Globalizar la solidaridad
Publicada el Jue, Abr 23, 2020

Por Marco Antonio Adame Castillo.

 

El COVID-19 ha venido para cambiar al mundo, después de la pandemia nada será igual. Los números son escalofriantes, al escribir estas líneas son ya más de dos millones de infectados y más de 145 mil muertes a causa de la pandemia. Los servicios de salud de todo el mundo, incluyendo los países desarrollados, se han visto rebasados. Pero es aún peor la situación en los países en desarrollo, baste mencionar Ecuador donde los cadáveres esperan en las calles para ser recogidos.

En el ámbito económico se calcula que la crisis causada por la pandemia será la peor desde la Gran Depresión. De acuerdo con la ONU, hoy a causa de la pandemia, el 81 por ciento de la fuerza laboral mundial se encuentra en paro parcial o total, provocando con ello la desaceleración económica. Y a causa de la crisis que se viene, la Organización Internacional del Trabajo calcula que cerca de 25 millones de empleos se perderán en todo el mundo.

Todos estos acontecimientos provocarán un cambio en la geopolítica mundial. En el ámbito internacional, tras el Brexit y la guerra comercial entre China y los Estados Unidos, veníamos de la desaceleración de la globalización y de un aumento del proteccionismo comercial. A lo que se sumaba una crisis mundial de migración, a lo cual algunos países europeos habían cerrado sus fronteras.

Sin embargo, ante esta emergencia sanitaria mundial, con los servicios de salud desbordados y frente a la recesión económica que se viene, tenemos la oportunidad de cambiar las cosas y de darle un giro a la forma de ver el mundo y de relacionarnos: es tiempo de globalizar la solidaridad.

La historia de la humanidad nos ha demostrado que las crisis pueden ser cimiento para grandes transformaciones. En 1859, tras una batalla de Solferino entre el ejército austriaco y el francés, se habían refugiado más de 9 mil heridos en la aldea de Castiglione. En esa localidad el empresario Henry Dunant, al ver cómo los heridos quedaban desatendidos y morían, intentó ayudar a las mujeres de los pueblos vecinos a atender a los soldados sin distinción de nacionalidad. Pero la gente no estaba capacitada para ello, por lo que no era mucho lo que podían hacer.

Tiempo después, movido por esta experiencia, Dunant junto con otros grandes filántropos de la época, impulsaron la creación de la Cruz Roja con el fin de asistir a los heridos de cualquier país en tiempos de guerra. A su vez, buscando que existiera un principio internacional “convencional y sagrado” para garantizar el socorro de los heridos, promovieron los Convenios de Ginebra que a la postre serían la piedra angular del derecho humanitario.

Por su parte, la Segunda Guerra Mundial ha sido sin duda uno de los conflictos más terribles en la historia de la humanidad. Durante esta guerra se dio una de las mayores pérdidas de vidas civiles de la historia; la Alemania nazi creó los campos de concentración y promovió el genocidio, y se realizaron bombardeos aéreos masivos y la utilización de bombas nucleares en contra de civiles.

Pero tras esta guerra se fundó la Organización de las Naciones Unidas (ONU), institución creada para mantener la paz y seguridad internacionales, para fomentar las relaciones de amistad entre las naciones y lograr la cooperación internacional. A su vez, con la creación de la ONU, se impulsó también la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hoy pieza clave del derecho internacional.

Adicionalmente, la pacificación y reconciliación de Europa llegó de la mano de grandes políticos humanistas como Alcide de Gasperi, Konrad Adenauer y Robert Schuman. A partir de 1945 la opción demócrata cristiana recibió el respaldo electoral mayoritario en las grandes potencias como Francia, Alemania e Italia, lo mismo que en Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Irlanda y Austria.

Estos liderazgos visionarios fueron capaces de cambiar el paradigma e impulsar una visión solidaria, dejando de lado los intereses partidistas, con el fin de superar los estragos de la guerra, consolidar la democracia y asegurar la paz. Por ello, el 2 de mayo de 1950, cuando Konrad Adenauer recibió la propuesta de Robert Schuman para crear la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), organismo que abriría la puerta para la reconciliación entre Alemania y Francia y a la unidad europea, respondió: “le digo que sí, con todo mi corazón”.

Como bien sostuvo Robert Schuman en la declaración del 9 de mayo de 1950, cuando se creaba la CECA: “la paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan”. E igualmente visionarias fueron sus palabras cuando afirmó que Europa no se haría de una vez ni en una obra de conjunto, sino que se haría gracias a realizaciones concretas, que crearan en primer lugar “una solidaridad de hecho”. Y fue así, en un proceso largo y de hechos concretos, que se consolidó la Unión Europea en un espíritu de colaboración y de solidaridad.

Hoy la pandemia ha traído tiempos difíciles y un gran reto por superar. Pero es también la oportunidad de dar un rostro más humano al mundo. Es momento de ser visionarios y pragmáticos para encontrar soluciones y promover nuevas instituciones. No es tiempo de dividir y polarizar entre ricos y pobres, o liberales y conservadores como lo hace el Gobierno federal, sino de impulsar la unidad y el principio de la responsabilidad humana. Es tiempo de colaboración y de solidaridad.

 

Marco Antonio Adame Castillo es Vicepresidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados en la LXIV Legislatura. Twitter: @MarcoAdame

 

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