La crisis de la gasolina, ¿incapacidad o manipulación?
Publicada el Mar, Ene 22, 2019

Por Fernando Herrera Ávila.

Cuando el presidente López Obrador cerraba el 2018 diciendo que la muerte de Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle era lo más difícil del primer mes, nadie imaginaba los diez días que estremecieron al país y, al mismo tiempo, dividieron a los críticos en dos bandos: los que piensan que el desabasto de gasolina en 10 estados es producto de la incapacidad y aquellos que, por otro lado, lo ven como un deliberado ejercicio de manipulación.

La Bolsa Mexicana de Valores cerraba su balance de 2018 con la peor caída desde la crisis financiera de 2008, un 15 por ciento, producto de la cancelación de las obras del aeropuerto de Texcoco y el anuncio de MORENA de bajar comisiones bancarias, revisar e incluso cancelar concesiones mineras, entre otros factores.

El sábado 5 de enero un problema que venía creciendo en los estados del centro del país brincó a las primeras planas y a los noticieros estelares de radio y televisión: la falta de gasolina. En su conferencia matutina, López Obrador dijo que la escasez no tenía que ver con el robo de combustible y anunció la solución “en cuestión de horas”.

Entre paréntesis: recuérdese que el Día de los Santos Inocentes, célebre por las bromas y las noticias falsas es el 28 de diciembre de 2018, el gobierno anunció su plan integral contra el robo de combustible, señalando que 80 por ciento del saqueo era operado por una red de altos funcionarios que operaba dentro de Pemex y el gobierno, la cual robaba 15 mil barriles o casi 200 millones de pesos diarios.

El presidente López Obrador dijo ese día que solamente el 20 por ciento del robo era por ordeña a los ductos y, más aún, calificó la ordeña “como una especie de pantalla” para cubrir a los altos funcionarios. Parecía entonces que el único problema sería el “gasolinazo” de enero, pues el gobierno, contra lo que ofreció en campaña, decidió cobrar completos los impuestos a las gasolinas (IEPS, especialmente).

Pero volvamos al 5 de enero: ese día, la agenda de los medios también dio relevancia al hecho de que México fue el único país del Grupo de Lima, integrado por 14 países, en negarse a firmar un documento para pedirle al dictador venezolano Nicolás Maduro abstenerse de asumir un segundo mandato, producto del fraude electoral. Cinco días después, el 10, la Organización de Estados Americanos negaría toda legitimidad al sucesor de Chávez, quien grito: “Viva México”. La vergüenza cubrió a México en el ámbito internacional.

El Día de Reyes, 6 de enero, el desabasto aumentó y por lo menos tres diarios de la capital cabecearon sus notas principales así: “ni especulación ni escasez de gasolinas: Pemex”. Así, el propio gobierno dio vuelo a las teorías de la conspiración: una mano negra estaba moviendo el descontento popular para hacer fracasar al gobierno. El hecho es que no había gasolina.

El día 8, de plano, Pemex admitió que ese pequeño problema, esa “especie de pantalla”, los sabotajes huachicoleros le impedían abrir los ductos. También nos enteramos que cuatro de las seis refinerías del país estaban paralizadas, sin producción. La delincuencia le estaba ganando las vencidas al presidente López Obrador.

El día 9, el desabasto llegó a la Ciudad de México y alcanzó su clímax. Fue entonces cuando los lectores de noticias caímos en la cuenta de que había dos corrientes para explicar el fenómeno: la incompetencia, por un lado, y la manipulación, por otro, alimentada especialmente en las benditas redes sociales, en donde el gobierno posee ejércitos que fueron incapaces de dominar a los críticos.

En la corriente que sostiene la incapacidad del gobierno se retoman argumentos del tipo: no planearon la compra de combustible en diciembre como deberían hacerlo; los buque-tanques no descargaban el combustible porque no les han pagado o no distribuyeron la gasolina conforme a la demanda estacional de los vacacionistas, porque no saben.

Los costos económicos del desabasto no fueron considerados, como no se tomaron en cuenta a la hora de cancelar las obras del aeropuerto de Texcoco. Cientos de miles de millones de pesos serán pagados por los consumidores.

El hecho es que al cierre de esta edición los particulares estaban ya tomando en sus manos la solución al desabasto de gasolina, tanto las organizaciones en la Cámara Nacional de la Industria del Autotransporte (CANACAR) como los concesionarios de gasolineras, que pueden importar legalmente el producto gracias a la Reforma Energética.

Por otro lado, paradójicamente, la corriente que cree que el problema está manipulado se basa en la creencia, a pie juntillas, que el presidente López Obrador habló con la verdad el 28 de diciembre al anunciar su plan de combate al robo de combustible.

Sí lo que dijo es cierto, el problema habría quedado resuelto en un 80 por ciento con la intervención militar en la operación de Pemex. Sólo restaría combatir “esa especie de pantalla” que es la ordeña. A pesar de eso, cerraron los ductos para crear un problema artificial de fácil y muy rápida solución, en menos de 24 horas.

Calcularon que después del cierre de Reforma en 2006 el costo político sería mínimo, pues el presidente López Obrador traía en diciembre una aceptación del 75 por ciento.

En esta lógica se inscribirían las críticas del Jefe del Ejecutivo a los ex presidentes Fox, Calderón y Peña Nieto. Al hacerlo, garantizaba que entrarían en la polémica y que la opinión pública tuviera menos tiempo y atención en otros temas políticos que verdaderamente le interesan al gobierno, como imponer un Fiscal Carnal que le cuide las espaldas, lograr la implementación de una Guardia Nacional o mantener sin escrutinio la liberación de activistas de MORENA bajo el supuesto de que se trata de presos políticos.

Mientras la atención pública esté enfocada en la escasez de gasolina, pocos se ocuparán del apoyo al dictador Nicolás Maduro y serán menos todavía quienes vean la recuperación de la Doctrina Estrada de no intervención como un escudo para cuando López Obrador intente reelegirse, después de realizar dentro de tres años una consulta patito, como la del aeropuerto y el Tren Maya.

Con la gente ocupada en un tema tan cercano como es la movilidad personal, pocos se ocuparán de la puesta en marcha de un nuevo corporativismo electoral disfrazado de programas sociales multimillonarios sin reglas de operación. Pocos verán el fracaso en el combate al narcotráfico y la violencia.

Ambas corrientes críticas coinciden en que a muchos funcionarios les quedó grande el puesto, especialmente al agrónomo que se encarga de Pemex, y a la Secretaria de Energía que resultó más militante que ingeniera. La crisis de la gasolina es apenas una de las muchas que vamos a vivir, por la tozudez y la incapacidad del nuevo gobierno.

 

Fernando Herrera Ávila es Vocero del CEN del PAN.

Twitter: @FHerreraAvila

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