Estado de emergencia
Publicada el Jue, Abr 23, 2020

Por Javier Brown César.

Los grandes desastres naturales, las pandemias y fenómenos globales como el cambio climático ponen a prueba las capacidades de los Estados Nacionales para ofrecer respuestas puntuales, desarrollar planes específicos y llevar a cabo medidas de política pública que tengan como principal eje de su acción a las personas, sus familias y sus negocios.

Desde que se configuraron los grandes Estados Nacionales se dio un pacto implícito por el que la ciudadanía cedió a los gobiernos la capacidad de respuesta ante grandes asuntos de la agenda nacional en temas como el desarrollo económico, la mejora de los sistemas educativos y la calidad en materia de salud pública.

Durante el siglo XX, los Estados se expandieron de manera considerable, aumentando su aparato burocrático, a la par que generaban una oferta cada vez mayor de bienes y servicios públicos. El fuerte crecimiento del Estado vulneró inclusive el principio de subsidiariedad al arrogarse funciones que antes realizaba la sociedad civil, como la asistencia pública, la educación y la atención a sectores vulnerables. Este crecimiento llevó a la generación de expectativas crecientes con respecto a la capacidad de los gobiernos para ofrecer bienes y servicios de calidad, con cobertura universal y resultados satisfactorios para la ciudadanía.

La crisis fiscal que tuvo lugar después de los treinta años gloriosos que comenzaron al terminar la Segunda Guerra Mundial, con un fuerte crecimiento económico, llevó a la reducción de los aparatos estatales y a la transferencia de riesgos, antes asumidos por los Estados, a las personas. Así, costos que antes eran públicos se transfirieron al sector privado, siendo el ejemplo más visible el de la seguridad.

El argumento central de Thomas Hobbes según el cual el pacto original que termina la guerra de todos contra todos implicaba una cesión de poder a una autoridad superior, se colapsó cuando la nación más poderosa del planeta no pudo evitar el atentado del 11 de septiembre, en su propio territorio, con elevados costos en términos de vidas humanas. El día que cayeron las Torres Gemelas en Manhattan se vino por tierra la justificación del Estado como un garante de la seguridad de las personas y protector de sus vidas y sus propiedades.

Hoy el Estado demanda una nueva legitimación que debe venir de su capacidad institucional y compromiso puntual con el bien común. El Estado actual, de basar su actuación en las leyes y garantizar que la ley se aplique por igual para todos (isonomía), debe ser un eficaz promotor de la unidad nacional, por encima de las diferencias particulares, regla que vale aún más en situaciones de crisis o emergencia. Por ello, en los Principios de Doctrina de 1939 se afirmaba que un Estado desordenado e injusto es el que promueve la “división violenta de la unidad nacional por la lucha de clases, castas o parcialidades”. La unidad no admite excepciones, ni discriminaciones, es un ideal superior de actuación armónica de autoridades y sociedad civil. De ahí que: “Cuanto conspire a romper esa unidad, a deformar su carácter o a desquiciar esos intereses, ha de ser rechazado y combatido por todos”.

Ante el estado de emergencia, la respuesta de los gobiernos debe ser responsable, oportuna, incluyente. Las ideas que Manuel Gómez Morin vertió en su ensayo 1915 son particularmente pertinentes para articular una acción política con efectos positivos en las vidas de las personas.

Gómez Morin comenzaba su ensayo destacando el estado de confusión en que se encontraba México: “infortunadamente no solamente han existido obscuridad intelectual y desorientación política. También son parte de esos años un terrible desenfreno y una grave corrupción moral”. Confusión en la que mutuamente se nutrían la ignorancia de muchas personas y las pretensiones de los caudillos en turno: “La ignorancia de las masas les impedía ver lo que llamamos amplio horizonte del propósito; pero su generoso impulso superaba la pobreza del programa declarado. Del caudillo no podían entender más que la incitación inmediata”.

Ante esta situación el fundador del PAN hacía un llamado a su generación con base en un criterio y un método para la acción política. El criterio para la acción era el dolor: “no el dolor que viene de Dios, no el dolor que viene de una fuente inevitable, sino el dolor que unos hombres causamos a otros hombres, el dolor que originan nuestra voluntad o nuestra ineficacia para hacer una nueva y mejor organización de las cosas humanas. Todo lo demás es discutible e incierto”.

El método propuesto por Gómez Morin oponía la técnica a cualquier otro imperativo para la acción. La técnica (en griego teckhe) debe oponerse a la suerte (en griego tyche). La técnica no equivale a ciencia, pero la supone, ya que subordina los afanes científicos a imperativos morales. En momentos de emergencia, entonces la ciencia está al servicio de fines superiores como la salud y la vida de las personas, se convierte así en instrumento de salvación y no en mero aparato burocrático y menos aún en un instrumento faccioso con fines propagandísticos.

Ante las grandes emergencias, la unión virtuosa de conocimiento de la realidad, propósitos claros y procedimientos con el dominio de los medios de acción configuran lo que Gómez Morin llamó técnica: “Íntima unión de realidad, propósito y procedimiento, de manera que en un solo acto espiritual el propósito elegido ilustre el conocimiento de la realidad, el conocimiento determine la elección del propósito y conocimiento e ideal entreguen los medios que deben utilizarse, determinen e impongan la acción, esto es lo que podemos entender usando la palabra técnica”.

Ante el estado de emergencia el Estado debe recuperar su función principal de servicio incondicional a las personas, en caso contrario ya no se justificaría como forma superior de organización política: “Sólo un Estado que sea verdaderamente nacional… puede tener la necesaria plenitud de autoridad, sin ser tiránico; ejercer ampliamente sus facultades de gestión, sin ser opresor, y cumplir su inexcusable deber de justicia, sin ser subversivo”.

 

Twitter: @JavierBrownC

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