El Tren Maya: el capricho del presidente
Publicada el Mar, Jun 23, 2020

Por Alan Ávila Magos.

Es normal que un presidente construya obras de infraestructura como símbolo trascendente de su gobierno. Salinas construyó la autopista del Sol y Zedillo la Siglo XXI; Fox la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, y Calderón la carretera que conecta a Durango con Mazatlán; y Peña, el polémico Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAIM).

Que López Obrador pretenda hacer lo mismo no es lo relevante, sino que sus obras son cuestionadas por expertos en distintas áreas, al grado de ser consideradas más bien caprichos: el Aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya. Es a este último al que dedicaré estas líneas.

A primera impresión, el Tren Maya pareciera un proyecto noble, coherente con el sexto país más visitado del mundo, en donde el turismo representa el 8.7 por ciento del PIB. Si bien cualquier proyecto debe ser analizado desde muchísimas aristas, me enfocaré muy brevemente en dos aspectos absolutamente técnicos de por qué el Tren Maya no debe construirse, y cerraré con dos motivos administrativos fundamentales para la cancelación del mismo.

Primer punto: el ambiental. Quizá el más preocupante de todos. El Tren Maya recorrerá alrededor de mil 500 kilómetros, cruzando cinco estados de la República, dentro de ellos, la Selva Maya, el segundo bosque tropical más extenso de América, superado únicamente por la Amazonia.

El Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A.C. ha manifestado su preocupación por el impacto ambiental negativo del Tren Maya: fragmentación del territorio, pues, entre otras áreas ambientalmente importantes, afectará a 23 Áreas Naturales Protegidas, entre ellas las Reservas de la Biosfera de Sian Kaan y Calakmul; agotamiento y contaminación del acuífero de la Península de Yucatán; deforestación, pues según datos del INEGI, el 71 por ciento de la superficie (2 mil 578 hectáreas) que será devastada, corresponde a selvas húmedas y secas; la extinción de flora y fauna, muchas de ellas catalogadas como amenazadas, sujetas a protección especial o en peligro de extinción; incremento de generación de residuos sólidos, pues muchos municipios de la zona carecen de recolección de residuos, y generación de ruido, afectando severamente la cueva El Volcán de los Murciélagos, una de las colonias más grandes de murciélagos del sureste mexicano.

Segundo punto: el económico. Gabriel Quadri en el libro El Naufragio de México en su ensayo “Medio Ambiente, regresión histórica”, argumenta con bastante detalle por qué el Tren Maya es económicamente insostenible. Su costo ascendería a 600 mil millones de pesos, por lo que para hacerlo sostenible necesitaría de alrededor de 30 millones de pasajeros al año, durante 20 años, pagando un boleto de mil pesos (actualmente Cancún y la Riviera Maya reciben alrededor de 13 millones de visitantes al año).

Administrativamente el proyecto no debe continuar: primero, por la emergencia sanitaria y económica provocada por el COVID-19, así como la crisis de seguridad que no cesa, se necesita que los recursos se destinen en lo urgente; segundo, la opacidad ha sido la protagonista del Tren Maya, pues entre adjudicaciones directas y no ser públicos ni el Proyecto Ejecutivo ni la Manifestación de Impacto Ambiental, un proyecto de tal magnitud no puede construirse con tantas omisiones técnicas y legales. Quizás por eso urgía el banderazo del Tren, pues ante la pandemia los procesos de solicitud de transparencia han sido suspendidos.

 

Alan D. Ávila Magos es Secretario Nacional de Acción Juvenil.

Twitter: @AlanAvilaMagos

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