Impulso para lograr lo que ahora México requiere
Publicada el Mie, Dic 20, 2017

 

Por María Elena Álvarez de Vicencio.

El PAN ha sido un impulso determinante en los cambios de la nación. Llegué al Partido en 1957, se estaba preparando la campaña que lanzaría a Luis H. Álvarez como candidato a la Presidencia de la República. Mi esposo, Abel Vicencio Tovar, fue nombrado Jefe del Distrito 17 del Distrito Federal y candidato suplente de Raúl Velasco Zimbrón a diputado federal por ese distrito. Yo me encargué de la Sección Femenina del mismo distrito y de la administración de la oficina, que no existía, pero pronto rentamos un pequeño local en avenida Revolución, en Tacubaya.

Para cubrir la renta y el teléfono hicimos una campaña de donativos en oficinas, consultorios, comercios y pedíamos ayuda después de los mítines. También salíamos a “botear” en los mercados y organizamos bazares en las colonias con objetos usados que nos donaban. El Comité Regional nos proporcionaba algunos volantes y desplegados, y los jóvenes voluntarios del distrito los pegaban con el engrudo que hacíamos las mujeres. Ellos pintaban las bardas con métodos y materiales creativos y económicos. Ese trabajo tenía que hacerse por la noche y en varias ocasiones, quienes los pegaban, eran detenidos, ya que difundir propaganda que hablara mal del gobierno era considerado delito de disolución social. Mi esposo tenía que acudir a la comisaría a sacar a los detenidos después de largas discusiones, pero se quedaban con el cuerpo del delito, es decir, la propaganda.

Nuestro trabajo empezó un año antes de la elección. La primera tarea era lograr el empadronamiento, el cual se hacía para cada elección. Un grupo de mujeres muy comprometidas recorríamos el distrito, casa por casa, invitando a empadronarse. La resistencia a hacerlo era muy fuerte, pues no era fácil convencer de que no se podía pasar del voto inexistente al voto respetado, había temor y desconfianza. El camino que proponíamos era pasar del voto burlado al voto respetado, para lo cual teníamos que votar por un partido diferente al oficial. Intencionalmente, había muy pocas oficinas para empadronarse.

Blanca Magrassi elaboró un material con figuras de cartón que exponíamos en un franelógrafo, por medio del cual explicábamos la razón del voto y los principios de la doctrina del PAN. Lo hacíamos en reuniones domiciliarias y en los patios de las vecindades (no había video, ni filminas y las fotos eran muy caras).

El principal trabajo con las mujeres en los Comités, además de impulsar el empadronamiento, era dar capacitación para motivarlas a participar en política, ya que el reconocimiento al derecho de votar era muy reciente y las mujeres no estaban convencidas; consideraban a la política como algo “indigno de una persona honesta”.

Una manera de integrar a toda la familia en las campañas fueron las caravanas, en autos o caminando. La asistencia a mítines les daba temor, ya que en ocasiones el partido oficial provocaba violencia. No era fácil que las mujeres hablaran en ellos, a mí también me costó trabajo, lo hice por primera vez en un mitin regional del Distrito Federal, cuando en Chihuahua asesinaron al joven Márquez Monreal por colocar propaganda panista y todo el panismo protestó. Después, ya me fue fácil hacerlo y las mujeres se interesaron por las clases de oratoria que les ofrecimos para que se les facilitaran también las visitas domiciliarias.

Además de los mítines, las campañas las hacían los candidatos, quienes visitaban casa por casa y organizaban modestas reuniones en las que se les presentaba más ampliamente.

La preparación para actuar como representantes de casilla fue otra de las actividades que se realizaban cuando ya se había cerrado el empadronamiento. No fueron muchos los que se empadronaron y cuando finalmente se convencían de actuar ya no podían ser representantes, ni votar; entonces, aprovechábamos su disposición para distribuir la propaganda, la elaboración de las tortas para los representantes y también para conseguir el material que debían llevar a las casillas, ya que no se les proporcionaba nada. Conseguíamos que en las papelerías nos regalaran papel carbón, hojas blancas, lacre y cordón, así podían obtener copia de las actas y se aseguraban de que los paquetes fueran amarrados y lacrados.

