La mentira como herramienta de la política de comunicación social
Publicada el Lun, Nov 25, 2019

Por Humberto Aguilar Coronado.

En estos días fuimos testigos de un ejemplo grave de utilización de hechos falsos, hablando estrictamente, del uso de mentiras en el manejo de la comunicación política del Gobierno federal.

La forma en que el gabinete de Seguridad Pública se presentó ante la opinión pública para reaccionar e informar sobre los sucesos de Culiacán, Sinaloa, en donde los cuerpos de seguridad intentaron capturar a Ovidio Guzmán, mostró las debilidades de la estrategia de comunicación de este gobierno y, mucho más grave, la facilidad con que los altos funcionarios de la administración recurren al uso de falsedades en el manejo de la comunicación.

Acostumbrados a que la comunicación política de esta administración se concentra en la figura del Presidente de la República, el caso Culiacán tiene las siguientes características:

  • Se trató de una crisis política derivada de errores tácticos y operativos de los funcionarios que encabezan las tareas de seguridad en el gobierno;
  • el manejo de la información y de los mecanismos de comunicación fueron desastrosos;
  • la información aumentó el nivel de incertidumbre en la sociedad en lugar de ofrecer certezas.Para tratar de entender los motivos del gobierno para tomar esa decisión debemos realizar un breve análisis de la forma en que funcionan algunas de las herramientas claves en el proceso de comunicación política.En estos términos podemos afirmar que cualquier forma de gobierno necesita para garantizar su existencia, permanencia y, en su caso, reproducción, de un mecanismo de comunicación que permita generar emociones, transmitir ideas y valores, procurar principios e ideas que logren generar la aceptación del grupo gobernante por la comunidad.Así pues, en democracia, política y comunicación están indisolublemente vinculadas, ya que la acción política exige ser eficazmente comunicada para alcanzar legitimación y consenso.Por ello, hoy hablamos de la mediatización de la comunicación política. Ese fenómeno supone que el discurso político debe mediatizarse, es decir, debe ajustar su forma y sus contenidos a las características y necesidades de los medios.Y esa narrativa encuentra sus mejores aliados en la polarización, la simplificación, el uso intensivo de estereotipos y la promoción de escándalos.
  • Parece que esta administración federal ha apostado francamente por la masificación del mensaje político, veamos:
  • Esta premisa tiene consecuencias muy profundas en la salud de un Estado Democrático de Derecho, ya que lleva a la conclusión de que la discusión de la cosa pública debe vaciarse de contenido para favorecer los esquemas convenientes a la cobertura de los medios de comunicación y hacer atractivo el mensaje para el público entendido como masa.
  • Legitimación y consenso son bienes políticos en los que se apoya la capacidad de acción de los gobernantes, ya que permiten reducir el nivel de inestabilidad y vulnerabilidad de sus cargos; de tal forma, que se propicien condiciones para la continuidad del proyecto político en cuestión. La comunicación política, entendida como pilar central de la estabilidad y apoyo del gobierno, se desenvuelve en el terreno de los medios masivos de comunicación.
  • En democracia la comunicación política alcanza su máxima relevancia, pues en ese régimen político es fundamental el consenso y la legitimación. Los políticos, en la medida en que toman decisiones que impactan para bien y para mal en la sociedad, necesitan que los gobernados comprendan los motivos de las decisiones.
  • Max Weber[1] sostenía que en todos los regímenes políticos, en todas las culturas y épocas, la comunicación se ha orientado a fortalecer el mandato de un determinado tipo de dominación y, de esta forma, garantizar la obediencia de los ciudadanos, es decir, a crear las condiciones necesarias para el funcionamiento de cualquier relación dominante-dominado.
  • Dadas las peculiaridades que se observan llama la atención que la primera reacción del Gobierno federal en el manejo de la información fuera la de intentar ocultar la verdad. Parece que la decisión inicial del gobierno hubiera sido manipular la información para proteger su reputación y la responsabilidad de los actores involucrados en las decisiones.
  1. Personalismo. La política de comunicación social del gobierno de la República está centrada en la sobre explotación de la persona del Presidente porque se trata de un personaje sumamente atractivo para la masa que consume medios;
  2. Polarización y confrontación. En el corazón de la comunicación política del gobierno de la República se encuentra una estrategia de polarización y confrontación que aspira al aplauso fácil de un amplio segmento de la población;
  3. Generación de estereotipos. Fifís, conservadores, imperialistas, explotadores. Estereotipos diseñados para convertirse en el estigma contra el que lucha el gobierno;
  4. Simplificación. El rasgo más característico de la comunicación política de este gobierno es la simplificación. No importan los datos de los especialistas, es más, los especialistas son agentes de la derecha ultraconservadora que aspiran a ver fracasar al gobierno. No importa la evidencia, la evidencia es simplemente un argumento tendencioso de los portadores del mal. No es necesario profundizar en las explicaciones de ningún tema. Desde la superioridad moral se apela a la confianza ciudadana, la cual es aplaudida siempre y cuando no aspire a que se le rindan cuentas.Este desdén por la verdad puede ser útil a los fines del gobierno en el manejo de la comunicación cotidiana, pero es absolutamente peligroso en el manejo de crisis políticas y catastrófico para la salud democrática de México.
  5. En el caso de Culiacán se inventó la mentira del patrullaje de rutina y el ataque desde una casa donde resultó que estaba una persona reclamada por la justicia.
  6. Hemos descubierto cómo en la estrategia de comunicación política de esta administración se privilegian mensajes cuyo contenido es llamativo para la audiencia, pero que no necesariamente responden a la verdad o a hechos ciertos y verificables.
  1. Me parece evidente que el hecho de que la primera reacción del aparato gubernamental frente a la crisis fuera apostar por una mentira que permitiera ocultar las fallas de las que eran responsables, tiene, por lo menos, las siguientes explicaciones:
  2. la tomaron funcionarios que no están habituados a responder por los actos del gobierno, ya que esa tarea recae en su jefe de manera habitual;
  3. los funcionarios asumen que es válido falsear la información si con ello se logra salvar el prestigio del gobierno;
  4. se minimizan los daños que puede causar el manejo de información falsa al suponer que el discurso polarizador desviará fácilmente la atención.
  5. Descubrir que el gobierno acepta el uso de la mentira en los asuntos públicos como parte de sus estrategias de comunicación es gravísimo, pues significa que en ésta, como en otras materias, no se está dispuesto a respetar las reglas de la democracia. El caso Culiacán se convierte en otro ejemplo del desdén democrático que sustenta el actuar del Gobierno federal. Es un capítulo vergonzante más en la lista que crece y crece todos los días, ayer, por ejemplo, con el descarado fraude en la designación de la titular de la CNDH.

[1] Weber, Max. Economía y Sociedad. México, Fondo de Cultura Económica. 1979.

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