Institucionalidad, identidad, unidad
Publicada el Jue, Oct 18, 2018

Por Fernando Rodríguez Doval.

En unos días más el Partido Acción Nacional renovará su dirigencia nacional y gran parte de sus dirigencias estatales. Esta renovación debe evitar la tentación de enfocarse únicamente en las personas que encabezarán al Partido, ya que eso sería casi irrelevante si no hay claridad de hacia dónde debe ir una institución que, a pesar de los malos resultados electorales, seguirá teniendo una importante notabilidad en la vida pública del país, gracias a su presencia en los Congresos locales y federal, y las gubernaturas y alcaldías que encabeza.

Existen algunos retos que el Partido debe enfrentar con apremio. El primero tiene que ver con su institucionalidad interna. Durante décadas, el PAN fue ejemplo de procesos internos ordenados, democráticos y deliberativos. Urge reforzar y recuperar los espacios de diálogo, de debate y de discusión en todos los niveles. Y también tener reglas claras, renovadas y predecibles en cuanto a los mecanismos de afiliación, selección de candidatos y elección de dirigentes. Que exista un solo partido nacional y no una federación de intereses locales. Ser un partido de militantes libres, en el que se premie el mérito, el trabajo y la capacidad.

Por otro lado, es indispensable que el PAN se rearme ideológicamente ante un nuevo gobierno que con toda seguridad buscará la hegemonía política y cultural. En este sentido, Acción Nacional tiene que fortalecer su identidad humanista, la cual sintetiza de forma muy afortunada el liberalismo clásico y el socialcristianismo, y formar a sus militantes, dirigentes y servidores públicos en ese pensamiento. Apostar sin miedo y sin complejos por unos principios y valores con los que se identifican millones de mexicanos, como pueden ser la defensa de las libertades y del estado de derecho, la limitación del poder, la economía social de mercado, la vida y la familia, la igualdad ante la ley, el federalismo, el desarrollo humano sustentable o la integridad pública. A partir de ellos, delinear una oferta programática clara, distinguible y atractiva para los electores, los cuales expresaron en las urnas su hartazgo hacia el sistema político imperante.

Otro reto que enfrenta el Partido es el de la unidad. Desde su fundación, han convivido en Acción Nacional una diversidad de expresiones y sensibilidades, virtuosamente canalizadas a través de la democracia interna. De un tiempo para acá, sin embargo, muchas de esas expresiones se han salido de cauce, y el cuestionamiento público a decisiones tomadas en los órganos directivos del Partido ha dejado de ser la excepción para convertirse en la regla. Hay grupos y personas que han optado por desconocer, de manera sistemática, las directrices y la línea política de las distintas dirigencias, y también ha habido dirigencias que han impuesto sus decisiones de manera unilateral. Cualquier organización humana que persigue un propósito en común, del tipo que sea, requiere disciplina y cohesión. En el PAN la hemos perdido y la debemos recuperar, sin que eso signifique, de manera alguna, ahogar las expresiones de disenso que siempre serán enriquecedoras. Urge una reconciliación entre todos los panistas, a fin de poder mirar juntos hacia adelante.

México transita hacia un nuevo sistema de partidos, con un polo dominante muy claro, MORENA, y con una oposición debilitada, pero con una fuerza considerable aún, el PAN. En esta nueva etapa histórica, Acción Nacional tiene la inmensa responsabilidad de ser un dique frente a cualquier regresión autoritaria, pero también un cauce hacia la construcción de bienes públicos. Para lograrlo, los panistas debemos abrirnos a los ciudadanos y a la sociedad civil, a partir de una línea política clara y de una definición nítida del papel que tenemos en esta nueva hora de México. Los retos y las oportunidades son formidables, mal haríamos en voltear hacia otro lado o solamente hacia nosotros mismos.

 

IN MEMORIAM. Hace unos días falleció Gabriela Gutiérrez Arce. Militante panista, legisladora, servidora pública, Gaby fue una digna hija de don Juan Gutiérrez Lascuráin, segundo jefe nacional del PAN, después de Manuel Gómez Morin. Fue una mujer aguerrida, valiente, defensora incansable de los principios humanistas que durante casi ocho décadas han dado razón de ser a Acción Nacional. Como mujer que amaba a su partido, veía con tristeza ciertas actitudes que no corresponden con los ideales; su respuesta ante eso fue siempre propositiva y participativa: todavía en agosto pasado, ya muy enferma, asistió al Consejo Nacional –de cuya Comisión de Doctrina era integrante— y permaneció prácticamente hasta el final. Mujer de fe, contaba con orgullo cómo su padre, instantes antes de morir, organizó una oración colectiva al percatarse de que el avión en el que viajaba sufría una avería irreversible y la catástrofe aérea era inminente (así se lo había relatado un superviviente). Que descanse en paz esta gran mujer y muy querida panista, y que su ejemplo nos ilumine siempre.

 

Fernando Rodríguez Doval es Secretario General del CEN del PAN.

Twitter: @ferdoval

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