Inacción
Publicada el Mie, Mar 25, 2020

 

Por Marco Antonio Adame Castillo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calificado al COVID-19 como una pandemia. A nivel internacional, los países viven en situación de emergencia y han aumentado las medidas de salubridad y económicas. Pero otra es la realidad de México donde el Gobierno federal minimiza el problema y resultan insuficientes las medidas que está adoptando.

En todo el mundo se han incrementado las acciones de contención a niveles inimaginables: no sólo se han suspendido clases y eventos sociales; se han cerrado fronteras y se ha restringido el tránsito dentro de las ciudades. El presidente francés ha hablado de una “guerra contra el coronavirus”.

Mientras tanto, en México, el Gobierno federal pareciera no prestarle importancia. El presidente invitó a la gente a abrazarse; un subsecretario de Salud sugirió recibir los vuelos de Europa que no recibiría Estados Unidos; y fuimos ejemplo mundial de negligencia por las giras presidenciales donde abundan tumultos y abrazos, y por los eventos masivos en la Ciudad de México (uno de ellos reunió a 41 mil personas).

Pero para el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, las giras presidenciales no son una preocupación, ya que argumenta que el presidente “no es una fuerza de contagio” sino una “fuerza moral”. Y ante las pocas pruebas de detección realizadas en México, afirmó que estas no tienen ninguna relación con la efectividad de las medidas implementadas.

A lo que la OMS contestó que las pruebas son “la columna vertebral de la respuesta” y que “no se puede combatir un problema con los ojos vendados”; lo cual sería pretender contener una pandemia sin conocer los focos de contagio como sugiere el subsecretario mexicano.

Pareciera que hay funcionarios que no entienden que el crecimiento de la enfermedad puede ser exponencial con solo una persona que no sea detectada a tiempo y que el resultado de ello puede ser fatal. En Corea del Sur una persona pasará a la historia por causar uno de los mayores picos de la enfermedad tras negarse a realizarse la prueba del COVID 19.

La “paciente 31” de Corea del Sur, tras un accidente de tráfico, asistió a un hospital a revisión y debido a que presentaba fiebre los médicos le pidieron hacerse la prueba del COVID-19; pero ella se rehusó. Posteriormente, asistió en repetidas ocasiones a una iglesia. Al empeorar sus síntomas se hizo la prueba dando positivo. Después de ello el 80 por ciento de los casos de todo el país estaban relacionados con la iglesia a la que ella había asistido.[1]

No se trata de generar miedo sino de generar conciencia. Si bien la tasa de mortalidad del COVID-19 en China está entre el 2 y el 4 por ciento y fuera de ella es de 0.7; es necesario tener la responsabilidad cívica para proteger a los más vulnerables: los mayores de edad, las personas con hipertensión arterial y aquellos con enfermedades cardiacas o diabetes.

No existe país que pueda tratar la enfermedad si la curva de contagio no se controla. De acuerdo con el titular del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades, México no cuenta con lo necesario para enfrentar el COVID-19 si este llegara a la fase 3.

Ante la pasividad del Gobierno federal, la sociedad civil y los gobiernos locales del PAN -y algunos otros- han tomado medidas adicionales por la gravedad del problema. Algunas de alcance nacional como la suspensión del Tianguis Turístico de Mérida, asumiendo los costos que ello implica. Y entre otras medidas algunos artistas pospusieron eventos; escuelas y universidades privadas interrumpieron las clases presenciales mucho antes que el gobierno, y las iglesias suspendieron las misas dominicales.

En cambio, en la Cámara de Diputados el grupo mayoritario se resistió al máximo a tomar las medidas de contención. En un día de sesión asisten a Cámara 7 mil personas de todo el país, quienes acabando la semana regresan a sus estados, lo que hace de la Cámara un posible foco de infección nacional. Pero para MORENA y sus aliados fue más importante seguir al presidente, retrasando las medidas necesarias que el ser responsables.

Otra muestra de la inacción del Gobierno federal ha sido su inexplicable resistencia para instalar el Consejo de Salubridad General. El gobierno afirmó que no era necesario convocarlo, aún y cuando ya había una calificación de pandemia. Si esa no es una razón suficiente ¿entonces qué lo es?

A su vez, convocarlo no era optativo sino una obligación constitucional del presidente ante este tipo de emergencias (art.73). Acción Nacional velará porque este organismo funcione y que se escuchen todas las voces necesarias para superar esta contingencia sanitaria, así como sus consecuencias económicas y sociales.

No es con la cerrazón o necedad de un solo hombre, así sea el presidente, que superaremos esta emergencia sino con la participación de todos. Así lo han reconocido mandatarios alrededor del mundo al compartir de manera sentida, empática y solidaria con sus ciudadanos, la gravedad del momento, las medidas a implementar y la convicción de que unidos saldrán adelante.

Es hora de que en México el Gobierno federal deje la inacción y pase a la acción para proteger así la salud y la economía de todos los mexicanos; este ha sido el llamado permanente de nuestro Partido.

 

Marco Antonio Adame Castillo es Vicepresidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados en la LXIV Legislatura.

Twitter: @MarcoAdame

[1] https://graphics.reuters.com/CHINA-HEALTH-SOUTHKOREA-CLUSTERS/0100B5G33SB/index.html

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