El principio del fin
Publicada el Jue, Jul 13, 2017

venezuela

 

Por Miguel Ángel López.

Tras mil 236 días encarcelado bajo condiciones inhumanas y sufriendo toda clase de torturas físicas y psíquicas, Leopoldo López, el líder moral de la oposición venezolana, ha sido liberado del yugo carcelero, pero que nadie se lleve a equívocos, Leopoldo López no goza de la libertad que le corresponde, sino que continúa bajo un régimen de arresto domiciliario donde podrá seguir su cautiverio acompañado de su mujer e hijos.

Maduro se equivoca si cree que héroes como Leopoldo se doblegan con tanta facilidad o bajo ilusorias promesas de libertad, seguirá luchando por la libertad de Venezuela desde su domicilio.

El arresto domiciliario (similar al de Antonio Ledezma, alcalde de Caracas) se está convirtiendo en el barniz con el que el Maduro trata de dulcificar las privaciones de libertad a las que condena a todo aquel que disiente de su régimen fraudulento. La condena de Leopoldo López a 14 años de cárcel, fruto de un sistema judicial capcioso, es el caso más flagrante de acoso y derribo a la oposición política mediante el uso de los resortes del Estado, pero hemos de repetir alto y claro que no se trata del único caso, es el más notorio dado el carisma de Leopoldo, pero no es el único, existen otros 431 pesos políticos en Venezuela.

Por todos ellos se han llegado a movilizar hasta 27 exjefes de Estado y de Gobierno de países iberoamericanos, firmando la denominada Declaración de Caracas, en la que denunciaron el imparable deterioro de las garantías democráticas y los Derechos Humanos en Venezuela. Pero no se ha tratado del único movimiento de carácter internacional, recientemente tras la petición del propio Papa Francisco, el mismísimo Secretario de Estado Vaticano, Pietro Parolin, ha pedido elecciones libres en Venezuela.

La liberación de Leopoldo López no se trata de un acto bondadoso de un rival que ha sentido compasión por un semejante, sino de un gesto cara a la galería para ganar tiempo tras una serie de barrabasadas que han levantado a la Comunidad internacional fruto de un avasallamiento sin límites. En los últimos 100 días, desde que comenzara la última revolución pacífica de la oposición en las calles de Venezuela, hemos conocido episodios dantescos difíciles de olvidar: los gritos de Leopoldo desde su cárcel delatando que estaba sufriendo torturas; los represión y asesinatos de más de 90 opositores en las calles por esbirros de la dictadura, muchos de ellos a punta de pistola, sin olvidar los miles de venezolanos que han muerto desde que comenzara la desquiciante aventura con la que Hugo Chávez ha tratado de imponer un modelo caduco que únicamente ha traído pobreza, represión, violencia y falta de libertad a Venezuela, llamado a ser la locomotora del crecimiento en Sudamérica gracias a sus reservas de oro y materias primas.

Maduro ya no sabe qué hacer para aferrarse al poder y debilitar a un parlamento de mayoría opositora, su última ocurrencia ha sido la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente sin la consulta inicial del pueblo. Se trata de la última tropelía de un dictador que es conocedor de que únicamente cuenta con el apoyo de sus más acérrimos seguidores: fanáticos ideologizados o dependientes de un gobierno corrupto. Las encuestas marcan una tendencia que difícilmente podrá revertir, a pesar de pretender seguir recortando la libertad de los venezolanos. Según la consultora Datanálisis, el 69.1 por ciento de los encuestados rechaza la propuesta del presidente Maduro de instalar una Asamblea para rescribir la carta magna, el 85 por ciento de los venezolanos se opone a modificar su Constitución.

La aparente puesta en libertad de Leopoldo López presumiblemente oculta una doble intención. Por un lado, se trata de una operación de lavado de imagen tras casi 100 días de represión y a las puertas de una Asamblea Constituyente que puede suponer otro varapalo electoral que ahondaría aún más en su principio del fin; por otro lado, se ha entendido como un intento de dividir a la oposición, juagada al más estilo de House Of Cards, sino fuera porque el protagonista de la misma se encuentra a años luz de Francis Underwood.

A pesar de tratarse de una Asamblea Constituyente que busca esquivar el poder parlamentario y perpetuar esta dictadura que agoniza, puede acabar convirtiéndose en la verdadera puntilla de un gobernante que esperemos sea juzgado bajo un reconstituido Estado de Derecho tras finalizar esta pesadilla que parece llegar a su fin por las señales de agotamiento que desprende.

El caos en el que la panacea comunista ha sumido a Venezuela, debería hacernos reflexionar ante las falsas pretensiones mesiánicas de estas ideologías caducas. Por desgracia, el ser humano tiende a chocar contra la misma piedra una y otra vez, de ahí la importancia de la pedagogía cultural y la formación de los más jóvenes con una educación de calidad apegada a la Verdad.

 

Miguel Ángel López, es analista político.

@malopezlozano

 

 

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