La antítesis del político
Publicada el Vie, may 19, 2017

politico manos

Por Alan Ávila Magos.

En estos últimos meses, el pueblo mexicano ha tenido que aguantar la profunda indignación y rabia que provoca saber sobre la inhumana forma de proceder de varias figuras de la política del país, específicamente al conocer los actos de aquellos que se roban el dinero de los ciudadanos para su beneficio personal: los integrantes del “nuevo PRI”, como lo dijo el presidente de México.

A través de este escrito, pretendo hacer una reflexión sobre lo que a mi parecer permite que en el escenario político mexicano surjan figuras como las de Javier Duarte, César Duarte, Humberto y Rubén Moreira, Andrés Granier, Roberto Borge y Tomás Yarrington, entre muchos otros que, habiendo jurado cumplir con sus obligaciones, guardando y haciendo guardar la ley, utilizaron su posición para lacerar a sus gobernados y hoy enfrentan el repudio de la opinión pública y a la justicia misma.

Este análisis tiene el propósito de demostrar que aún hay esperanza, que México es mucho más grande que este reto y que por medio de la lucha democrática se puede cambiar la historia y podemos purgar nuestro sistema político, y recordar cómo la acción nacional, abanderada en los colores de nuestro partido, lo ha demostrado.

Desde la perspectiva de Acción Nacional concebimos la política como la actividad humana trascendente que tiene la capacidad y obligación de servir al hombre y a su comunidad. El político entonces debe ser una persona dotada de vocación de servicio y de un profundo interés por la inminente dignidad de la persona humana y por la búsqueda del bien común. Debe tener entre sus virtudes, los principios democráticos que lo lleven a buscar un orden social justo y generoso, y con esto una vida mejor y más digna para todos.

En la historia de la política mexicana esta forma de ver y hacer política ha representado un choque y una contracultura para el sistema político. Acción Nacional ha sido el referente real de oposición y ha logrado con sus luchas democráticas cambios significativos en la estructura de poder del país, lo cual ha permitido que se abran oportunidades para llegar a espacios de eminencia a grupos distintos al partido que dominó el escenario desde la época post revolucionaria.

Es necesario, en este punto, hacer un breviario de cómo es que se conformó el sistema político de México y cómo desde esa conformación se construyó la idea de política y la figura del político.

Las raíces de este sistema se remontan a la época colonial, en donde existía un dominio absoluto, centralizado y autoritario de la monarquía sobre los dominados y una inexistente movilidad social. El virrey era el que dictaba el quehacer y la corona estimulaba una relación simbiótica con la Iglesia y con la milicia para el ejercicio de gobierno, lo que estableció una política de grupos y asentó las bases del corporativismo que años después se iba a materializar con los inicios del partido dominante en México. Esto desencadenó que años después, en el México Independiente, las luchas por separar a la Iglesia del Estado y por fortalecer el poder estatal fueran el centro del movimiento político; el presidente sustituyó entonces la figura del virrey, que años más tarde se vería reflejado en quien encabezaría el sistema político mexicano.

Las profundas desigualdades de principios de siglo XX culminaron con un movimiento social de cambio que intentó modificar el sistema político a través de la violencia. Las demandas de grupos vulnerables y poco atendidos caracterizaron el movimiento y esos grupos le dieron cuerpo. Esto dio pauta a que la Constitución Política de 1917 tuviera estos mismos ideales como ejes principales. La seguridad social, lo agrario y el trabajo fueron lo más relevante. Todo lo anterior permite la consolidación del corporativismo y la política clientelar. El ex presidente Lázaro Cárdenas agrupó a los gremios más importantes del país y los convirtió en su fuerza política, estableciendo (como en la etapa colonial) una relación simbiótica en la que se intercambiaban concesiones y privilegios para estos grupos (o para sus líderes) a cambio de una lealtad sin cuestionamiento.

De ahí emerge nuestro sistema político, el cual se aparta del modelo político que está plasmado en el papel. Este sistema que coloca en el escalón más alto al que más pactos tiene con grupos que, sin ver su capacidad, experiencia o virtud, intercambian su lealtad por pequeñas concesiones que no representan mucho para quien los manipula. La política mexicana y sus valores se desarrollan en medio de esos pactos que laceran la democracia y la figura del político no dista mucho de la figura autoritaria y dictatorial que compra lealtades y subyuga libertades.

Por todo esto es destacable la trascendente labor de Acción Nacional y, a su vez, es esperanzadora. Desde 1939, en su declaración de principios, el Partido ha podido ganar lugar en la estructura de poder echando mano de las ideas y valores, y de la lucha democrática por medio de la formación de ciudadanos y la oferta de los mejores perfiles. La presión que ha ejercido la real oposición y la consolidación de la democracia ha obligado a este partido corporativista y gremial a dar lugar a ideas diferentes, por lo que más nos esforcemos en esta lucha más espacios y oportunidades lograremos.

La lucha democrática de Acción Nacional ha cambiado por completo el rumbo de nuestra nación desde sus primeros años. Sin importar que fuéramos oposición por varias décadas, comenzamos a formar ciudadanos mexicanos, concientes de su deber de cumplir por una patria ordenada y generosa. Acción Nacional se atrevió a querer cambiar ese modelo arcaico de hacer política en México, para empoderar al pueblo y denunciar todas esas prácticas antidemocráticas del gobierno oficialista. Nosotros, los jóvenes, tenemos que seguir con esa labor, pues de nosotros depende la perpetuidad de valores como el bien común, la solidaridad y la subsidiariedad. No hay razón para detenernos. Que nada nos detenga.

 

Alan D. Ávila Magos es Secretario Nacional de Acción Juvenil. Twitter: @AlanAvilaMagos

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