Hora electoral, hora de doctrina
Publicada el Vie, Feb 23, 2018

Por Salvador I. Reding Vidaña.

Las próximas campañas electorales de Acción Nacional deben cobijarse con la doctrina del humanismo político, la esencia partidaria que construyeron los fundadores, y que ni ha cambiado, si se ha acomodado a las circunstancias convenencieramente. Y esto no es nada nuevo, siempre ha debido ser así.
Podemos hacer repetidas citas de los grandes hombres y mujeres que construyeron este partido que es Acción Nacional. Pero no debe ser necesario, más bien se deben reafirmar interna y externamente los ideales de formación de una ciudadanía responsable del bien común, solidaria y subsidiariamente, teniendo siempre presente la dignidad de la persona humana. Pero también la dignidad de las instituciones y organizaciones de la sociedad mexicana.
Así, primeramente, las ofertas y promesas de campaña deben estar claras, muy claramente, orientadas al bien común. Y eso se debe demostrar con el discurso político, que no quede duda en la ciudadanía que votará, de que lo que se promete tiene una base real de legitimidad. No se deben ofrecer ni sueños guajiros ni trampas para atraer al votante, deben estar hechas de tal forma que al final del periodo ganado por el voto, se pueda mostrar la integridad, la sinceridad y la praxis razonable con que se hicieron las promesas de campaña.
Es demasiado común, en las campañas electorales, ofrecer de todo, como hacer por el Ejecutivo (federal o local) acciones que solamente puede hacer el Legislativo. Es ilegítimo. Sí se deben ofrecer políticas ejecutivas o legislativas que ayuden realmente a mejorar las condiciones del pueblo, a disminuir sus problemas, como la pobreza, la corrupción, la ineficiencia y la inseguridad. Políticas de progreso en obra pública, en eficiencia administrativa y mejora legislativa.
Cobijarse con la doctrina humanista obliga al Partido, a sus comités y sus candidatos, a respetar la verdad y el respeto, aunque los adversarios no lo hagan. La integridad moral depende de uno mismo, y faltar a ella porque los otros lo hacen es injustificable. De esta manera, la mentira, la injuria, la falsedad y en general la llamada guerra sucia, no pueden ser recursos electorales panistas. Oídos sordos a quienes aconsejan lo inmoral.
Por supuesto que no se debe dejar pasar la guerra sucia del adversario, se debe responder, pero con la verdad, de manera inteligente, contundente, convencedora. Sí se deben hacer denuncias y señalamientos cuando proceden.
De esta manera, el apego a la doctrina humanista, de absoluta inspiración cristiana, no solamente se debe presentar en campaña, sino vivirla en la misma, para demostrar que el apegarse a ella no es un cuento para ingenuos, sino un real apego, tanto en campaña como en la vida diaria partidaria, legislativa y ejecutiva.

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