La era Biden
Publicada el Jue, Ene 28, 2021

Por Marco Antonio Adame Castillo.

El pasado 20 de enero dio inicio la era Biden al asumir como el 46º presidente de los Estados Unidos. Tras la salida de Donald Trump son muchos los retos que enfrenta el nuevo mandatario: la pandemia del COVID-19, la crisis económica, la creciente desigualdad, la falta de trabajos bien remunerados, el acceso a los servicios de salud y los últimos episodios de racismo, entre otros.

Pero el presidente Biden tiene claro que lo primero que deberá hacer es superar la grave división y polarización dejada tras la era del populismo “trumpista”. Un populismo cuyo permanente discurso de confrontación llegó al extremo del asalto al Capitolio; uno de los hechos más vergonzosos de la historia de ese país.

Afortunadamente, en Estados Unidos las instituciones fueron lo suficientemente fuertes para resistir los embates y se llevó a cabo pacíficamente la transferencia del poder. Pero con lo sucedido ha quedado claro que “la democracia es frágil”, tal como lo reconoció el nuevo presidente.

Es por ello que su discurso inaugural estuvo centrado en la unidad. Pues, siguiendo sus palabras, “la política no tiene por qué ser un fuego furioso, destruyendo todo a su paso”; ni los desacuerdos tienen que “ser motivo de guerra”. E hizo un llamado a “poner fin a esta guerra incivil que enfrenta al rojo contra el azul, lo rural contra lo urbano, lo conservador contra lo liberal”.

Y, por cierto, con esto último no se está refiriendo al gobierno de México; por más que en Palacio Nacional sigan la misma dinámica de descalificar y dividir entre “liberales” y “conservadores”, entre “pobres” y “ricos”, entre “fieles a la 4T” y “neoliberales”, y tiendan a confundir el disenso con el golpismo.

Por su parte, el presidente Biden tiene prisa por realizar cambios y es por ello que, desde su primer día, con apenas unas horas en el despacho oval, firmó 17 decretos y directivas para revertir varias de las políticas establecidas por su predecesor.

Entre estas destacan las referentes a la política de migración donde suspendió la construcción del muro fronterizo para enfocarse a otras medidas de control fronterizo; envió un proyecto de ley al Congreso que permitirá la ciudadanía a más de 11 millones de inmigrantes, y remitió un memorándum para preservar el DACA, programa que protege a jóvenes estudiantes indocumentados.

En el tema ambiental solicitó que Estados Unidos se reincorpore al acuerdo de París sobre el cambio climático, acuerdo cuya salida había ordenado Donald Trump. Esto puede resultar conflictivo para la agenda bilateral México-Estados Unidos debido a que el presidente López Obrador está empeñado en favorecer la generación de energía a base de combustibles fósiles contaminantes, por encima de las energías limpias.

En cuanto a la política exterior, el presidente Biden trabajará para reconstruir las relaciones con sus aliados tradicionales. Y es por ello que en su discurso inaugural mandó un claro mensaje: “seremos un socio fuerte y confiable para la paz, el progreso y la seguridad”.

En materia de seguridad, en la relación bilateral México-Estados Unidos, habrá que superar el clima de desencuentros y desconfianzas que existe, luego del controvertido caso del general Cienfuegos y de las decisiones unilaterales sobre agentes internacionales en nuestro territorio. Además de que la política de “abrazos y no balazos” no ha servido para frenar el narcotráfico y por la falta de control, por parte del vecino del norte, del tráfico ilegal de armas hacia nuestro país.

Un tema clave será el fortalecimiento del T-MEC, el cual puede ser una herramienta para superar la crisis económica global que enfrentamos. Para que ello ocurra México debe respetar y fortalecer el estado de derecho. Ello implica dar certeza jurídica de que las decisiones en materia económica y de transparencia respondan a los compromisos asumidos. Sólo así podremos garantizar la inversión extranjera.

En la relación bilateral, la posición del gobierno de México debe ser siempre la de hacer valer el interés nacional aplicando los principios de equidad, corresponsabilidad y el respeto a los derechos humanos. Pero ello no implica un nacionalismo mal entendido y mucho menos el que alguno quiera buscar un conflicto externo para ocultar males internos.

Es por ello que en Acción Nacional estaremos vigilando para que lo que exista sea una relación bilateral de Estado y no de gobierno. Para que se trabaje por el beneficio de la nación por encima de intereses personales o de grupo. Y para que se procure siempre el bienestar de las familias mexicanas, ya sea que se encuentren dentro o fuera de nuestro país.

 

Marco Antonio Adame Castillo es Diputado Federal y Secretario de la Comisión de Desarrollo Social en la LXIV Legislatura. Twitter: @MarcoAdame

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