La esencia de Acción Nacional
Publicada el Mar, Ago 28, 2018

Por Javier Brown César.

Dicen que origen es destino, para el PAN esto significa que el acto fundacional del Partido le dio a la nueva organización un sello distintivo, una marca indeleble que es una especie de código genético. Nuestro origen define a la organización como un instrumento creado por la ciudadanía para estar al servicio de ésta, como una auténtica alternativa democrática que surge en un entorno profundamente autoritario, y como un actor crítico del sistema político, con visión de Estado y anhelo de limpieza en la vida pública.

Los fundadores de Acción Nacional fueron auténticos patriotas, que aportaron lo mejor de su talento y sus propios recursos para hacer realidad una nueva organización de personas libres, que concurrieron para la realización de fines nobles y superiores. En su informe a la Asamblea Constituyente del 14 de septiembre de 1939, Manuel Gómez Morin expresaba con claridad la concordia que caracterizaba a la naciente organización, integrada por personas provenientes “de los más diversos rumbos del país y de la sociedad mexicana, sin compromisos previos, sin la simulación de una representación ficticia, sin apetitos personales, animados por el unánime y exclusivo deseo del bien de México”.

Desde sus orígenes, Acción Nacional promovió la afiliación libre e individual, en contraposición a un sistema autoritario que indujo la afiliación corporativa y la despersonalización de sus integrantes bajo una masa anónima de individuos sometidos a imperativos, que se les imponían sin cuestionamiento. En oposición a esta pérdida vergonzante de libertades, el PAN apostaba por la participación activa de sus integrantes: “Todos venimos con nuestra propia opinión, y aun tal vez solamente con nuestras meditaciones personales, para hacerlas conocer a los demás que se encuentran en nuestro mismo caso, para cotejar y pesar lealmente las consideraciones que aquí se hagan, para poner en práctica por primera vez nuestro propósito fundamental que es el de sacrificar las diferencias personales, las preferencias propias, a la posibilidad de una decisión y una acción conjuntas”.

Desde su fundación, el Partido se caracterizó por una nueva semántica del espacio público, una forma diferente de concebir la política, de reivindicar su valor moral, de promover las libertades y denunciar el abuso en el ejercicio del poder, la falsificación de las instituciones y el atropello de la dignidad humana. Además, el PAN nació como una alternativa cultural, cuya apuesta decidida era la construcción del futuro con base en una visión y diagnóstico puntuales del momento presente. Como decía Gómez Morin en su informe a la Asamblea Constituyente, Acción Nacional “Ve al futuro, no al pasado inmediato. Es anhelo de renovación auténtica de la vida colectiva, de la estructura misma de la nación y, ante todo, de la orientación, de los métodos y del espíritu de la acción pública”.

Acción Nacional nació practicando la democracia desde el mismo día de su fundación: se debatió, se controvirtieron los diversos puntos de vista, se procesó productivamente el disenso, buscando que en todo momento prevalecieran los mejores argumentos. De esta esencia dialógica y abierta, dan cuenta los intensos debates que se prolongaron hasta la clausura de la Primera Convención Nacional, el 17 de septiembre de 1939. Palabra, diálogo, encuentro entre diversas posturas que discuten, argumentan y debaten, este fue el sello distintivo de la fundación; palabra que se difunde por toda la República, apuesta por la más amplia difusión del diagnóstico de los males que aquejaban a la nación y propuesta atinada de solución, fue el sello distintivo de la acción política que emprendió el Partido con cada conferencia, curso, ponencia, publicación, folleto y boletín.

Desde sus orígenes, el PAN fue conciencia reflexiva para el pueblo, voz autorizada que criticaba con acierto, diagnostica con precisión y proponía con enorme responsabilidad. De esta vena crítica da cuenta la respuesta de Manuel Gómez Morin al informe del entonces presidente de la República, de febrero de 1940. En materia del campo, el Partido se caracterizó, desde sus orígenes, por atender de forma prioritaria a este sector: “La unidad climática, de irrigación, de cultivo y de maquinaria de crédito no obliga, en forma alguna, ni en México ni en ninguna otra parte, a la colectivización. Obliga a la creación y al limpio sostenimiento de instituciones de cooperación entre los agricultores; a la ayuda del Estado para ellos, no solo técnica y económica, sino sobre todo de conservación de un ambiente de paz propicio al trabajo; al establecimiento de instituciones de relación entre el campo y el mercado de capitales y de crédito, de vinculación con los mercados de consumo”.

La defensa de la libertad sindical ha sido una bandera histórica del Partido y se mantiene hoy como uno de los grandes pendientes, ante un sindicalismo corporativo que niega en los hechos la dignidad de los trabajadores. Para Gómez Morin, la corrupción interna de las organizaciones obreras “es debida a un solo factor: la penetración del régimen en las organizaciones para hacer de ellas capital político; la penetración de los dirigentes de esas organizaciones en el régimen, envenenándolas de política y de fines, tácticas y objetivos que no son los suyos”.

En el tema siempre vigente de la industria energética, Gómez Morin privilegiaba los criterios técnicos sobre los políticos, para el fundador del Partido se debía “crear un sistema técnico, eficaz, de explotación y aprovechamiento de ese recurso natural que es de México; en cuanto sea necesario para evitar abusos, granjerías, favoritismos y derroches en la administración de la industria; para prestar a los consumidores en el interior el buen servicio a que tienen derecho y facilitar, con una provisión abundante y barata de combustible, el desarrollo de la industria nacional; para rendir claras cuentas públicas de la gestión que en la industria se realice; para asegurar un mercado exterior estable al excedente de la producción que en México no se consume”.

Y en el ámbito educativo, Gómez Morin defendía una política en favor de la libertad y de defensa de la dignidad de la labor magisterial. La auténtica reforma educativa debía garantizar “la libertad de pensamiento filosófico, la unidad de la familia y la conservación de su peculiar y venerado perfil en México, las prerrogativas esenciales para la dignidad de la persona humana, el decoro del magisterio y su capacidad para cumplir la altísima misión social que le está encomendada, y la libertad espiritual indispensable no sólo para toda obra real de cultura, sino para la constitución y la vida mismas de la Patria”.

Vanguardia ideológica y opción política responsable, el PAN nació dándole voz a una sociedad civil ignorada, fue desde sus orígenes oposición que dialoga y construye alternativas, que hace de la palabra referente obligado para la elevación del debate público, que promueve la democracia, defiende libertades y opone un dique de contención a los intentos autoritarios de un régimen cerrado en sí mismo, en su soberbia gubernamental y en su indolencia. Este es el PAN de ayer, de hoy y del mañana, un Partido con identidad programática, congruencia ideológica e intensa vida democrática, y una vez más, el último reducto ante el autoritarismo que se asoma en cada rincón de esta patria, que queremos que sea ordenada y generosa.

 

Twitter: @JavierBrownC

Comentarios

comentarios