Gómez Morin: formador de la juventud
Publicada el Vie, May 19, 2017

ideas fuerza

Por Javier Brown César.

En la persona de Manuel Gómez Morin se dio la unión virtuosa y extraordinaria entre técnica y mística. El fundador de Acción Nacional, además de su papel indiscutible como creador de algunas de las instituciones más importantes en materia financiera del México moderno, fue un destacado catedrático y el rector que defendió la autonomía universitaria en momentos difíciles, en los que el gobierno privó a la Universidad Nacional de importantes recursos financieros.

En su faceta como docente, Gómez Morin no sólo impartió cursos en la Universidad Popular, las Escuelas de Tropa y la Escuela Nacional Preparatoria, también fue profesor de Teoría del Estado y Derecho Administrativo en la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Don Manuel fue el digno heredero del Ateneo de la Juventud, en el que tuvo como maestros a Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Antonio Caso y José Vasconcelos. El Ateneo fue una asociación creada en 1909 para trabajar en favor de la cultura y las artes, y organizar reuniones y debates públicos.

Fue un miembro destacado de los llamados Siete Sabios, con quienes fundó, el 5 de septiembre de 1916, la Sociedad de Conferencias y Conciertos, impartiendo entre otras, la conferencia “Las instituciones democráticas modernas”. No está de más señalar que con su gran sentido práctico, y una vez diseñada la Ley del Banco de México, Gómez Morin habría de inaugurar, en 1929, la Escuela de Banqueros del Banco de México, que a la postre sería la Escuela Bancaria y Comercial; además, en 1936 propuso a Eugenio Garza Sada la fundación de un instituto educativo de carácter técnico que llegaría a ser el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

Cuando su maestro Antonio Caso asumió la rectoría de la Universidad Nacional, en 1922, el joven Gómez Morin le sometió un proyecto en el que proponía instaurar los doctorados en Derecho y en Ciencias Sociales, y crear la licenciatura en Ciencias Sociales, con un programa que comprendía materias como sociología, economía política, economía social, derecho, organización política y administrativa de México y administración municipal.

Como firme creyente en el valor de la formación de generaciones jóvenes, don Manuel escribió, el 28 de febrero de 1959, una carta a Luis H. Álvarez en la que proponía un nuevo proyecto, consistente en formar a jóvenes procedentes de diversos estados de la República. El objetivo del proyecto era “presentar a muchachos y muchachas de los estados, en forma dramática, los datos ciertos de los problemas básicos de México (sociales, políticos y económicos); enseñarles lo que se ha hecho respecto a esos problemas, los errores cometidos, los resultados buenos o fatales; en darles a conocer las soluciones propuestas y su justificación general, al alcance de todos; en dotarlos, por tanto, de una visión más clara de la realidad esencial de la vida común en México, de las carencias y de las posibilidades…”

Se trataba de un proyecto cuyo primer momento era lo que Gómez Morin denominaba la técnica, tal como la definió en el fundamental ensayo 1915: “Técnica que no quiere decir ciencia. Que la supone; pero a la vez la supera, realizándola subordinada a un criterio moral, a un ideal humano.

“Técnica que no es tampoco positivismo; que conoce y postula otros valores para el conocimiento y para la vida y sabe la honda unidad que existe entre todas las manifestaciones del espíritu: música y filosofía, ciencia y pintura, arquitectura y derecho.

“Conocimiento de la realidad. Conocimiento cuantitativo, ya que el error del liberalismo…. Estriba en involucrar un problema de calidad en lo que es sólo un problema de cantidad…”

Así, para Gómez Morin la técnica está sometida a un criterio superior, de naturaleza moral, el cual funge como orientación principal; pero, además, la técnica se basa en el conocimiento puntual de la realidad, con fundamento en diagnósticos que den a conocer los diversos matices de los problemas nacionales. Don Manuel sabía que la mística sin técnica es mera contemplación, especulación vana, imaginería sin sentido, y que la técnica sin mística es activismo peligroso, iniciativa estéril, acción poco efectiva.

De ahí, la propuesta inicial de formar a los jóvenes en el conocimiento cabal de los grandes problemas nacionales, para que ese grupo formado en ese diagnóstico pudiera “llevar esa información, en el grado en que necesitan conocerla todos los ciudadanos, a los grupos regionales o locales de muchachos y muchachas y, en general, a los militantes y a los ciudadanos”. Con esto se bosquejaba el ideal de que el conocimiento adquirido pudiera transmitirse e impregnar la conciencia no sólo de quienes militaban en Acción Nacional, sino también de la ciudadanía.

Gómez Morin continuaba así con el bosquejo de su proyecto: “propuse, por tanto, que se hagan dos o tres veces al año, con diez o doce conferencias cada uno, encomendadas a los mejores y más capacitados expositores que tenemos y con un programa método y riguroso de tres cursos: Problemas básicos sociales, problemas básicos políticos y problemas básicos económicos. Podrían hacerse dos o tres, de conferencias diarias y alargar dos o tres horas más de trabajo de seminario y academia, incluyendo una breve revisión de Historia de la Patria, oratoria, organización de la representación y del voto, técnicas de organización y de acción ciudadanas; historia del Partido y del esfuerzo cívico, funcionamiento del Partido y medios de movilización de las fuerzas sociales”.

Y de nuevo planteaba el modelo de que quienes asistieran al curso fueran eficaces “replicadores” de lo visto: “los muchachos así preparados con esa circunstancia estarán en capacidad, sin esfuerzo superior a la aptitud media, de volver a sus lugares de origen pudiendo repetir allá con grupos más amplios los mismos datos, el mismo análisis que hayan recibido en ese curso concentrado, dramático, intensivo”.

De este proyecto de Gómez Morin cabe resaltar algunos rasgos fundamentales. En primer lugar, la preocupación por la formación de los jóvenes como base para la formación de cuadros en el Partido. En segundo lugar, el hecho de que los cursos planteados tuvieran como base un diagnóstico certero y puntual de la realidad, con datos incuestionables. Por último, el hecho de que se buscara que los asistentes replicaran estos conocimientos hacia los miembros del Partido y hacia la sociedad. Con este programa en perspectiva, no cabe la menor duda de que en materia de formación de la juventud, como en tantos otros temas, don Manuel fue un visionario.

 

Twitter: @JavierBrownC