El proceso electoral que termina hizo visible la necesidad de urgentes reformas
Publicada el Lun, Jun 18, 2018

Por María Elena Álvarez Bernal.

El sistema político mexicano fue un modelo sin precedentes al que muchos estudiosos analizaron con interés, por su capacidad para mantenerse en el poder por la vía electoral y por realizar, ininterrumpidamente, la renovación de sus gobernantes. Recordemos que desde 1918 hasta el año 2000 se celebraron las elecciones y ganó el mismo parido.

En este sistema, los procesos electorales y sus leyes tuvieron un papel muy importante en el mantenimiento del mismo sistema, eran mecanismos complementarios para conservar la operación interna de la fuerza gobernante. Además, estuvo apoyado por múltiples soportes como el control gubernamental de los comicios, la clausura de un verdadero sistema de partidos, la falta de canales adecuados para la representación de las oposiciones, la indefensión legal cuando ésta se inició, y la ausencia de apoyos de financiamiento y de prerrogativas a los partidos políticos distintos del que salió de la Revolución. Estas condiciones garantizaban que los que no pertenecieran al partido oficial no tendrían alternativas competitivas, quien quisiera hacer carrera política sólo podría hacerla dentro de ese partido. La clave de la estabilidad se apoyó en la ausencia de partidos competitivos y la inexistencia de reglas electorales abiertas.

Con la creación del Partido Nacional Revolucionario hasta 1946 las elecciones fueron exclusivas para que participaran los políticos activos que habían luchado en la Revolución Mexicana. Sin embargo, empezaron a organizarse al margen del de la Revolución partidos “gremiales” como el Demócrata Mexicano y el Popular.

En 1939, surgió el Partido Acción Nacional, no como un partido gremial, pues invitó a sus filas a toda la ciudadanía, con el propósito de oponerse al gobierno de la Revolución Mexicana. La sociedad de esa época todavía no era consciente de la necesidad de un contrapeso real al del gobierno, por lo que el primer propósito del PAN fue formar la conciencia de los ciudadanos y al mismo tiempo emprender un programa democrático que incluía reformas de fondo a las leyes y a los procesos electorales, hasta llegar a la creación de IFE, ahora INE.

Actualmente, tenemos una gama de partidos de los cuales no todos se crearon para postular principios que no estuvieran representados en los ya existentes, sino especialmente porque los partidos disponen de atractivos recursos económicos y posibilidades de ocupar cargos públicos bien remunerados. Así se explican coaliciones de partidos que postulan principios que parecían incompatibles. Con tales coaliciones podrán tener acceso al poder que por sí solos no tendrían. Otro de los propósitos es el asegurarse de no perder el registro, el cual tampoco lograrían conservar por si solos.

Pasada la contienda actual se hace necesario revisar la legislación vigente, la cual además del enorme gasto que representa, no es necesaria para cumplir con el propósito de representar a todas las corrientes de opinión, esto podría hacerse con menor número de partidos. Las múltiples alianzas que ahora se hicieron demuestra que no hay principios tan distintos entre ellos.

Se requiere, además, reducir los incentivos económicos a los partidos y a los cargos públicos, ya que con la abundancia que ofrecen presentan envidiables atractivos y la competencia por ellos dificulta su selección adecuada. Esta selección deberá guiarse por el principio de que los cargos de poder son para servir y no para servirse del poder. Se requiere una mayor exigencia en la postulación de candidaturas. Cuando son mujeres, en general si se les exige más, pero la exigencia deberá ser para todos.

El actual proceso electoral deja varias experiencias que habrá que aplicar en reformas electorales que mejoren los procesos. Sobre las candidaturas independientes no parece que a nivel nacional sean adecuadas, podrían darse sólo en lo local.

Al Poder Legislativo le conviene reducir el número de plurinominales y bajar considerablemente el costo que representa para la nación, con la reducción de los sueldos que perciben. El Poder Judicial también requiere una revisión de sus presupuestos, los sueldos no tienen justificación.

La unificación de calendarios parece positiva, conviene revisarla y consolidarla, incluyendo a los municipios.

El resultado de esta elección deberá ser estudiado con toda imparcialidad para sacar las conclusiones que nos permitan tener cada vez mejores leyes electorales.

 

María Elena Álvarez Bernal es Directora del Centro de Estudios para la Mujer Blanca Magrassi y Consejera Nacional del PAN.

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