El PAN y el nuevo gobierno
Publicada el Mar, Dic 11, 2018

 Por Marco Antonio Adame Castillo.

 El primero de diciembre con la rendición de protesta del hoy presidente, Andrés Manuel López Obrador, dio inicio una nueva etapa de la vida institucional y política de México. Una etapa que está obligada a responder a un llamado democrático de cambio, surgido de la voluntad popular en medio de un hartazgo por excesos de la clase política, de la corrupción, la inseguridad, ante la falta de resultados y de oportunidades.

La mayoría de votos se inclinó por una alternativa que prometía algo más que un cambio de actores; ofrecía un cambio democrático de sistema y de la situación en que vivimos. Los ciudadanos con su voto exigieron acabar con la violencia e inseguridad, con la corrupción, las injusticias y la desigualdad; reclamaron un gobierno transparente, desarrollo, más oportunidades, educación, salud y crecimiento económico.

Para lograr ese cambio es necesario que el nuevo gobierno construya democráticamente los acuerdos que el país necesita, lo cual implica el reconocimiento de las diferencias y de la pluralidad mexicana. Bajo ninguna circunstancia supone la división o polarización, ni imposiciones a fuerza de la mayoría sin respeto a las minorías. Si triunfa la cerrazón y la soberbia, los personeros de la nueva mayoría vencerán, pero no convencerán -como decía Unamuno- y el desencanto será un riesgo peligroso.

El PAN no se opone al cambio, al contrario, lo hemos impulsado a lo largo de nuestra historia cuando hemos sido gobierno y cuando hemos sido oposición. Deseamos, al igual que el sentir general de los mexicanos, que al país le vaya bien. Creemos que ese cambio tan anhelado es posible si participamos todos. Y sabemos que la verdadera transformación no puede surgir de una visión maniquea de la historia pues, como decía Carlos Castillo Peraza, “la política no es una lucha de ángeles contra demonios, sino que debe partir del fundamento de que nuestro adversario político es un ser humano”.

No obstante, nos preocupa que ya como presidente, Andrés Manuel López Obrador, continúe con la estrategia de descalificar a quien piense diferente y que haga de la lucha de clases su método de transformación, enfrentando a los mexicanos entre ricos y pobres, obreros y empresarios, liberales y conservadores, y que utilice al “pueblo” como ariete para justificar sus ocurrencias.

Preocupa su insistencia por una solución militar al problema de la inseguridad, contrario a lo que prometió en campaña cuando propuso pacificar el país mediante la atención a las causas de la violencia. Dejar la seguridad pública a una institución que no fue creada para esto, sometería a un desgaste indebido a las fuerzas armadas, y se correría el riesgo de que se incurra en el uso desmedido de la fuerza y se atente en contra de los derechos humanos de los ciudadanos.

Preocupa su negativa a perseguir a los corruptos, aún y cuando las leyes lo obligan a ello. Según el doctor Edgardo Buscaglia, el problema de inseguridad en México se debe en gran parte a que la delincuencia organizada ha permeado el Estado, por lo que no se le puede combatir con fuerzas armadas; sino a través de una “unidad antimafia” independiente, que persiga no sólo a los capos del crimen sino también a los políticos corruptos, pseudo-empresarios y otros implicados. Desde esta perspectiva, la impunidad de los corruptos sólo favorecerá al crimen organizado y a la violencia.

Preocupa la decisión de establecer a los “súper delegados”, que más que operadores de programas sociales son agentes de una estrategia que pareciera más bien de centralización, control político y posicionamiento de sus futuros candidatos. Y que, a su vez, amenacen con quitar poderes a los estados que manifiesten su inconformidad.

Y preocupa que se gobierne mediante ocurrencias, las cuales han generado incertidumbre económica, fugas de capital, caídas en la Bolsa y en los rendimientos de las AFORES, así como la depreciación del peso. Preocupan las consultas a modo para legitimar decisiones autoritarias que no respetan la Constitución ni las leyes. Y que, aunque el presidente afirme que “al margen de la ley nada y por encima de la ley nadie”, busque adecuar las leyes a las personas o a capricho como la “Ley Taibo”.

Ante este escenario los panistas debemos recordar las palabras de don Luis H. Álvarez, quien afirmó que “sólo podremos cambiar para bien y ser factor de cambio si sabemos quiénes somos, qué somos y qué queremos. Todo lo que venga de fuera puede ser bueno o malo, pero ni siquiera seremos capaces de juzgarlo desde la ignorancia o el mal conocimiento de nuestro propio ser o desde la carencia del proyecto de partido y de nación genuinamente nuestros”.

El PAN se fundó siendo oposición frente un gobierno autoritario y a lo largo de nuestra historia, con base en los principios, bases doctrinarias y con vocación de ser instrumento de los ciudadanos y de las causas de la sociedad civil, hemos sabido ser un partido de oposición. Hoy, no sólo somos la primera fuerza de oposición en las Cámaras, sino que más de 12.5 millones de mexicanos votaron por nosotros, somos gobierno en 12 de las 32 entidades federativas, así como en 470 municipios y debemos saber responderles.

Sabemos que lo que está en juego trasciende a quién está en el poder; se trata, como decía José González Torres, “de los destinos de la patria común a todos los mexicanos”. El PAN será un partido en favor de la unidad nacional, que comprenda que, aunque tengamos historias y contextos diferentes, los mexicanos tenemos las mismas esperanzas para el futuro de México.

Consecuentes con nuestra vocación de servicio al bien común, nuestro propósito será colaborar a construir, como decía Maquío, “el México que todavía puede y debe de ser, y sabemos que el México de nuestros ideales es posible y que está a la mano”. Por lo que seremos una oposición responsable y dialogante, firme en nuestros principios y doctrina, firme frente al autoritarismo y al centralismo. Defenderemos el Estado de Derecho, la democracia y sus instituciones, los derechos humanos y las libertades, la división de poderes y velaremos siempre por el bien común y la dignidad humana.

 

Marco Antonio Adame Castillo es Vicepresidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados en la LXIV Legislatura. Twitter: @MarcoAdame

Comentarios

comentarios