Ingreso Universal Básico: una visión normativa en la búsqueda de la libertad
Publicada el Jue, Feb 22, 2018

Por Salomón Guzmán.

Probablemente, la totalidad de las personas que habitan este planeta ya verifican muy de cerca los resultados positivos y negativos de los cambios y avances tecnológicos, las comunicaciones, el internet, el comercio global, las migraciones, la reducción de los recursos naturales , el lento desarrollo del bienestar de las familias , así como los efectos negativos por mayores niveles de contaminación.
Según la OMS, así como la parcial cobertura de los programas sociales para las personas en pobreza, por mencionar, de acuerdo con el Banco Mundial, en los países de ingreso bajo y de ingreso mediano bajo, las redes de protección social cubren únicamente el 25 por ciento de la población que vive en la extrema pobreza, en contraparte con el 64 por ciento en los países de ingreso mediano alto.
Frente a este conjunto de directrices acentuadas, lo anhelado es permitir un piso parejo incondicional (ingreso básico) para todos, cuyo propósito sea ponerse sobre los pies y enfrentarlas. Este piso parejo es comúnmente conocido como el Ingreso Básico Universal, es decir, “un ingreso regular que se pague en efectivo a todos los miembros de una sociedad sin importar los ingresos que obtenga de otras fuentes y sin ponerles ninguna condición ” (Philippe Van Parijs y Yannick Vanderborght, 2017).
Es probable que la globalización presente y futura se vincule con las diferencias en las productividades de las compañías y de los países, lo cual amplíe la brecha de ingresos, ahorros y herencias, las cuales incrementan en periodos posteriores como consecuencia de los retornos sobre el capital. En otras palabras, en el futuro próximo y con instituciones cada vez más debilitadas, el desfile de categorías de personas de acuerdo con su ingreso será cada vez más incuestionable: los pocos que se concentran en los extremos de mayor de ingreso y los muchos que se concentran en los extremos de no poseer nada, paradoja social aún con mayores tasas de crecimiento económico mundial.
Los cambios tecnológicos y los nuevos avances en las comunicaciones no liberaron a la población, como supuestamente se esperaba, del atraso económico y social; por el contrario, un conjunto grande de personas parece estar subyugada, cada vez más que antes a las nuevas tendencias mundiales y sus consecuencias, principalmente, la falta de empleo e ingresos y su precarización.
Si lo que preocupa es la libertad de las personas frente a las amenazas actuales, un Ingreso Básico Universal Incondicional, probablemente, sería la principal salida. Algunos argumentarán la injusticia que significaría el Ingreso Básico Incondicional: “muchas personas trabajarán para mantener a otros”, algo así como revivir el término del parasitismo, en contraparte, algunos otros argumentarán en favor del Ingreso Básico como una justicia cooperativa (el reparto cooperativo de los ingresos) concepto que puede realizarse bajo la justicia redistributiva (distribución imparcial). En consecuencia, es probable, se alcance la libertad real, especialmente para aquellas personas que menos libertad tienen, es decir, un máximo para un mínimo de libertad.
Esta forma incondicional permitiría a las personas decidir cómo usar el Ingreso Básico, en donde las preferencias individuales predominen ante las opciones múltiples, por ejemplo, elegir sobre el número de horas a trabajar, el esparcimiento y la salud. Por otro lado, cabe preguntar: ¿es viable la concepción de Ingreso Básico Universal Incondicional bajo el marco liberal? Bajo este enfoque, es inviable que algunos disfruten del trabajo logrado durante algún lapso de tiempo, es decir, las transferencias se interpretarían como un robo social. No habría justificación del Ingreso Básico bajo este marco liberal. No obstante, de acuerdo con el liberal Matt Zwolinski (2011): “el Ingreso Básico…permite a las personas no someterse a la voluntad de otros. Permite decir no a propuestas a las que sólo la desesperación en extremo las conduce a aceptar, además de permitir regir sus vidas bajo el diseño de sus planes, con otras palabras, les posibilita ser libres” (La libertad real, la cual es diferente a la libertad otorgada preinstitucionalmente). Las primeras aproximaciones de lo que se entiende como Ingreso Básico Universal nacen con la publicación de George D.H Cole en 1953 y en 1956 con Jan Tinbergen.

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