La librería “secreta” de la Ciudad de México
Publicada el Mie, Nov 22, 2017

Por Maricarmen Rizo.

Resguarda tesoros literarios como primeras ediciones de reconocidos escritores, códices, libros firmados por sus autores, obras antiguas, ediciones limitadas, colecciones especiales y algunas reliquias prehispánicas, es “El Burro Culto”, una selecta librería de publicaciones antiguas sólo para lectores exquisitos.

Ubicada en algún lugar de la Colonia Roma en la Ciudad de México, en donde incluso los vecinos no imaginan que el viejo departamento de techos de madera protege bibliografía invaluable, desde hace nueve años su dueño, Max Ramos, la creó para lectores con gran sed de conocimiento. Además, al no estar a simple vista la protege de ladrones.

El lector, “como buen felino husmea, olfatea y llega a este lugar por cuenta propia, porque además el libro antiguo o usado requiere de este apetito de buscar entre miles y miles de materiales. Mi clave es dejar la puerta entreabierta eso sí, no se trata de poner candados, que nadie encuentre la llave”, señaló a La Nación.

Entrevistado en la misteriosa librería, con grato olor a libro viejo por los aproximadamente ocho mil que cuenta, Max Ramos nos mostró algunos de sus preciados ejemplares, como un libro del año 1816 del que solamente se imprimieron 20 ejemplares, pero que contiene cartas hechas por un tipógrafo norteamericano que viajó a Chile; la importancia es que de ahí nació la Carta Magna de aquel país latinoamericano. Entre sus libreros o baúles conviven también Pedro Páramo con Historia de los Tulipanes (libro francés de 1840 con sus láminas a color) o La Historia de México, una obra de Carl Christian Sartorius e ilustrado por Johann Moritz Rugendas, publicada en 1855.

Max, quien desde hace 18 años es librero de tiempo completo, aprendió tarde a leer porque su madre anduvo “a salto de mata siempre huyendo”, pero una vez que conoció el abecedario en una comarca polvorienta, gracias a un sacerdote jesuita, no soltó las letras y se licenció en Literatura Dramática y Teatro. Dramatismo y teatralidad que imprimió en la librería decorada con detalles como zapatillas en los picaportes, raros lienzos en las paredes, cama con base de libros, puertas talladas, copas colgantes de libreros, entre otros que conforman un escenario agradable para los clientes, quienes pueden sentarse a disfrutar de los libros, así como de un buen café o vino.

Entre sus clientes se encuentran reconocidas personas del mundo intelectual, “políticos no, solamente un par, pero van a las librerías que tengo públicas”, dijo. Sin embargo, todos sus visitantes, de quienes prefiere no revelar su identidad, porque “poner nombre como parte de los clientes importantes es un poco hacer el juego en denostar al que no tiene nombre”, tienen que dejar su “aureola de grandeza” en la entrada, ya que es precisamente en las librerías donde comparten espacio la derecha con la izquierda, las artes con el derecho o la psicología, es decir, un buen lugar para la democracia.

El costo de los libros es variable, dependiendo el material, edición, si está o no firmado por el autor, etcétera, pero los hay con valor menor a los 100 pesos, es decir, no se necesita tener una fortuna para adquirir uno o varios ejemplares de este encantador lugar.

Para Max, quien como buen librero da no sólo información sino algunos detalles interesantes del contenido de las ediciones, un libro representa “los ojos y sentidos de quien lo escribió, cuando tú lees estás tomando la estatura intelectual de otra persona, estas en la carne y pensamiento de otro”. Compartió con La Nación que acostumbra dejar “pocas arrugas a la almohada”, puesto que empieza a leer en la noche y termina asaltando las madrugadas para ello.

Buen cerbero de los materiales, ha vendido ejemplares a la Biblioteca Nacional, también tiene buen trato con otros libreros, coleccionistas e instituciones importantes relacionadas con las artes o la academia.

Adelantó a La Nación que en breve “El Burro Culto” tendrá su pareja, “La Mula Sabia”, otra librería que se instalará en el mismo barrio, pero que tendrá mayor espacio para el libro de artista, arte mexicano, algunas colecciones de libros antiguos con grabados y carpetas de viajeros, así como de música mexicana, contemporánea en sus diferentes vertientes desde jazz, tecno, entre otros, e igual que el “borrico” tendrá ese toque de misterio para llegar.

Un tip para encontrar la llave que abre la puerta de esta librería a la que solamente se accede previa cita con el dueño, es acudir a “El Hallazgo”, ubicado en Mazatlán número 30 en la Colonia Condesa, preguntar y pasar la prueba. ¡Suerte!

Comentarios

comentarios