La lógica de los gobiernos humanistas
Publicada el Mar, Jun 23, 2020

Por Javier Brown César.

El humanismo político, además de una concepción integral de la persona humana, de su dignidad y su destino temporal y eterno, es un estilo de gobernar que tiene características propias, específicas, que hacen que los gobiernos humanistas sean distintos y distinguibles.

La base de todo gobierno humanista es la forma como se concibe al ser humano. Célebre es sin duda la frase de Terencio, que a su vez la retoma de Menandro, y que se encuentra en la comedia El atormentado: “hombre soy y nada de lo que es humano me es ajeno”. El humanismo como filosofía del gobierno conlleva una visión de la ciudadanía como un conjunto organizado de personas humanas que aspiran a la realización del mayor bien posible para toda comunidad política: el bien común.

Para los gobiernos humanistas el ser humano es persona, con aspiraciones y anhelos, con necesidades e ideales, con miedos y esperanzas. La persona se caracteriza por su afán de trascendencia, por su apertura hacia los demás y por su naturaleza individual; cada persona es importante, porque en el interior de cada uno radica la dignidad esencial que nos hermana en una comunidad vinculada por lazos que van más allá intereses y negocios.

Un gobierno humanista apuesta de forma decidida por cada persona individual, ahuyentando con sus acciones el principio utilitario según el cual se debe logar el mayor bien para el mayor número posible. El principio que obliga a atender a cada ser humano en su individualidad es el reconocimiento y la acción decidida para que cada uno pueda realizar su fin trascendente. Como se afirma de forma contundente en los pilares del humanismo: “si el bien común atentara contra el fin trascendente de una sola persona, dejaría de ser bien y dejaría de ser común”.

Gobernar para las personas implica generar relaciones de proximidad, acercar el gobierno a la ciudadanía a partir de una forma más decidida de incidir en la vida de las comunidades con el objetivo de hacer que estas últimas sean cada vez más ordenadas y generosas. La cercanía implica abrir al gobierno, transparentarlo y acercarlo a las personas a partir de una interacción frecuente con la ciudadanía. La rendición de cuentas es un eje fundamental del actuar de un gobierno que se sabe deudor y que asume el principio ético de altura de Emmanuel Lévinas: la ciudadanía siempre se encuentra en una posición más elevada. Si el gobierno es pensado como un gigante ostentoso y obeso, fácilmente podrá aplastar a la ciudadanía, pero si se le concibe como una oportunidad de servicio, deberá subordinarse incondicionalmente a los fines superiores del servicio.

Un gobierno humanista pone en práctica la democracia, sus valores y principios, abre espacios de participación en los que se da la suma de voluntades y no nada más un agregado de soledades. La democracia es valiosa porque garantiza el pleno imperio de la ley, evita la concentración de la fuerza y limita los posibles abusos del poder. En un sistema democrático, la ciudadanía es el actor determinante que debe tener la última palabra sobre su propio destino.

Un gobierno al servicio de las personas demanda la profesionalización de los cuadros gobernantes y que el trabajo técnico sea realizado por técnicos. Genera también un espacio de convivencia cada vez más humano que propicia un clima organizacional y laboral armonioso en el que se repudia toda forma de violencia, discriminación y corrupción. Sin el decidido fortalecimiento de la administración y de la hacienda pública, no es posible transferir beneficios a la ciudadanía haciendo uso de los recursos públicos para la generación de cada vez mejores condiciones de vida, material y espiritual.

El humanismo político, más allá de una filosofía, es una forma de vida que genera una cultura, construye un nosotros cada vez más amplio e incluyente, y edifica la prosperidad futura, con base en decisiones acertadas, técnicamente orientadas, en el momento presente. Al expandir el ámbito de acción haciendo que el gobierno sea orgullo de las personas y baluarte de la unidad, se generan inclusión y apertura tolerante, respetuosa y responsable para con los disidentes, lo que garantiza su libre expresión y el pleno respeto a sus diferencias.

Hacia la comunidad debe darse un trabajo comprometido para fortalecer el tejido social, generar confianza y ahuyentar el miedo, porque no hay peor gobierno que el que basa el respeto ciudadano en el terror y la opresión. El humanismo exige también luchar a favor de los más vulnerables y los desfavorecidos con la convicción de que no hay peor gobierno que el que basa su hegemonía en el hambre y la miseria.

En el ámbito de las políticas sociales es imperativo transferir beneficios y no costos. El diseño de las políticas sociales debe basarse en la técnica de Manuel Gómez Morin, ya que el proceso de la acción política: se fundamenta en el conocimiento puntual de la realidad; se basa en propósitos claros con un fin valioso que sea posible alcanzar, a partir de objetivos, metas e indicadores que den certeza sobre el actuar del gobierno; y demanda el pleno dominio de los medios de acción en el momento de implementación de las políticas a partir de sistemas de monitoreo y evaluación, con participación de la ciudadanía mediante instituciones como la auditoría y la contraloría social.

Un factor decisivo de todo gobierno humanista es la centralidad que se da a la persona humana, a cada persona humana. No hay habitante pequeño, ni necesidad personal que no deba ser atendida por el gobierno, bajo el yugo de la hipoteca social que pende sobre todo servidor público cual espada de Damocles: el servidor público se vuelca hacia la ciudadanía con la convicción de que lo que le debe a la sociedad es impagable.

El ejercicio propio del poder de un líder humanista no se debe dar bajo un modelo vertical e impositivo, sino bajo el modelo ideal de lo que Michel Foucault llamó, en su última gran obra, poder pastoral, el cual se caracteriza por el apego a la verdad, el cuidado de cada persona individual y el ejercicio prudente del gobierno, buscando en todo momento el consejo de quienes más saben, de tal forma que los medios de la acción política sean los idóneos para forjar el bien común, fin superior de todo auténtico gobierno humanista.

 

Twitter: @JavierBrownC

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