“La 4ª Compañía”: la corrupción en la era de López Portillo
Publicada el Jue, Jul 20, 2017

 

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Por Mabel Salinas.

El 11 de julio de 2017 se llevó a cabo la entrega del Ariel, el premio más importante de la industria cinematográfica nacional. “La 4ª Compañía” obtuvo 10 premios de los 20 a los que contendía, entre los que se encontraron Mejor Película y Mejor Actor, para su protagonista Adrián Ladrón. Semejante victoria causó controversia, pues la cinta no se ha exhibido en la cartelera nacional y sólo se ha presentado en el Festival de Cine de Guadalajara, donde únicamente un puñado de personas y especialistas de cine han podido verla. Soy una de las pocas afortunadas.

Sin embargo, su victoria es más que merecida, ya que es un filme técnicamente solvente, hecho con corazón, preocupación social y que habla de un tema actual pese a estar ambientado en la década de los 70, cuando José López Portillo era presidente y el general Arturo “Negro” Durazo fungía como el Jefe de la Policía y Tránsito. Lo que vemos en pantalla es una denuncia tardía, pero escalofriante de la corrupción que se vivió bajo su tutela y amparo.

El penal de Santa Martha Acatitla es el escenario donde se desarrollan los hechos y en el que los directores, Amir Galván y Vanessa Arreola, filmaron la cinta, proceso largo y cansado, pero valioso, pues actores y crew debían acoplarse a los horarios del penal e incluso contaron con apoyo de algunos reos en el proceso de realización, tanto delante como detrás de la cámara, todos los cuales recibieron un curso de apreciación cinematográfica para colaborar.

El brutal relato sigue a Zambrano, un joven que llega a esta prisión después de haber estado en la penitenciaría juvenil. Pronto se adhiere a Los Perros, el equipo de futbol americano de Santa Martha a los que también se les conocía como “La 4ª Compañía”, pues eran quienes se encargaban de impartir la “ley” entre los reos, así como del narcomenudeo que tenía lugar tras las rejas. Pero donde enfatiza el argumento es en que este grupo de “atletas” salía a robar autos o bancos con el amparo de las autoridades, todo para enriquecer a Durazo y los suyos.

La película es una enumeración de los crímenes cometidos por este grupo coaccionado por la autoridad, pero también un recuento de las violaciones a los derechos humanos que se llevaron a cabo en las inmediaciones de la cárcel o de los libertinajes que se daban en el exterior. Tal vez se les podría recriminar a los cineastas que antepusieron los acontecimientos al desarrollo de los personajes —son tantos que no se les llega a conocer bien— y que toma tiempo que el filme despierte interés. No obstante, una vez que las corruptelas inician, fluye como agua, dejando atónito a quien lo vea.

“La 4ª Compañía” recuerda que hay una herida aún abierta en la sociedad mexicana, cuestiona la legalidad y viabilidad de las estrategias de reinserción social, pero sobre todo, el descaro con que las autoridades utilizan a los reos y se burlan de los ciudadanos pagadores de impuestos para hacer negocios al margen de la ley.

Galván y Arriola, quienes también escribieron el filme, cumplen su objetivo a través de una sofisticada puesta con una fotografía impresionante. Constituye una paradoja que retratos y composiciones tan bellas capturen escenarios corroídos, paredes grisáceas, así como tristeza, explotación y desesperanza, hazaña que además está sustentada en una extenuante investigación de archivo y en entrevistas con algunos de los sobrevivientes y testigos de la podredumbre que contaminó a Santa Martha en la década de los 70. Lo más preocupante es que hay muchas cosas que siguen igual o peor a causa de la descomposición social que nos corroe. Para reflexionar.

cuatro estrellas

Mabel Salinas es Directora Editorial de enlaButaca.com y colaboradora de Cine Premiere. @mabsalinas @EnLaButaca