Instrucciones para leer “por la tangente”
Publicada el Mar, Sep 29, 2020

 

Por Carlos Castillo.

Hay libros que por su propia naturaleza exigen leerse de corrido: una novela o un tratado exigen de la continuidad que marca la secuencia de cada página y su comprensión depende de ese orden numerado.

Hay otros libros menos exigentes, más juguetones y amables con la lectora, con el lector. Libros saltimbanquis, libros escurridizos, libros que se deleitan en el aparente desorden de una estructura que nos permite elegir por cuál parte empezar.

Esta posibilidad no le resta a sus páginas ni interés ni fuerza. Bien logrados a fuerza de construirse desde ideas completas y circulares, son bosques abiertos al descubrimiento y al azar, un mapa que hace de la incertidumbre una alternativa que permite una lectura menos solemne y formal.

Julio Cortázar, a quien esta reseña debe su título, logró construir la principal de sus novelas, Rayuela, bajo ese esquema aleatorio, haciendo de la lectura un experimento lúdico que transformó no sólo la forma literaria sino también el lenguaje. Conviene hoy recordarlo, cuando suele aludirse a la pulcra cerrazón gramatical frente al uso de un lenguaje inclusivo que visibilice a mujeres y hombres por igual (“El diccionario, ese gran cementerio”, escribió alguna vez).

En su más reciente obra, Por la tangente (Taurus, 2020), Jesús Silva-Herzog Márquez abre esos caminos de lo aleatorio para ofrecer opciones: de una lectura tradicional, lineal, numerada página tras página, hasta elegir al azar uno de los 44 ensayos que conforman el texto para dejarse atrapar por una serie de autores que, como reza el subtítulo, De ensayos y ensayistas, abrirán el crisol de un género que no requiere probar nada, que puede permitirse la divagación y la exposición menos académica y formal.

La primera opción bastará para quien acude al libro como un requisito o un procedimiento. La segunda puede acompañar los ratos de ocio y adentrarnos en una madeja de conocimiento que asombra por su erudición y capacidad de síntesis de argumentos, de nombres que se van desdoblando en cada pieza y conforman breves reflexiones que no por su extensión carecen de profundidad y mantienen al mismo tiempo una amigable ligereza.

Una tercera alternativa es tomar a cada autora citada, a cada autor referido, para explorar obras nuevas que recorren la historia del propio ensayo hasta nuestro tiempo, y permitir una lectura interrumpida que es asimismo un mapa abierto que se extiende casi al infinito.

El recorrido de esta tercera posibilidad nos llevará de la torre de Montaigne y su libro fundador del género –que aparece como fantasma a lo largo de toda la obra de Silva-Herzog– hasta la amistad-puente entre generaciones de Octavio Paz y Alfonso Reyes; de las reflexiones de Hannah Arendt frente al mal banalizado y normalizado como forma de vida y sistema de gobierno hasta las mitologías exploradas y reinterpretadas por el italiano Roberto Calasso; de regímenes que pretenden someter el pensamiento a partir de una moral confesional hasta la libertad que rompe esos diques y logra emanciparse quizá no desde el cuerpo pero siempre desde las ideas y su expresión.

La lista de temas, de citas y de referencias se vuelve así un gozo que en ocasiones abruma pero nunca agota porque la historia, utilizada como elemento para analizar nuestro propio tiempo, permite revalorar escritos que vuelven a cobrar vigencia: voces del pasado de una lucidez tan brillante (Unamuno, Ortega, Savater, Zambrano) que siguen alumbrando y respondiendo a las interrogantes de esta época nuestra, oscura y compleja, siempre y no obstante estimulante por ser precisamente la nuestra.

El ensayo permite abarcar cualquier tema porque está abierto a la experimentación, porque sus límites son móviles y flexibles, porque sus posibilidades se extienden tan lejos como lo permita la imaginación.

Por la tangente aprovecha cada una de estas características y nos lleva de la poesía, a la música, a la filosofía, a la política a la historia sin detenerse o avisar que habrá un cambio, sorprendiendo con sus brincos sutiles, dando paso incluso a estas instrucciones que son sin duda prescindibles porque basta con abrir el libro y leer, simple y llanamente: leer.

 

Carlos Castillo es Director de la revista Bien Común.

Twitter: @altanerias

Comentarios

comentarios