El tercer asesinato, el dilema de la defensa del culpable
Publicada el Jue, May 24, 2018

Por Mabel Salinas.

Seguramente quienes sienten inclinación por el derecho, por el estudio de las leyes, eligen su profesión a partir de un compás, una brújula social con connotaciones morales; probablemente desean trabajar en favor de la impartición de justicia, la defensa de los vulnerables, la encarcelación de los culpables. Sin embargo, nuestro mundo no es un lugar de blancos y negros, estamos rodeados por áreas grises donde a veces la separación entre el bien y el mal está plagada de matices, de dudas que fomentan debates filosóficos, sociológicos o antropológicos en torno al ser humano. ¿Y por qué reflexiono en torno a esto, se preguntarán? Porque el filme número 16 en la carrera de Hirokazu Koreeda como director plantea este cuestionamiento al confrontar a dos hombres en lados opuestos de la ley.

En la escena de apertura Misumi (Kôji Yakusho) golpea a un individuo desconocido en la cabeza y le prende fuego. Acto seguido se encuentra preso y a punto de conocer a uno de sus nuevos abogados: Shigemori (Masaharu Fukuyama). El meollo del asunto es que, como el hábil artífice que es, Koreeda juega con las motivaciones del asesino –si es que en verdad lo es– y hasta con su misma inocencia y culpabilidad. A lo largo de la cinta pone en entredicho si aquello que vimos con nuestros propios ojos fue real o si acaso nuestra convicción de culpabilidad se deriva de nuestros propios prejuicios sociales. Verán, el cineasta va dosificando la información del caso a la par que Shigemori hace nuevos descubrimientos o se topa con nuevas interrogantes, por lo que avanzamos junto con él en el análisis de los hechos.

Pero el también guionista complejiza los hechos, pues en un principio, a partir de la conversación del trío de abogados, se postulan dos sucesos que hacen de Misumi un hombre poco confiable. El primero es que ya había estado en la cárcel anteriormente por haber matado a un hombre (ahora se le responsabiliza de aniquilar al presidente de la fábrica donde trabajaba, quien le dio una oportunidad de reinserción social a cambio de un sueldo limitado). El segundo oscila en torno a que, como en la ocasión anterior, el sospechoso ha cambiado constantemente sus declaraciones, proceder que pone en entredicho su credibilidad. Es aquí donde el realizador juega con nuestros prejuicios. Ante nuestros ojos, ¿Misumi es culpable o inocente?

Pero el director va más allá. A través de una combinación entre el drama y el suspenso, Koreeda entreteje varias capas temáticas. Por un lado, presenta el mito de la reinserción social. Cuando una persona sale de la cárcel y se reintegra a la sociedad le queda un resquicio, un estigma de culpabilidad; cuando las cosas salen mal es más sencillo dudar de su inocencia que de su responsabilidad. Por otro, a través de la fiscal, se cuestiona a Shigemori, quien durante el cumplimiento de su trabajo defiende a presuntos delincuentes y se esfuerza porque eludan las sanciones impuestas por la sociedad a la que pertenecen, les “incita” que no paguen consecuencias por sus actos; no obstante, semejante acusación pone en conflicto al protagonista, quien, por ende, realmente se concentra en desentrañar los misterios en torno al parco Misumi y lo que ocurrió aquella noche.

A partir de estos dilemas éticos que atañen a todo hombre de derecho –la posibilidad de contribuir a la liberación de un asesino y tal vez cargar con un nuevo asesinato en la conciencia en el futuro, o la responsabilidad de afectar una vida cuando una persona inocente termina confinada tras la rejas–, Koreeda barajea ambos escenarios con sofisticación y cadencia, e incluso aprovecha para adentrarse en una preocupación personal que ha abordado en otros filmes como De tal padre, tal hijo, Hana, Still Walking o más recientemente en Tras la tormenta. En El tercer asesinato pone la luz sobre aquellos pequeños momentos que desgastan la relación entre un padre y su hija, las desconexiones y el dolor emanado del distanciamiento afectivo, a partir de tres ejemplos concretos: el del abogado, el acusado y la víctima. De este modo, con Koreeda una historia de crimen no podía quedarse sólo en eso; es más bien un tratado sobre la inocencia, la culpa, el prejuicio social y las relaciones parentales.

Mabel Salinas es Directora Editorial de enlaButaca.com y colaboradora de Cine Premiere.

@mabsalinas @EnLaButaca

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