La amistad: cimiento de la solidaridad
Publicada el Lun, Nov 25, 2019

Por Javier Brown César.

La solidaridad, como pilar del humanismo, expresa la íntima vinculación que se da entre las personas y las comunidades. La persona humana no es un ser aislado, nace indigente y requiere de otros para sobrevivir, crecer y perfeccionarse. Nuestra razón de ser en el mundo no es la realización de una vida plena y aislada, sino un vivir con los demás y para los demás, un convivir.

La amistad es, a decir de Aristóteles “lo más necesario para la vida”. En su teoría de la amistad, el preceptor de Alejandro Magno, la llama hermosa y considera que acompaña al ser humano durante toda su vida: “Los amigos ayudan a los jóvenes a guardarse del error; y ayudan a los viejos, los cuales, a causa de su debilidad, necesitan asistencia y ayuda adicional para sus acciones; y los que están en la flor de la vida les presentan su apoyo para las nobles acciones…”.

Para el filósofo de Estagira es posible distinguir tres tipos de amistad: por utilidad, por placer y por virtud; las dos primeras son accidentales, frágiles, contingentes, sólo la tercera es sustancial, sólida, duradera. En cada uno de los tipos de amistad “se da un afecto recíproco y no desconocido, y los que recíprocamente se aman desean el bien los unos de los otros en la medida en que se quieren”.

Quienes son amigos con base en el interés o el placer, en la utilidad y el gozo, pueden dejar de ser amigos en el futuro y usualmente la huella que el amigo deja en el otro es endeble, “los que se quieren por interés no se quieren por sí mismos, sino en la medida en que pueden obtener algún bien unos de otros. Igualmente ocurre con los que se aman por placer; así, el que se complace con los frívolos no por su carácter, sino porque resultan agradables. Por tanto, los que se aman por interés o por placer, lo hacen, respetivamente, por lo que es bueno o complaciente para ellos, y no por el modo de ser del amigo, sino porque es útil o agradable”.

Ambas amistades son “por accidente, porque [el amigo] no es amado por lo que es, sino por lo que procura, ya sea utilidad ya placer. Por eso, tales amistades son fáciles de disolver, si las partes no continúan en la misma disposición; cuando ya no son útiles o agradables el uno para el otro, dejan de quererse”. En cambio, la amistad perfecta, que compendia y supera a las demás es la que se da entre personas buenas, que comparten lo mejor de sí, que juntas encuentran algo del mundo que aisladas no lo hubieran descubierto.

De la amistad por virtud dice Aristóteles: “la amistad perfecta es la de los hombres buenos e iguales en virtud; pues, en la medida en que son buenos, de la misma manera quieren el bien el uno del otro, y tales hombres son buenos en sí mismos; y los que quieren el bien de sus amigos por causa de éstos son los mejores amigos, y están dispuestos a causa de lo que son y no por accidente; de manera que su amistad permanece mientras son buenos, y la virtud es algo estable”.

En la fundación del Partido Acción Nacional concurrieron dos personas cuya amistad no tuvo sombras: Manuel Gómez Morin y Efraín González Luna. La primera carta de la que se tiene noticia entre ambos mexicanos honestos, buenos y virtuosos es del 23 de noviembre de 1934, en ella Gómez Morin comparte el ideal de un proyecto editorial con el ilustre jalisciense: “MANUEL GOMEZ MORIN, saluda atentamente a su distinguido y fino amigo el señor licenciado don Efraín González Luna y tiene el gusto de enviarle copia de un memorándum relativo a la creación de una sociedad editorial y de una sociedad distribuidora de libros y publicaciones, según tuvo el gusto de platicarle brevemente hace unos días”.

La amistad de nuestros fundadores fue siempre luminosa, aún en los momentos difíciles y aciagos, se mantuvo en la salud y en la enfermedad y a pesar de los vaivenes de sus respectivas vidas. La amistad fue tan sólida que ni siquiera el hecho de que Gómez Morin haya desesperadamente postulado a su amigo para ser el primer candidato de Acción Nacional a la Presidencia de la República, mermó un ápice su mutuo respeto y consideración.

Durante la Primera Convención Nacional que comenzó el 16 de septiembre de 1939, se deliberó largamente sobre la participación del PAN en la elección presidencial con candidato propio, el largo debate tuvo como uno de los principales escuderos a favor de abstenerse a Efraín González Luna. La base de la postura abstencionista era la urgencia de fortalecer a la naciente organización antes de lanzarse a la neurosis de la escaramuza electoral. Después de los debates ganó el deseo de participar en elecciones con candidato propio, por lo que Manuel Gómez Morin propuso a su amigo González Luna, quien declinó con elocuencia y elegancia.

El 2 de octubre de 1939 don Efraín le escribía en los siguientes términos a su entrañable amigo oriundo de Batopilas: “Aunque su proposición en la memorable asamblea del 17 [de septiembre] implicaba ciertamente un gravamen agobiador, desde que la vi venir en su espléndido discurso, al oírsela formular y después de que no dejé de comprender y apreciar los móviles de su desesperada iniciativa y siempre agradecí, como agradezco todavía, el aplastante honor y la inolvidable prueba de amistad que me dio al considerarme digno de representar y salvar uno de los valores más altos y entrañables para Ud. Y para mí: el ideal y el honor de Acción Nacional”.

La amistad por virtud es durable y fue la base en la conformación del PAN. Quienes concurrieron a la histórica Asamblea del 14 de septiembre en el Frontón México, estaban unidos por profundos e íntimos lazos de amistad. Esta es una huella indeleble que dejaron los fundadores en el Partido. Por eso las décadas iniciales de Acción Nacional fueron de debate y diálogo y no de confrontación violenta, por eso pudo funcionar y fructificar la democracia interna en convenciones y asambleas, por eso fue posible organizar civilizadamente eventos y mantener la decencia como oposición y como gobierno.

El legado de auténtica amistad ha perdurado y es el fundamento de la solidaridad entendida como “un dinamismo noble, básico; creativo e incluyente; ordenado, generoso y fecundo de la vida social que impulsa la búsqueda del bien común. Entendida así, la solidaridad viene a ser el rostro social del amor”. La relación entre los miembros de Acción Nacional se da bajo esta lógica solidaria, tal como lo expresa la afortunada metáfora “camaradería castrense”, porque dicha forma de amistad se da entre quienes se cuidan mutuamente. Esta amistad perfecta, que debe caracterizar la relación entre los miembros de Acción Nacional, es la que tanto ensalzó Aristóteles, ya que constituye “el más alto grado de excelencia”.

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