Llevar tortas y refrescos a los representantes de casilla se cumplió siempre con la ayuda de los panistas. Los dirigentes regionales conseguían refrescos regalados de alguna embotelladora y las mujeres elaboraban las tortas pidiendo todo regalado; otros se encargaron del reparto y además eran enlaces cuando los representantes requerían apoyo extra por evidentes fraudes o cuando, sin razón, los querían expulsar de las casillas. Además, al terminar, acompañaban a los presidentes a entregar los paquetes a las oficinas electorales.

Después debían acudir al “cuartel general” del PAN a entregar copias de las actas. No había celulares. Hasta que llegaban las actas se sabían los resultados. En esos primeros años la excepción era ganar algún distrito, lo que nos animaba al recibir los resultados era que desde el primer año en que el PAN postuló candidatos empezó a disminuir el abstencionismo. Además, nos llenaba de entusiasmo que en cada elección los panistas descubrían nuevas formas del fraude electoral y eso obligaba al partido oficial a inventar otras nuevas. El PAN publicó un librito titulado: Quinientas formas de hacer el fraude electoral.

Pasada la elección colaboré como Presidenta de la Sección Femenina Nacional. El Partido se estaba consolidando cada vez más y se requería capacitar mejor a las mujeres y motivarlas para que participaran en la política y para ser candidatas. Con ese fin, Blanca Magrassi convenció a María Luisa Valdés y a Martha Herrera para que hiciéramos una gira por el bajío. La hicimos en camiones de segunda, con nuestros propios recursos.

En Guadalajara nos hospedamos en la casa de don Efraín González Luna y en San Luis Potosí en la de la familia Izquierdo Rosillo. En los otros estados estuvimos sólo unas horas. Conseguimos dos buenos candidatos varones para diputados, pero ninguna mujer, ellas todavía no lo consideraban factible, pues había que viajar a la capital y dejar a la familia, además la dieta era escasa y se daba casi la tercera parte al Partido Si para los varones era difícil más lo era para las mujeres, pero logramos entusiasmar para dirigente a Lupita Rodríguez de San Luis Potosí y Lupita Salinas de Guadalajara, muy valiosas mujeres que contribuyeron a fortalecer al Partido y que años después fueron excelentes legisladoras.

Con la exigencia del PAN, secundada por el partido de izquierda ya reconocido, se logró que las elecciones salieran del ámbito del mismo gobierno. Se estableció el Instituto Federal Electoral con los procesos electorales como los conocemos ahora en el Instituto Nacional Electoral.

Todavía no estamos satisfechas de nuestra democracia, es mucho lo que se avanzó, pero ahora los problemas son más complejos y mucho más difícil de resolver. El PAN fue pionero al impulsar reformas y procesos que parecían imposibles, lo logró sin recursos, no había financiamiento público. Los logros fueron gracias a la entrega, generosidad y rectitud de intención de sus mujeres y hombres, cuyo único propósito era cambiar al país para beneficio de los mexicanos.

Hoy nos encontramos ante uno de los procesos electorales más complejos de nuestra historia, no sólo por la cuantía de los cargos y las numerosas candidaturas que los pretenden, sino por la complejidad de las leyes electorales que lo rigen, originadas por la desconfianza. México sigue siendo muy desigual y todavía hay mujeres que no ejercen sus derechos políticos. Sin embargo, ya hay mujeres que se proponen gobernar a su país.

Nuestro Partido tiene un pasado de generosidad, entrega, honestidad y eficacia en la acción. Es en esta elección donde el Partido, con sus hombres y mujeres, puede ser un factor definitivo para reencausar a nuestra nación conforme a los principios que desde su fundación ha postulado y para lograr erradicar la gran desigualdad que tiene en la pobreza a la mitad de los mexicanos.

 

María Elena Álvarez de Vicencio es Directora del Centro de Estudios para la Mujer Blanca Magrassi y Consejera Nacional del PAN.

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