La hora crucial
Publicada el Vie, Ago 28, 2020

 

 

Por Humberto Aguilar Coronado.

La opinión pública asume que Acción Nacional vive su hora crítica, que de las decisiones y actitudes que asuma el Partido en las próximas horas y días puede depender el futuro de nuestra institución.

La estrategia electoral de López Obrador -por la que pretende que la discusión nacional se centre en las delaciones de Emilio Lozoya y se olvide de los desastrosos resultados de su gobierno- es percibida como un ataque directo a la línea de flotación de los partidos de oposición pero, con evidente intencionalidad, para dañar severamente las preferencias electorales que está recogiendo Acción Nacional hacia el 2021.

La decisión del Presidente de utilizar todos los espacios mediáticos de que dispone para referirse a las declaraciones de Lozoya, de difundir nacionalmente documentos que se supone forman parte de una carpeta de investigación y que fueron ilegalmente filtrados, de enviar mensajes a la Fiscalía General para que se den a conocer a la población los mayores detalles posibles de la investigación, ponen a prueba la fortaleza y convicción democrática de Acción Nacional.

Todo mundo tiene claro que lo que estamos viviendo es cualquier cosa, menos una acción decidida del gobierno para combatir la corrupción. Vivimos una reedición de la estrategia con la que el presidente garantizó su triunfo electoral al generar desprestigio en contra del contendiente que pudo significar un riesgo para su triunfo.

Con base en esa estrategia el presidente está tratando de encontrar la forma de salvar su proyecto sexenal. En virtud de que todos los indicadores muestran que la combinación de la pandemia y las reacciones del gobierno están resultando una catástrofe de salud y económica, el presidente no tiene otra alternativa que montar el show que empezó esta semana.

Para nosotros sería un grave error pretender que la postura del Partido sea la de colocarse a la defensiva, atrincherarse en la defensa de los señalados, deslindarse de las acusaciones o acusar a Lozoya de mentiroso y a López Obrador de manipulador de la verdad.

Hasta hoy, los implicados por Lozoya se han deslindado y niegan categóricamente haber recibido sobornos de cualquier tipo.

Sin embargo, para Acción Nacional, el reto que plantea López Obrador tiene un calado mucho más profundo que la suerte que puedan correr algunos de nuestros militantes y mucho más grave que el próximo resultado electoral.

Acción Nacional tiene la responsabilidad histórica de defender su esencia, sus principios y sus valores para encarar las acusaciones de corrupción con todo rigor.

Pero nuestra responsabilidad no puede limitarse a enfrentar la crisis que se avecina con simples mea culpa de cualquiera que resulte responsable de hechos delictivos o actos de corrupción.

Tenemos que ser capaces de enfrentar este grave momento de nuestra historia superando la mezquindad con la que actúa el gobierno de la República y canalizando todas nuestras energías a lograr que el presidente de la República no pueda corromper el sistema de justicia, no pueda mediatizar e instrumentalizar un presunto responsable para generar escándalos que no buscan acabar con la tradición de impunidad de nuestro sistema sino consolidar su apoyo ciudadano y mejorar las posibilidades electorales de su partido.

México tiene una larga tradición en el uso de la justicia para fines estrictamente políticos. A diferencia del pasado donde el linchamiento público y el encarcelamiento de ex funcionarios perseguían alguna forma de legitimación para el nuevo gobierno, parece claro que lo que mueve a López Obrador es la venganza: la prisión de Rosario Robles tiene todos los visos de una venganza acariciada durante largos años. Del mismo modo, hoy parece prepararse una nueva venganza en contra del panismo que logró la victoria en el 2006 que nunca ha podido superar el presidente.

Sin embargo, ya sea por necesidades de legitimación o por hambre de venganza, México no puede permitirse el lujo de corromper su sistema de justicia. La evolución del Poder Judicial desde 1994 hasta nuestros días es una de las fortalezas fundamentales del Estado mexicano y los tiempos que se avecinan serán en los que Acción Nacional deberá encabezar la lucha que impida la corrupción de la procuración y la administración de la justicia.

No es fácil. Principios y valores como la presunción de inocencia, el debido proceso, el derecho a una defensa adecuada, la libertad de prueba no son temas que despierten el interés de la opinión pública y difícilmente pueden competir contra escándalos mediáticos, pero son pilares fundamentales de una vida social fundada en un Estado de Derecho.

Si permitimos que esos valores y principios sean destruidos por López Obrador, el futuro de la patria será obscuro y catastrófico. Podremos ser vistos por la historia como cómplices omisos de la consolidación definitiva de los vicios contra los que nos levantamos en lucha democrática en nuestros orígenes.

Cada panista señalado deberá enfrenar los procesos judiciales que se abran en su contra. El Partido deberá condenar enérgicamente la corrupción de propios y extraños, y no encubrir o solapar a nadie aunque tenga que pagar costos electorales por la conducta de alguno de sus militantes.

Pero, desde ahora, deberá levantar la voz en contra de la banalización de la justicia. Encarar al presidente de la República con valor para exigirle que respete el texto de nuestra Constitución y los Derechos Humanos de todos sus gobernados, así sean sus rivales políticos.

Sólo así preservaremos la Democracia Liberal por la que hemos luchado durante tantos años. En esa lucha, esta es la hora crítica para Acción Nacional.

 

Humberto Aguilar Coronado es Director General de la Fundación Rafael Preciado Hernández.

Twitter: @Tigre_Aguilar_C

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