La generación de Efraín González Morfín
Publicada el Mar, Ene 22, 2019

Por Javier Brown César.

La idea de generación es uno de los ejes vertebradores del ensayo 1915 de Manuel Gómez Morin, en él, hace un llamado a quienes compartían inquietudes, contextos y aspiraciones. Fue el filósofo español José Ortega y Gasset quien analizó a detalle la importancia de valorar la historia con base en el método de las generaciones. En torno a Galileo reúne una serie de conferencias en las que el autor de La rebelión de las masas introdujo la noción de generación decisiva, a la cual definía como aquella que “por vez primera piensa los nuevos pensamientos con plena claridad y completa posesión de su sentido”.

Para el método de las generaciones, Ortega y Gasset consideraba periodos de quince años, de acuerdo con lo establecido por Tácito en la biografía de Agrícola: Per quindecim annos, grande moralis aevi spatium (durante quince años, etapa muy importante en la vida del hombre). Además, el filósofo español sostenía la tesis de que cada generación decisiva tiene su epónimo, o sea “la figura que con mayor evidencia representa los caracteres sustantivos del periodo”. Manuel Gómez Morin fue precisamente un epónimo de una generación vital, la de 1915 caracterizada por sus intereses culturales e intelectuales, al grado de que a los integrantes de la Sociedad de Conferencias y Conciertos se les denominó Los Siete Sabios de México. De esa generación sobresale de forma especial el fundador de Acción Nacional, quien emprendió, junto con varios de sus contemporáneos más ilustres, la audaz obra de crear un auténtico partido de oposición.

De esta primera generación de la fundación del PAN, sobresalen personas que compartían el ideal común de una patria ordenada y generosa, misión histórica del Partido, y cuya visión también compartida fue: una vida mejor y más digna para todos. De manera particular destacan en la primera década el propio Manuel Gómez Morin, Efraín González Luna, Miguel Estrada Iturbide y Rafael Preciado Hernández, todos ellos nacidos entre 1897 y 1908; esta es propiamente la generación del alumbramiento.

A la primera generación sucedió la llamada por Alonso Lujambio década católica, ya que los dirigentes del Partido habían sido líderes destacados: Juan Gutiérrez Lascuráin fue dirigente de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), Alfonso Ituarte Servín fue presidente de la Unión de Católicos Mexicanos, y José González Torres de la ACJM. El epónimo de esta generación, de quienes nacieron entre 1911 y 1919, fue José González Torres, quien fuera candidato a la Presidencia de la República en 1964.

La tercera generación es la de Adolfo Christlieb Ibarrola y Efraín González Morfín, ambos epónimos, o sea figuras generacionales, y ambos separados en su fecha de nacimiento por apenas diez años. González Morfín fue un destacado dirigente, diputado federal de 1967 a 1970, y candidato a la Presidencia de la República en 1970. De González Morfín se pueden destacar tres ideas fundamentales que son un aporte de gran valor a la doctrina de Acción Nacional: la justicia social, el cambio democrático de estructuras y el solidarismo.

Para González Morfín la justicia social es una tesis fundamental, que refleja la preocupación por las profundas desigualdades que laceran a nuestra nación. La Proyección de principios de doctrina de 1965, de la que fue miembro de la Comisión Redactora, determinó como objetivo de la justicia social y “con fundamento en la igualdad esencial y en la solidaridad de los hombres, promover el acceso de los mismos –particularmente de los núcleos más desvalidos de la sociedad, o de quienes viven en zonas económicamente menos desarrolladas– a los bienes materiales y espirituales suficientes para que la comunidad viva de la manera más justa, equitativa y equilibrada que sea posible, con respeto para la libertad personal y para la dignidad humana”.

Como condiciones para forjar la justicia social se establecían: la autenticidad de la autoridad, lo que implica una ética del servicio público basada en la imparcialidad y la defensa de los derechos humanos; la vigencia de un orden jurídico colectivamente vinculante y de un orden democrático en la elección y ejercicio de la autoridad; el respeto a la libertad de conciencia; la independencia de las organizaciones gremiales respecto al gobierno; la elevación material y humana de la población, y “la oportunidad de acceso a la propiedad de bienes de uso durable y de producción, mediante una adecuada política de desarrollo y de reforma social”.

Después de los lamentables sucesos del 2 de octubre, Efraín González Morfín fue uno de los diputados de Acción Nacional que condenó la matanza y se pronunció en favor de la investigación y la búsqueda de la verdad. Ante la cerrazón e intransigencia del régimen, incapaz de reconocer el crimen de lesa humanidad cometido contra los estudiantes, el PAN dio a conocer su gran manifiesto a la nación: Cambio democrático de estructuras. González Morfín se constituyó así en el autor de uno de los más grandes documentos programáticos en la historia del Partido, el cual se hizo cargo de la inquietud que se daba en México: “En Acción Nacional participamos de todas las inquietudes y preocupaciones que viven los mexicanos. En todo el mundo, y México no es una excepción, se están planteando nuevas situaciones y agudizándose viejos problemas, cuyo enfrentamiento y solución exige la presencia constante y el esfuerzo solidario de todos los miembros de cada comunidad”.

Cambio democrático proponía un cambio a la vez revolucionario y pacífico, ya que tenía a la vista la experiencia de regímenes que, de manera artera, se hicieron con el poder para instaurar la dictadura, de ahí que se sostuviera que: “Para hacer frente a la inconformidad ante el desequilibrio político y la ostentosa y desigual distribución de los bienes se requiere un cambio revolucionario pero pacífico de estructuras. Este cambio debe basarse en la promoción de mejoras de abajo hacia arriba, con el impulso de grupos humanos que se deciden a mejorar su propia vida para lograr la “reforma de las estructuras políticas, económica y sociales hacia modelos más justos y humanos”.

Por último, hay que destacar el solidarismo como una vía intermedia entre el liberalismo y el colectivismo, en el que se combinan los “dos aspectos de la Justicia y del Derecho: el aspecto igualitario y el aspecto diferenciante. El aspecto igualitario respeta la auténtica dignidad y los derechos humanos de las personas y la situación de aquéllas que realmente tengan, respecto de otras, igual derecho. Pero el aspecto diferenciante toma en cuenta la necesidad de dar apoyo prioritario y preferente a los sectores nacionales más agobiados por los problemas y que más padecen la injusticia nacional”.

Justicia social, cambio democrático de estructuras y solidarismo, son tres aspectos principales de un intelectual que, como miembro destacado de su generación, pensó “con plena claridad y completa posesión de su sentido”. Recordar el pensamiento de González Morfín no es sólo una lucha contra el olvido, también lo es en favor de la resurrección de sus ideas e ideales, tal como lo postuló José Ortega y Gasset: “La historia tiene que dejar de ser una exposición de momias y convertirse en lo que verdaderamente es: un entusiasta ensayo de resurrección”.

 

Twitter: @JavierBrownC

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