La importancia de la organización
Publicada el Jue, Jul 23, 2020

Por Javier Brown César.

Acción Nacional nació a la vida pública de México como una organización auténticamente democrática. Los intensos debates que tuvieron lugar del 14 al 17 de septiembre de 1939 son el testimonio vivo de que el PAN nació debatiendo, dialogando. La vocación democrática de la nueva organización ha marcado con su huella indeleble a las generaciones que sucedieron a la de la primera hora, la de Gómez Morin y González Luna, la de Preciado Hernández y Molina Font, la de Estrada Iturbide y Gurría Urgell.

El Frontón México fue el testigo mudo de una de las reuniones humanas de mayor trascendencia para la historia de nuestra patria, vio desfilar en orden y concierto a quienes disentían y a quienes aprobaban, a quienes pedían la palabra para expresar sus argumentos, a partir de un ambiente de concordia, apertura y sana pluralidad. Nada en la nueva organización hablaba de un Partido improvisado, errático o esporádico. La nueva organización nacía con capacidad de vida y con vocación de eternidad.

Uno de los más importantes debates en la historia del PAN se dio los días 16 y 17 de septiembre de las históricas jornadas que fueron la Asamblea Constitutiva. La Asamblea, convertida en Convención Nacional, tuvo su primer e intenso debate, cuyo eje fue la decisión de participar o no con candidato presidencial para la lucha electoral de 1940, siendo propuesto para tal efecto el General Juan Andrew Almazán. La posición de Manuel Gómez Morin secundada de manera eminente por Efraín González Luna y otros ilustres convencionistas era no participar con candidato propio, bajo el argumento de que primero había que fortalecer la organización.

Célebre es el discurso que inauguró el histórico debate que llevó a brillante conclusión Manuel Gómez Morin. Efraín González Luna abrió una primera ronda de oradores que habría de concluir cerca de la media noche del 16 de septiembre. El ilustre jalisciense defendió la postura del abstencionismo con la vital tesis de la técnica de salvación: “Las patrias se salvan como se salvan los hombres, y sin embargo el más dramático, el más trascendental de los tipos de salvación es el correspondiente al destino definitivo y eterno del hombre… Pues bien, señores, la técnica de salvación no es otra cosa que el reconocimiento de la preeminencia indiscutible de los valores permanentes y definitivos sobre las contingencias; la técnica de la salvación no es otra cosa que la inclinación respetuosa ante todo lo que es y dura para siempre, aunque sea amargo, aunque sea doloroso, sobre lo que acontece y se suma en un momento efímero aunque sea sonriente, aunque sea dulce. La técnica de salvación no es otra cosa que la subordinación del episodio o de la anécdota al destino”.

Detrás de estas vibrantes palabras yace lo que desde ese entonces resultó ser esencial para el nuevo Partido: la vitalidad de su doctrina, la entrega de su militancia y la fuerza de la organización. Los panistas de la primera hora asumieron cabalmente la técnica de salvación de González Luna, se supieron anécdota y episodio, y se inclinaron ante lo permanente: la concepción del partido como instrumento para la salvación de la patria y no como mera maquinaria electoral coyuntural.

Escuchemos de nuevo al gran jalisciense: “Acción Nacional no es curandera de afecciones de la piel. Acción Nacional ha auscultado con ansiedad al enfermo que se siente morir a sí propio; Acción Nacional ha puesto la inteligencia y el corazón, la vida toda, las posibilidades todas de acción de cada uno de sus miembros, al pecho de los problemas nacionales para llegar hasta el fondo de los mismos, para escudriñar la realidad nacional, para buscar una transformación de estructura, para cambiar el signo de la vida y de la historia de México. Acción Nacional no puede estar ligada a un episodio electoral nunca”.

En la metáfora del partido como un cuerpo vivo, podemos concebir a la doctrina como el alma, la “parte” que le da unidad y movimiento, siendo la organización la estructura ósea que le da sustento a los músculos y garantiza el funcionamiento pleno de sus órganos. En perspectiva podríamos pensar que las palabras de González Luna tuvieron tal fuerza de convicción que movieron el asentimiento unánime de los convencionistas para no participar en la elección, pero una democracia no florece a partir de falsas unanimidades o consensos forzados.

La larga ronda de oradores a favor y en contra llevó a uno de los debates más extraordinarios en los anales de los partidos políticos mexicanos. Hubo quienes demandaron acción inmediata y quienes aconsejaron una bien meditada prudencia. Gustavo Molina Font, Carlos Gutiérrez Zetina, Bernardo Ponce, Armando Chávez Camacho y Carlos Sisniega fueron los oradores del primer día; Gonzalo Chapela, Teófilo García, Luis Islas García, Aquiles Elorduy, Efraín González Luna, Manuel Herrera y Lasso, Miguel Estrada Iturbide y Manuel Gómez Morin fueron los oradores que cerraron el debate el 17 de septiembre.

Al final la votación no favoreció el abstencionismo y Gómez Morin, el insigne fundador, veía que su propuesta de no participar era rechazada. Pero ya cerca del final de la Convención propuso lo siguiente: “Si ustedes lo aprueban, y yo pido que lo aprueben por unanimidad de voto, la Convención se clausurará diciendo que en tanto sea el general Almazán el hombre que reúna los deseos de renovación que el pueblo mexicano abriga, Acción Nacional lo apoyará con el resto de la nación, y en el momento que él deje de serlo, Acción Nacional le retirará su apoyo”. Al final, ganó la unanimidad del apoyo condicional.

La histórica decisión resultó a la postre fundamental para la historia de México, privilegiar la organización sobre la neurosis de la escaramuza electoral fue la decisión correcta y la garantía de que el PAN perduraría después de la elección de 1940. José Agustín nos relata lo que sucedió en la elección a la que concurrió como candidato oficialista el General Manuel Ávila Camacho: “El presidente Cárdenas, acompañado por el subsecretario de Gobernación, Agustín Arroyo Ch., daba vueltas en su coche para ver la votación y constató que la casilla en donde él debía votar estaba, bien custodiada, en manos almazanistas. Por teléfono, Arroyo Ch. urgió a las brigadas a que intervinieran y el presidente pudiese votar en condiciones adecuadas. El grupo de choque respondió al llamado. Desde varias cuadras alrededor de la casilla había tiradores en balcones y azoteas… Los defensores capitularon y ‘previa cañoniza en la cabeza’ se fueron uno por uno… Al instante llegaron los bomberos y a manguerazos de alta presión limpiaron las manchas de sangre que había en todas partes… Se rearregló la casilla, se puso una nueva y al fin pudieron votar el ciudadano presidente y su acompañante Arroyo Ch. ‘Qué limpia está la calle’, comentó Cárdenas al salir de la casilla, cuenta Santos: ‘Yo le contesté: donde vota el presidente de la República no debe haber basurero’”.

 

Twitter: @JavierBrownC

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