respuesta a los no pocos problemas que padece en esta época la democracia, el sistema de partidos y el económico… El orden, en suma, sobre el que aprendimos a convivir.

Carlos Castillo es director de la revista Bien Común

Twitter: @altanerias

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