Futuro sombrío en Gran Bretaña
Publicada el Vie, Jun 16, 2017

Por Miguel Ángel López Lozano.

Después de una semana trágica en la que la barbarie terrorista ha vuelto a golpear el corazón de Londres, teníamos la esperanza en que las elecciones del pasado 8 de junio dieran lugar a un gobierno fuerte y capaz de enfrentarse a los problemas más acuciantes para los británicos: el terrorismo y el Brexit. Pero lamentablemente el resultado muestra un escenario de incertidumbre que dará lugar a un gobierno de enorme fragilidad. Theresa May necesita los 10 diputados del Partido Unionista Democrático (DUP) de Irlanda del Norte para gobernar en minoría, una minoría cuyo último experimento que recuerda el Reino Unido data del año 1974, y únicamente duró ocho meses. Pésimo mensaje para el terrorismo internacional.

Poco a poco, la ventaja con la que partían los conservadores antes de la campaña electoral se fue diluyendo hasta caer a una mínima expresión de dos puntos porcentuales (42 por ciento a 40). Estrecho margen que, gracias a la representación parlamentaria y a la espera de confirmar el último diputado en disputa, daría el siguiente reparto: los Conservadores contarían con 318 diputados, los laboristas de Jeremy Corbyn abrían alcanzado los 261 diputados, el Partido Liberal Demócrata obtuvo un 7 por ciento y el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) desaparece prácticamente del mapa con un 2 por ciento. El Partido Verde parece mantener su único escaño, los independentistas escoceses se desinflan y pierden 21 diputados (de 54 a 35), en lo que podría entenderse como un rechazo implícito a un segundo referéndum soberanista. El Partido Liberal-Demócrata conseguiría una leve mejoría pasando de 9 a 12 diputados. Y finalmente, a pesar de haber alcanzado únicamente 10 diputados, el Partido Unionista Democrático (DUP) se perfila como partido bisagra capaz de garantizar una mínima estabilidad al previsible gobierno de Theresa May para formar un gobierno de difícil estabilidad.

La Cámara de los Comunes consta de 650 escaños, fijando por tanto la mayoría absoluta en los 326 diputados, por lo que en estas elecciones se ha alcanzado lo que en Gran Bretaña se denomina hung parliament (parlamento colgado), es decir, aquel en el que ningún partido puede gobernar en solitario. Como hemos dicho, a falta de un escaño por decidir, los tories han logrado 318 representantes en la Cámara de los Comunes, con lo que se quedan a ocho asientos de la mayoría necesaria para gobernar en solitario. Una mayoría que previsiblemente alcancen gracias a los 10 diputados que han obtenido los unionistas norirlandeses.

Ante semejante resultado, surge primariamente la siguiente reflexión: gravísimo error de cálculo estratégico de Theresa May, quién pretendía adquirir en las urnas una tripe legitimidad, la legitimidad necesaria para liderar la traumática salida de Reino Unido de la Unión Europea (Brexit), la legitimidad para liderar un partido que la cuestiona por activa y por pasiva, y la legitimidad democrática que te conceden las urnas a la hora de dirigir un país de las dimensiones histórico-políticas como Reino Unido.

Desgraciadamente, dicha legitimidad no se ve reforzada a la perfección con motivo del resultado electoral, y con motivo de ello, la oposición se ha lanzado rápidamente a pedir su cabeza tras las primeras horas del conteo, al entender que los británicos que votaron Si al Brexit le han retirado su apoyo a la hora de llevar a cabo dicha demanda de rompimiento.

Pero a la vez, surge una segunda reflexión aún más inquietante: este no es el resultado deseado ante una amenaza terrorista de las dimensiones a las que nos estamos enfrentando. Reino Unido, Europa y la civilización occidental deben demostrar una posición única y fuerte ante la continua amenaza del terrorismo islamista representado en el DAESH.

El pasado 3 de junio comprobamos una vez más la facilidad con la que los terroristas nos golpean indiscriminadamente sin piedad, tras sufrir un lavado de cerebro vía redes sociales o Imán fundamentalista. Por las imágenes que hemos podido visualizar, hemos podido comprobar la frialdad con la que pueden asesinar indiscriminadamente a cualquier ciudadano que esté a su alrededor, aprovechando los resortes del Estado de Derecho. Tal y como decía la candidata Theresa May a pocas horas de los atentados: “existe demasiada tolerancia con el extremismo”. Pero para llevar a cabo las medidas necesarias que refuercen la seguridad, es necesario contar con un gobierno fuerte que tenga plenos poderes para actuar y tomar medidas que en algunos casos pueden ser impopulares. De ahí la inquietud de cara a la reacción británica ante los desafíos inminentes.

Aún es pronto para conocer el devenir del gobierno británico, pero si hay una cosa que tenemos clara: una de las democracias más consolidadas del mundo sabrá sobreponerse ante este revés y esta amenaza con la ayuda de todos y bajo el buen augurio de uno de sus compatriotas, el también británico J.R.R Tolkien: “Incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un nuevo día. Y cuando el Sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llenan el corazón…”